Los voceros de la derecha, con Sebastián Piñera a la cabeza, consideran ciertas propuestas como “una amenaza  para el desarrollo y el equilibrio económico de nuestro país”. Vale la pena preguntarse por qué habría de ser una amenaza, un tipo de sociedad en que capital y trabajo tengan una relación societaria y no vertical, en que la salud y la educación tengan carácter universal, gratuito y de buena calidad, en el que las jubilaciones consideren el más irrestricto respeto para una vejez sin privaciones. Sin duda esa extorsión hipócrita, solo se orienta a sostener privilegios y capitales que han robado a la gente, mediante una mecánica implacable de defraudación del fruto del trabajo de los chilenos y chilenas, de la expropiación encubierta de las empresas públicas y de los recursos naturales de nuestro país, hoy en manos del gran capital.

Por su parte, la Nueva Mayoría con Alejandro Guiller a la cabeza, está atrapada entre un imaginario bastante limitado en su extensión. Decimos limitado porque “la medida de lo posible” no marcó solamente una desafortunada expresión pasada porque les legó de manera implícita la incapacidad de nuestra actual democracia. Tal expresión se transformó convenientemente, en una suerte de sustrato propio de esta coalición, por ello es que en definitiva las respuestas al tipo de sociedad que queremos no tienen definición alguna por parte de esta coalición pese a que Chile la exige.

En efecto, para la NM todo es un vago “podría ser”, que oculta una sorda pero evidente complicidad con el sistema al que aparentemente se oponen. De allí su vaguedad para una Asamblea Constituyente, el fin de las AFP, el fin del CAE, la derogación de la ley de pesca, a la recuperación del agua y de una larga lista de enajenaciones delictuales que se han hecho en nuestro país. Me hago responsable de esta última afirmación porque se dice que quien infringe la ley comete un delito pero se ha omitido que en nuestro país, primero se planificaron los delitos para luego hacer la ley y con ello todo quedó inmaculado, “como negocios permitidos por nuestra legislación”, como lo expresa muy bien Sebastián Piñera, cuando se le pregunta por sus discutibles formas de enriquecimiento.

Todo lo anterior representa las verdaderas definiciones que debe asumir responsablemente un gobierno de la NM, pero tal cosa no se ve. Por tanto no queda esperar más que una administración similar a la  que hemos venido observando en las últimas décadas. Traducido a sencillo, la derecha económica no será afectada por el triunfo de Alejandro Guiller y solo supondrá un pequeño recorte asumible desde la caja chica para el poder financiero. Para ellos, un gobierno de la NM no representa un mayor riesgo. Para la derecha, el mayor peligro está representado por el Frente Amplio, porque en su programa y definiciones está implícita la caída de un sistema que ya no se sustenta y que intentan defender a como dé lugar.

Cuando el FA envío un mensaje para esta segunda vuelta, en cuanto la necesidad de que la gente evalúe muy bien que en la elección próxima no habrá cambio alguno, sino solo un enlentecimiento procesal si se trata de Guiller y un claro retroceso si se trata de Piñera . Se ha sido responsable con quienes no están dispuestos a esperar nada (porque ya han esperado mucho), absteniéndose o votando nulo y con aquellos que efectivamente consideramos que Piñera es un retroceso formidable que debe detenerse ahora. Se ha sido responsable exigiéndole a Alejandro Guiller definiciones explícitas que aún no esclarece, por la sencilla razón de que la NM no está dispuesta a asumir las demandas que exige la mayoría de nuestro país.

Desde aquí, es que se puede comprender un cierto y falso “pragmatismo realista” que no se condice con un proceso de transformación real, toda vez que el proyecto de ambas coaliciones, se encuentra atrapado por un sistema de límites rígidos propios de nuestra calamitosa Constitución Política, cuyo centro se pone en lo económico supeditando aChile a esa condición y no al revés.

Así hoy, solo se está en mapas y senderos posibles pero estrechamente limitados, en que la discusión acerca de cuál es el camino correcto a tomar, se hace en consideración al ordenamiento  actual, anclado en un pasado que se fue y no en un futuro deseable. Desde este punto de vista, no es casual  la falta de estudio del reciente fenómeno electoral, en que la mayoría de los referentes políticos y partidos tradicionales fueron por ahora, parcialmente desalojados del poder político. Tal omisión está lejos aún de considerar que el proyecto del FA, en realidad se traduce en una ruptura generacional que escapa a interpretaciones provenientes del mero quehacer político.

Sin embargo aún dentro del FA, hay voces que imaginan que es posible considerar la posibilidad de acuerdos, para que un futuro y eventual gobierno de la NM, esta pueda asumir algunos de los lineamientos programáticos para una transformación real de la superestructura política y económica. Estamos en condiciones, a la luz de las respuestas que durante este período ha ido dando el candidato Alejandro Guiller que eso no va a ocurrir.  Esto es lo que hace imposible una expresión explícita de un eventual apoyo a su candidatura. La libertad de opción declarada tiene más profundidad que la caricatura que han pretendido presentar los opinólogos potables para los medios de comunicación que ellos controlan.

