Piñera amenaza la democracia. Previendo su derrota acusa, sin fundamento alguno, que vocales de mesa “marcaron votos” en favor de Alejandro Guillier y Beatriz Sánchez. Su mano derecha, el extremista José Antonio Kast, amplifica esos dichos, acusando directamente de fraude. La irresponsabilidad de Piñera es peligrosa. Hay que votar por Guillier.

El candidato de la derecha está dispuesto a todo con tal de acceder al poder. Se inspira en Machiavelo. Sus peligrosos dichos desestabilizan las instituciones democráticas, al poner en duda la independencia del Servel. Kast lo acompaña con gusto en ese propósito, envalentonado detrás de los militares pinochetistas.

Los procederes oscuros de Sebastián Piñera tienen una larga historia, ligada al dinero: su pasión.  Eso ya lo sabemos. Y, le ha significado enemistades con muchos de sus colegas dedicados a los negocios. Lo que no conocíamos era su disposición a asaltar el poder político, olvidándose de la institucionalidad democrática.  Al empresario, ahora candidato a Presidente, le calza el apotegma de Voltaire: “Los que creen que el dinero lo hace todo, suelen hacer cualquier cosa por dinero”.

Sabemos que Piñera no podrá terminar con el vínculo perverso entre la política y negocios. Porque no quiere y porque su entorno no se lo permite. Y, este es un tema prioritario en la agenda pública de los próximos años. De hecho, su propuesta programática de reducción de impuestos, que beneficiaría a sus propios negocios, constituye un manifiesto conflicto de interés.

También sabemos que el candidato de la derecha está comprometido con el modelo de concentración económica, desigualdades sociales e injusticias políticas que caracterizan a nuestro país. Por tanto, su eventual gobierno sólo beneficiaría al 1% más rico y el restante 99% seguirá esperando.

Pero, hay algo más. El pacto de José Antonio Kast con Piñera pone en peligro las libertades culturales conquistadas con grandes esfuerzos después de la dictadura. Además, la alianza de Kast con los militares pinochetistas es una espada de Damocles sobre la democracia chilena.

Así las cosas, las elecciones del 17 de diciembre, obligan a dejar las dudas de lado. Votar por Guillier es garantizar las instituciones democráticas, defender la diversidad cultural y asegurar la protección de los derechos humanos.

Por otra parte, en el plano personal, Alejandro Guillier es lo contrario de Piñera. No cree que el dinero lo haga todo, no se ha dedicado a la especulación financiera y su honradez no ha sido puesta duda. Ello abre oportunidades para que su gobierno enfrente radicalmente la corrupción y la colusión.

En el plano programático, tanto el candidato, como su encargado económico, Osvaldo Rosales, han tenido la valentía de reconocer las insuficiencias de la Concertación y criticar el ideologismo de las cúpulas empresariales. En efecto, sus propuestas de descentralización, diversificación productiva y mayor inversión en ciencia y tecnología son un interesante desafío tanto al modelo productivo, fundado en los recursos naturales, como al empresariado rentista.

Adicionalmente, Guillier se propone consolidar la gratuidad en educación, junto con modificaciones en el sistema de pensiones y salud, en favor de los sectores medios y de bajos ingresos. Sus propuestas sociales no alcanzan la radicalidad de las iniciativas del Frente Amplio, pero son un avance interesante respecto de las políticas públicas implementadas por la Concertación. Al final, en estas materias, la práctica política, las movilizaciones sociales y el nuevo Parlamento dirán la última palabra.

Finalmente, es necesario señalar que Guillier, si bien ha fundado su candidatura en el apoyo de los partidos tradicionales de la Concertación, es una persona independiente, con un perfil propio, lo que le entrega mayor autonomía para impulsar los cambios que exige el país. Para ello se tendrá un Congreso renovado, que ya no cuenta con varias de las viejas figuras de los partidos tradicionales de la “centro izquierda”, que obstaculizaban las transformaciones.

Por su parte, el emergente contingente juvenil del Frente Amplio en la Cámara de Diputados será probablemente el núcleo más dinámico para empujar el carro en favor de los cambios que exige la ciudadanía. Guillier tiene una doble responsabilidad. Frenar el peligro que representa Piñera, conquistando la mayoría de los votos el 17 de diciembre, y luego cambiar el sistema de desigualdades, injusticias y abusos existentes de nuestro país


Economista