La crisis del VIH/SIDA evidenciada por las alarmantes estadísticas de ONUSIDA que sitúa a Chile entre los países donde la transmisión del VIH aumenta sin control, particularmente entre los jóvenes, demanda la aplicación de urgentes políticas públicas de educación sexual en las escuelas y campañas de prevención permanentes y efectivas. Hablamos de acciones urgentes, necesarias e inmediatas que se conocen como “prevención primaria”, la primera respuesta. La segunda prevención se refiere a la realización del test en poblaciones vulnerables, comunidades claves.

Existe otro tipo de prevención, denominada “prevención terciaria”, realizada en personas que viven con VIH. En un mundo donde crece el número de personas que vivimos con el VIH, particularmente Chile, no es posible pensar ni tolerar la exclusión social, cultural e incluso sexual de nuestra población seropositiva. Las personas viviendo con VIH/SIDA existimos, sentimos y deseamos, formamos parte de las comunidades locales, amamos, queremos y mantenemos relaciones sexuales. No decae, no muere la sexualidad, ni mucho menos acaba el deseo sexual con un diagnóstico VIH positivo.

¿Qué hacemos entonces con nuestros deseos, nuestros cuerpos y nuestra sexualidad si somos diagnosticados VIH?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que en el mundo hasta la mitad de las personas que viven con VIH, es decir, que han adquirido el Virus de Inmunodeficiencia Humana, mantienen una relación de pareja heterosexual u homosexual a largo plazo, con un compañero/a VIH negativo/a, otra persona que no tiene el Virus de Inmunodeficiencia Humana VIH. A estas uniones afectivas – sexuales se les denomina parejas serodiscordantes porque uno de los integrantes de la pareja difiere en su serología para el VIH,  uno es positivo y el otro es negativo.

Este tipo de relaciones se establecen cotidianamente y son más comunes de lo que creemos pero son abordadas desde las políticas públicas de salud de modo poco claro e indirecto. La evidencia médica plantea que las personas que viven con VIH con tratamiento en condición indetectable no trasmiten el VIH a sus parejas, sin embargo, las acciones de la autoridad sanitaria durante el presente año han dificultado la adherencia a los tratamientos de las personas que vivimos con VIH, parcelando su entrega en las farmacias hospitalarias e incluso anunciando la incorporación de sospechosa tecnología que eliminará el vínculo terapéutico entre el paciente y el médico anexando un software computacional que decidirá mecánicamente los medicamentos a tomar. Las personas viviendo con VIH/SIDA no somos máquinas, somos miles y diversos con necesidades distintas.

Redes de Orientación en Salud Social de Conchalí RED OSS, a partir de fondos públicos de la SEREMI de Salud de la Región Metropolitana, recogió algunos testimonios en un trabajo destinado a parejas serodiscordantes que manifiestan e ilustran de modo real lo que es convivir con el VIH en Chile. Algunas de estas historias son:

El VIH no me dice a quién debo o no amar

Estudiábamos en la misma universidad. Nos hablábamos por Facebook hasta que un día decidimos juntarnos. Empezamos a salir, hablábamos harto, yo sentía que era un tipo que podía entender sobre el tema porque leía mucho, se notaba que era bastante inteligente. Entonces un día voy y le digo que tengo VIH. Empezó a hacerme varias preguntas, algunas fueron bien incómodas. Me sentí súper mal. Me dijo: “yo pensé que las personas que tienen VIH solo podían estar con personas que tienen VIH”. Yo le expliqué que no, que podíamos estar con quien quisiéramos. El VIH no me dice a quién debo o no amar. Fue la primera vez que me sentí mal con el tema, sé que no es su culpa, porque hay mucha ignorancia sobre el tema, pero ahora lo pienso más cuando debo contárselo a alguien, no quiero revivir todo lo incómodo que me sentí.

Responsabilidades compartidas

Tener una pareja que viva con VIH implica adquirir responsabilidades para el cuidado de la salud de ambos como el sexo seguro. Uso del preservativo o condón es imprescindible en el sexo entre parejas serodiscordantes. Además, pueden llevar a cabo prácticas de menor riesgo que eviten la penetración, como masturbación mutua, juegos eróticos, sexo oral. Los controles médicos periódicos también son importantes. Aunque es la pareja con VIH quien más controles médicos periódicos debe realizarse, el compañero/a negativo al VIH debiera practicarse el examen de detección de VIH de forma rutinaria, como una forma de mantener la percepción de riesgo. Del mismo modo, el tratamiento antirretroviral TARV es fundamental porque posibilita la sobrevida. El TARV estándar consiste en combinar al menos tres antirretrovirales para suprimir al máximo el VIH y frenar la progresión de la enfermedad, permitiendo a la persona que vive con VIH una calidad de vida semejante a una persona VIH negativa, sumado a lo que los especialistas han llamado “indetectabilidad” del virus, estado en que las personas viviendo con VIH no transmiten el virus. Los tratamientos se transforman entonces es otra forma de prevención del VIH.

Pensé que me iba a quedar solo

Cuando me dijeron que tenía VIH pensé que me iba a quedar solo. Llevaba dos años con Javier y decidí terminar con él ese mismo día. Le dije que no preguntara, que no podíamos estar juntos. A las semanas caí enfermo, estaba en etapa SIDA y mi cuerpo ya sentía las consecuencias. El primero en llegar a visitarme al hospital fue Javier, me dijo que ya sabía lo que pasaba y que no era motivo para terminar. Nos abrazamos y le dije que me disculpara, que no quería hacerle daño. Javier sabía mucho sobre el tema y me explicó que podíamos seguir juntos, que teníamos que cuidarnos. Me acompañó mientras estuve internado, hablábamos mucho sobre el tema, fuimos averiguando juntos y nos dimos cuenta que las cosas no cambiaban tanto como creíamos, que podíamos seguir siendo una pareja con una vida sexual normal. Aprendí sobre prevención, sobre mi tratamiento, pero también aprendí que tener VIH no significa quedarse solo y que la persona que te ama de verdad te acompaña incluso en los momentos más difíciles.

 Mucho antes de las terapias y la serodiscordancia, hubo un tiempo triste, hablo de los años 80 y 90, época donde la terapia no era garantía universal y la muerte en el único destino posible a corto plazo. Sin embargo, debido a la lucha social de las organizaciones de personas que vivimos con VIH/SIDA, la sensibilización política – pública y la colaboración internacional, el Estado de Chile comenzó a otorgar terapia antirretroviral garantizada por Ley Auge desde el 1 de julio de 2005.


Es periodista y activista comunitario en VIH/SIDA, conocido como “El Che de los Gays” autor de “Bandera Hueca. Historia del Movimiento Homosexual en Chile” y “El Diario del Che Gay en Chile”.