—Ya has hablado en otros medios sobre tu experiencia como “MC” del Club de Lectura de Librería Catalonia. ¿Qué más puedes rescatar sobre la experiencia de dirigir esta actividad?
—Lo entretenido del Club de Lectura es que la gente que se reúne a conversar viene de ámbitos súper distintos: hay ingenieros, abogados, sociólogos. Eso genera debates donde siempre puede aparecer una apreciación novedosa sobre tal o cual libro. Con María José Navia, quien está muy metida en la lectura y la traducción desde la academia, decidimos armar el proyecto con la venia de Librería Catalonia, quienes nos facilitan el espacio y ayudan en la promoción. De ahí también rescato harto que, si bien en las primeras sesiones llegaban no más de 12 personas, a través de pasarse el dato ha habido más asistencia.

—¿Y cómo logran organizar el debate? Pregunto porque en los clubes de lectura suele ocurrir que todos quieren decir algo, y al mismo tiempo, entonces mientras más gente asiste, más complicado se vuelve, ¿no?
—La dinámica parte con una ronda en la que cada uno recomienda cualquier cosa que le guste, en cualquier formato. Más que nada para romper el hielo. Luego comentar, muy brevemente, el libro. El adjetivo que sea. Luego de terminar esas dos rondas, se recogen elementos llamativos de las primeras impresiones y, a partir de ellas, extendemos la discusión.

—Y sobre el taller de poesía, que empieza este 7 de marzo, junto a James Staig, ¿cómo se gestó?
—Él vino invitado por María José al Club de Lectura y tiene un rollo más orientado hacia la poesía. Un día le comento, desde mi ignorancia, que cuando empecé a leer poesía lo encontré difícil en cuanto a sus lenguajes, agarrar el estilo de cada voz lírica, los ritmos, etc. Yo desconocía que existía un formato de charlas para formación de audiencias, y James me propone armar un taller para aprender a leer poesía considerando estos diferentes elementos.

—¿Crees necesaria la formación universitaria para erigir espacios de este carácter?
—Te das cuenta, una vez que comienzas a dedicarle más tiempo a la lectura, que independiente de que exista un canon que determine lo bueno o lo malo, la experiencia de leer una historia es muy subjetiva, muy personal. Obviamente hay formalidades que le dan estructura a los distintos tipos de narrativa, los temas y los propósitos, y que hay que conocer si es que te vas a dedicar a esto de manera más profesional, pero hasta los propios cánones no están ajenos a la ideología que los produjo, por lo que también reaparece este componente personal que te mencioné antes. El objetivo del ciclo de formación de audiencias es, específicamente, para generar un territorio neutro en el que se puedan conversar de estos temas sin que esté mediando, por ejemplo, la autoridad de la academia en él.

—En otras áreas del conocimiento, las ciencias exactas y naturales, son normales y recurrentes las charlas de divulgación científica. En la literatura, no obstante, da la impresión de que la información transita por círculos súper cerrados y concentrados —el mundillo.
—Sí, pasa harto. Al principio, como te decía, yo no cachaba nada y pensaba que los libros que aparecían como los más vendidos en los ránkings de prensa, de las editoriales con más renombre, eran los “libros buenos”. El tren de pensamiento iba en esa ruta: se habla de él = se está leyendo = ha de ser bueno. Luego te das cuenta que las apariciones en la prensa de un libro equis tiene que ver con otros factores, como las relaciones públicas del autor o la editorial, por ejemplo. Esto último es lo que compone el mundillo que sindicas. Hay una barrera, es cierto, a sortear si es que quieres entrar de lleno a saber más sobre literatura, pero depende de cada uno y del interés personal en el tema la dificultad —o facilidad— para superarla.

—Ser librero en el capitalismo tardío da la impresión de que es una pega más de vendedor, pero hay cierto oficio en ser la persona dentro de la librería, entre los libros y que debe tratar sobre libros con desconocidos. ¿En qué consiste tu trabajo?
—Lo primero es procurar que la persona encuentre el libro que busca en el lugar donde tú estás trabajando. Esa es la definición más breve. Ahora, hilando más fino, mi pega es recomendarle algo a alguien que no sabe muy bien lo que quiere. Me ha llamado la atención, en el último tiempo, es que la acción de leer debe tener un uso. La gente tiene una visión utilitarista de la lectura: “Yo quiero leer tal cosa para ser más de esto otro, o hacer menos de estas otras cosas”, y así. Una de las recompensas es ver que, como librero, eres capaz de formar o guiar el gusto a las personas. Recomendaste un libro a alguien, le gustó y después vuelve porque confía en tu criterio. O no le gustó, pero se dio cuenta que esa onda no era la suya y así delimita mejor lo que sí le agrada.

—¿Qué es lo que se proponen con el ciclo POIESIS?
—Con James hablábamos de que, así como al libro se le exige que te enseñe algo, con la poesía pasa algo similar, pero aún más drástico. Se lee poesía pensando en extraer moralejas es muy extraño y eso coarta el 90% de la experiencia de lectura de poesía. POIESIS es una forma, pensada entre nosotros dos, de inculcar cierta apreciación artística basada en cuatro ejes: cuerpo, traducción, formato y experimentación. Para cada sesión tenemos a autores invitados, expertos en cada uno de estos temas, junto a quienes se discutirá en torno a los qué y para qué de estos elementos en el género lírico .

Revisa más información sobre POIESIS en este enlace.