Tanto en Tarapacá como en el resto del país y el mundo, el electorado de la izquierda (o de la centro-izquierda como algunos insisten en llamarlo) está por primera vez, desde la vuelta de la democracia, en una abierta disputa.

Dos coaliciones, la Nueva Mayoría y el Frente Amplio, dicen ser los representantes legítimos de esta tendencia política y sus aspiraciones de mayor igualdad y libertad. Ambas, además, han demostrado tener una base considerable de apoyo y han perfilado una disputa de orientaciones de la izquierda que son muy distintas entre sí.

La región es la zona más golpeada por la acidez de la política de la transición. Las grandes empresas, han sabido manejar muy bien los hilos del anfiteatro de marionetas, en el que se ha convertido el escenario político y han modelado un desarrollo regional que consagra privilegios y sacrifica a la región.

Como telón de fondo, nos encontramos la gran mayoría de nortinos y nortinas, encarnando una orfandad política que consagra un alejamiento respecto al proceso electoral. Esta ruptura supone la imposibilidad de ver representados nuestros intereses en aquella oferta política que está más preocupada de ofrecer “mujerazos”, autoproclamarse como gigantes o diagramar un discurso populista vacío de coherencia política, que de ofrecer reflexiones profundas para mejorar la calidad de vida.

En este escenario, cabe la posibilidad de pensar por qué Tarapacá se proyecta cómo el epicentro de la crisis de representación de la política, donde quedan al desnudo las profundas contradicciones de su desarrollo.

La dicotomía es sumamente clara. Mientras hay un déficit de más de once mil casas y comités de vivienda que llevan años esperando solución, la gran minería no tarda ni dos meses en apropiarse de grandes hectáreas de terreno para instalar muelles y termoeléctricas. Donde el agua puede viajar del mar a la cordillera en grandes proyectos mineros, pero no es posible instalar un alcantarillado para las miles de familias que habitan el borde costero. Donde se utiliza el concepto de emprendimiento como máxima de éxito laboral, escondiendo en el relato el profundo desempleo que hay en la región y el endeudamiento sistemático de nuestra clase media.

Donde se ha empujado a nuestra juventud a cargar una pesada mochila de eternos créditos bancarios para poder estudiar, mientras se precariza sistemáticamente la educación pública, transformando a las universidades del Estado en olvidadas trincheras de un saber mercantilizado y a las universidades privadas en instituciones privilegiadas en el trato y financiamiento. Donde sus habitantes no podemos siquiera decidir sobre el destino de nuestra región si queremos o no proyectos de alto impacto en nuestras costas y pampa. Como por ejemplo, cuando rechazamos la termoeléctrica Pacífico y la política centralista definió lejos de Tarapacá aprobar el proyecto; un sin fin de cadenas y encadenados.

En este escenario, la Nueva Mayoría se vuelve a vender como progresista, como si los últimos cuatro años de reformas hechas a medida del empresariado, no hubieran ocurrido y los privilegios construidos por ellos no existiesen.

Se presentan como reformistas que quieren ponerle fin a las AFP y que están contra la devastación que realizan las grandes mineras, pesqueras e inmobiliarias sobre el medioambiente y patrimonio regional.

Toda una retórica que alimenta una confusión generalizada en el electorado. No obstante, en estos años a cargo de los asuntos públicos de la región y el país, han hecho todo lo contrario y eso se les nota.

La abstención comunista ante el reajuste del sector público y su rol en la desmovilización de los trabajadores. El protagonismo del Partido por la Democracia (PPD) en la mercantilización y privatización de nuestros derechos como la educación, o su relación con SQM donde la minera de Ponce Lerou era “militante” del partido. Las millonarias inversiones del Partido Socialista en SQM y en transnacionales con el patrimonio del partido que fue construido con el sudor de sus trabajadores. O el concubinato entre el candidato radical Patricio Martínez y la minera Paguanta, defendiéndola a toda costa, mientras ahora acude a discursos ambientalistas y contra los grupos económicos cuando fue prácticamente un escudero del extractivismo minero.

Estas prácticas dan cuenta de un comportamiento concreto: el alejamiento de su política de los intereses de las grandes mayorías trabajadoras de nuestra región, cuestión que ha caracterizado su actuar colectivo al momento de tomar las decisiones claves para el desarrollo de Tarapacá.

Enfrentamos, sin duda, una crisis de incidencia de la izquierda tarapaqueña. Con la renuncia de sus sectores tradicionales a enfrentarse al neoliberalismo y diluirse en la Nueva Mayoria, lo que se proyecta es un vacío político que urge atender. Y para eso ponemos a disposición al Frente Amplio en la región, que a pesar de ser un esfuerzo en formación, ha demostrado ser un proyecto mucho más coherente que la Nueva Mayoría y con menos ambigüedades a la hora de discutir sobre temas sensibles para la comunidad.

Después de recorrer gran parte de nuestras comunas y observar el devenir de las distintas realidades de grupos organizados y del estado actual de la población tarapaqueña, se comprueba un elemento interesante para este 19 de noviembre: votar por la Nueva Mayoría no representa, necesariamente, un voto contra la derecha. Lo que es peor, sería una acción que impediría rearticular un proyecto político que incida con autonomía desde las distintas formas de conflictividad social que han emergido en la región, sin cooptarlas, ni desarticularlas para precisamente, enfrentar sin matices al proyecto de derecha. Es decir, votar por la Nueva Mayoría en la región le hace el juego a la derecha, porque impide la constitución de una vía distinta al neoliberalismo.

En definitiva, para quien tiene vocación transformadora y por ende hambre de porvenir, votar por la Nueva Mayoría es un voto nostálgico, no de futuro. Es un voto cómodo y sin radicalidad. Es un voto dentro de los estrechos márgenes neoliberales y por ende, contra el bienestar general de la comunidad en Tarapacá.


Dirigente de la pesca artesanal, candidato a diputado por Izquierda Autónoma