El viejo pascuero apareció por la puesta principal y caminó por el pasillo gritando “jo, jo, jo” seguido por una fila de hombres que cargaban bolsas negras llenas de regalos. Cuando llegó al patio central, los niños y niñas se le abalanzaron encima. “¡Viejito! ¡Viejito!”, gritó uno mientras abrazaba su pierna y otro saltaba de emoción a su lado. El viejo pascuero logró traspasar la multitud infantil y se sentó en una silla; su trono. Desde ahí, rodeado de admiradores que le tocaban la plástica barba blanca y le preguntaban si él era el verdadero viejito pascuero, recibió a cada uno de los 120 niños desde recién nacidos hasta de 6 años que viven en el centro del Servicio Nacional de Menores (Sename) Casa Nacional del Niño, ubicado en Las Encinas 2575, Ñuñoa.

Después de recibir sus regalos de manos del viejo pascuero, los niños despedazaron el papel de envoltorio y probaron sus juguetes extasiados. Los más celosos, corrieron a las piezas que comparten con los niños de su edad y, sobre los cubrecamas con motivos infantiles, abrieron sus regalos y los metieron en el baúl donde cada uno guarda sus cosas.

La dinámica incluyó helados, payasitas, pintacaritas, un corpóreo del perro Chocolo y dos castillos inflables. Todo con más de 90 voluntarios bajo la dirección de un ex funcionario del Sename que se ofrece año a año. A su iniciativa se suman otras de personas, organizaciones y empresas que todos los años organizan actividades navideñas para los niños del Sename en diferentes centros. En el caso de la Casa Nacional del Niño, la celebración navideña es un verdadero carnaval: en total son 11 las jornadas de juegos y regalos organizadas por empresas como Ripley, universidades, el Banco de Chile y organizaciones de adultos mayores.

A lo anterior, además, se suma la celebración interna del centro, una actividad que se realiza todos los años en los cerca de 250 centros residenciales del Sename, donde en total viven 9 mil niños, niñas y adolescentes que llegan por causas como maltrato, abuso sexual, inhabilidad de uno de sus padres para hacerse cargo del cuidado, trabajo infantil y abandono. Del total, 11 centros son de administración directa del Sename y, por lo mismo, el financiamiento de las actividades, la comida, los adornos y los regalos está incluido en el presupuesto anual del servicio.

“Todos los años nos preparamos para realizar la navidad para brindarles las condiciones más adecuadas a los niños para que se sientan lo más cercano a un ambiente familiar en esta fecha. La idea es que su situación de haber sido vulnerados en sus diversos derechos, por los cual llegaron a una residencia, pudiera verse mitigada por este tipo de acciones y que los niños puedan sentir que están en un entorno amigable y familiar. Que no sientan que están postergados por la situación que están viviendo”, explica Juan Ignacio Carmona, jefe del Departamento de Protección de Derechos del Sename.

Y añade: “Yo diría que es la fecha más esperada por los niños del Sename, pero no porque sean del Sename, si no porque son niños. Por eso nos preocupamos de que todos reciban sus regalos y sientan que esta es una fecha especial como todos los niños de Chile”, concluye Carmona.

Para asegurarse de regalar algo que les guste, se invita a los niños a escribir una carta al viejo pascuero. Fue lo que se hizo este año en la Casa Nacional del niño, donde 20 niños y niñas de las salas mayores hicieron una tarjeta navideña en forma de pino en la que pegaron lentejuelas y escribieron el regalo que querían recibir. ¿Los más pedidos? Bicicletas, pelotas y muñecas. Con esa información se hace una lista y se revisan las donaciones de regalos que reciben año a año por parte de externos y también por parte de los mismos funcionarios, que organizan la campaña de recolección de regalos “Navidad con sentido”. Si después de esa revisión falta algo, el equipo de cada centro se preocupa de comprarlo.

La noche del 22 de diciembre, Katherine Molina, directora de la casa nacional, se quedó hasta avanzada la noche desenvolviendo regalos donados y reenvolviéndolos según las edades y peticiones de los niños. Cuenta que a veces llegan tantos regalos, que los que sobran los guardan en una bodega para después renovar los cajones de juguetes de las salas de juego, para los cumpleaños e incluso para cuando a un niño se le cae un diente. Cuando llegan colonias o ropa, las distribuyen en cada sala, pero no como regalo de navidad. “Ellos esperan juguetes, algo entretenido. Cuando les contamos que habrá una fiesta de navidad, lo primero que preguntan es si van a haber regalos y están todo el rato pendientes del regalo que les va a llegar. Les encanta”, cuenta Molina.

Para la fiesta interna del 24 de diciembre compró un pino gigante que adornaron con luces y pelotas y cada niño hizo a mano un adorno navideño con papel, palitos de helado y escarcha que pegaron en paredes y ventanas o colgaron del techo. Ese día, niños y niñas jugaron en los dos juegos inflables con agua que arrendó Katherine Molina, recibieron más regalos de parte de un nuevo viejo pascuero, estaba vez caracterizado por un guardia de seguridad del Sename cuya barba blanca es real, y comieron pan de pascua.

Aunque asegura que en todos los centros se hace la fiesta y se reciben regalos, explica que la envergadura de la celebración navideña depende mucho del rango etario. “Para adolescentes llegan regalos, pero no en la cantidad que llegan acá o en Galvarino, donde hay niños de hasta 12 años. Quizás porque a la gente le enternece más un niño pequeño abandonado, les llama la atención los recién nacidos: cómo pueden hacer abandono de ellos, que dependen 100% de otro. En cambio el adolescente tiene más conciencia. Pero si piensan que para navidad estos niños lo pasan mal y no reciben regalos… aquí eso no sucede”, concluye Molina.