Año a año las y los estudiantes de la Universidad de Chile se han ido acostumbrando a que en el mes de noviembre empiezan las campañas para la Fech. Esta, se caracteriza por lo que podemos llamar un mecanismo de integración algo particular, que funciona casi como un “pentanominal”.

Desde hace ya largo tiempo se ha discutido la posibilidad de reformar los estatutos de la Fech, con la finalidad de mejorar el funcionamiento de la federación, pero también teniendo en cuenta la falta de apertura que esta ha tenido hacia las y los estudiantes que la conforman. Esta posibilidad se intentó concretar a través de una secretaría de democratización y distintas comisiones de estatutos, las que no funcionaron debido a las poca voluntad que ha existido por parte de muchas organizaciones políticas de impulsar está discusión.

La Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, fundada entre 1906 y 1907, ha sido durante más de un siglo uno de los principales actores sociales del país. En dictadura fue clausurada y reemplazada por un órgano ilegítimo servil al régimen, para luego ser reactivada durante los ’80. Hoy, su mesa directiva que cuenta con cinco cargos se conforma con un sistema de mesa integrada, este sistema suele tener como consecuencia una directiva sin mucha voluntad de trabajar de manera conjunta, pues cada uno de los cinco cargos pertenece a listas distintas, de manera que la Fech termina no siendo un espacio de representación democrática, sino que más bien un espacio burocratizado y a ratos poco útil a la organización. A partir de esta estructura, se derivan otra serie de consecuencias que creemos necesario subsanar.

Por un lado, el sistema de mesa integrada hace que la tónica sea que cada lista integre una sola persona en la directiva, lo cual implica una gran dificultad para llevar a cabo proyectos de manera transversal a lo largo del año, ya que el actual sistema fomenta la competencia por sobre la unidad entre organizaciones. Asimismo, obliga a tener una preferencia dentro de la lista, lo cual implica que quienes postulan, a pesar de tener grandes aptitudes para formar parte del proyecto, terminan por ser simples ganchos para arrastrar votos al candidato o candidata preferente, más que aportar en la construcción de un proyecto de federación.

Luego, como la presidencia tiene una fuerte concentración de las atribuciones y herramientas de la directiva, cada vez que una organización o lista dice tener un proyecto nuevo, al mismo tiempo puede ocurrir que no tiene capacidad de aspirar al primer cargo, lo cual significa que escasamente podrán llevar a cabo su proyecto de federación.

Lo anterior, deriva en una serie dinámicas al interior de la estructura Fech que no le permiten a ningún proyecto implementar del todo sus propuestas, ni a la directiva proponer un camino para avanzar en alguna dirección. Sin embargo, la mesa integrada es uno de los tantos problemas que presenta hoy la estructura Fech, existiendo otros relacionados más bien con la falta de reglamentación de las funciones de las secretarías y del pleno de la federación.

Esto es particularmente relevante si entendemos el rol que cumple la federación como una organización para el mundo social y especialmente estudiantil, lo cual nos debe instar a buscar formas de construcción y organización que permitan articular de mejor manera el rol de vocería de la federación.

Desde el proyecto político que represento, creemos que la solución a este problema es urgente y va en la línea de al menos dos aspectos: 1) elección de directiva por mayoría absoluta con primera y segunda vuelta, y 2) profundizar la búsqueda de voluntades para trazar objetivos comunes en el pleno Fech, voluntad que hasta hoy, pocas organizaciones han demostrado. Por tanto, si logramos una presidencia Fech para el 2018, esperamos poder impulsar ese cambio estatutario en el pleno Fech trabajando con las voluntades de los centros de estudiantes, concejeros y concejeras, y la comunidad en su conjunto.