Tanto la derecha como la NM, deben hacerse cargo que desde el término de la dictadura, se mantuvo alejada del poder político y de la justicia económica a gran parte de nuestro país, sin ni siquiera llegar a suponer que tal exclusión significaba la libertad de proyectarse sin ataduras. La última década mostró con claridad aquello que no se quiere ya más en nuestro país y que se expresó a través de movimientos políticos y sociales que significó la irrupción del FA, sepultando para siempre la temporalidad epocal  del actual sistema, anulando en definitiva su sustentación futura.

Lo que no es sorpresa, es que los sociologillos de moda no hayan sido capaces de prever tal fenómeno, prisioneros como están de estadísticas y encuestas que se alejaron de la gente común y que terminaron creyendo ciertas, sin observar que estaban siendo víctimas de su propia manipulación. La intención de cambio arrasó con las aparentes “condiciones objetivas” a las que son tan proclives de recurrir, sobre todo si se trata de justificar la permanencia de un sistema político y social que ha muerto y cuya descomposición está a la vista, como lo muestra la delincuencia, la droga y  la corrupción generalizada en el mundo empresarial y político.

Lo que se está diciendo es que de algún modo puede estimarse que en los fenómenos sociales hay un algo que los estudios sociológicos y estadísticos no están en condiciones de estimar. De allí provienen las manifestaciones, marchas y contracultura con que de pronto el sistema tiene que habérselas, obligándoles a hacer de cara a la segunda vuelta, juegos de prestidigitación ya evidentes para todos, para intentar vanamente mantener las cosas como están. Es justamente en ese juego en el que muchas veces los verdaderos cambios se ven enlentecidos, porque arrastra la fe sin fundamento como lo es la ingenuidad cómoda de muchos.

Deprime a veces escuchar de compañeros de lucha la expresión “algo logramos”, sin entender que solo se trata de un avance mínimo, de una parte del proyecto, pero no de su expresión definitiva. Es como si de pronto llegando a un cierto estadio de la cuestión fundamental se cayera en una suerte de resignación. Tal situación es justamente el triunfo del sistema, en tanto modela solo mecanismos de ajuste, pero no modifica en absoluto la situación de poder que se mantiene intacta.

Hay una distinción que hacer respecto del mundo de las cosas, de los objetos, de las instituciones con el de las aspiraciones de los pueblos. Estos siempre van adelante y el sistema marcha absurda y lentamente, intentando  sostener un ámbito mayor conveniente al poder establecido. A su vez frena todo proceso y todo cambio, hasta que lo inesperado emerge con su fuerza rupturista. Esto último es lo que nos interesa, lo demás es una simple repetición, árida, aburrida y sin significado.  Cabe que diferenciemos entonces a estas alturas, entre una izquierda que busca su reconocimiento por parte del sistema o su voluntad de ruptura con él, para avanzar sin reservas a un estado plenamente libertario.

Es el momento de avanzar sin reserva, porque el sistema actual tal como lo experimentamos, en general está constituido por gente poco estudiosa y pragmática, con una legión de técnicos bien financiados a su servicio y que disponen por lo demás de recursos parcelados, ridículos y dramáticamente insuficientes. La clase política tradicional, está llena de ineptos que no tienen la capacidad de prever el futuro que se avecina por lo que insisten en un fastidioso y lento cambio progresivo.

Hablemos entonces de resolución, de reflexión convergente pero desde otro ángulo, no lineal, no causalista ni efectista. Con seguridad al hacerlo de este modo, tal vez encontremos la forma de  eliminar los discursos cuya característica ha sido sembrar innecesariamente caminos dudosos por dónde transitar, antes de identificar  con meridiana claridad, adonde se quiere ir y hacerlo sin reserva alguna. Ha llegado el momento de romper con la suposición de que la estructura de poder puede cambiar solo en función de un tiempo siempre indeterminado para hacerlo. La resolución supone la generación de cambios estructurales definitivos antes que graduales.

Esta confusión es la que han arrastrado una parte de la izquierda tradicional y a la denominada primero Concertación y luego Nueva Mayoría, a someterse a un determinismo vergonzante, que proviene de la imposición brutal que nos legó la dictadura y que tan bien ha aprovechado la derecha.

La resolución implica la negación de cambios graduales orientándonos hacia un tipo de sociedad sinceramente orientada hacia una democracia real, antes que la formalidad impuesta por un sistema que atenta contra el hecho humano en toda su grandiosa necesidad de abandonar la prehistoria en la que nos encontramos.


Vicepresidente Partido Humanista