Una vez más las fuerzas conservadoras y neoliberales ejercerán el máximo poder político en Chile. Las mujeres que vivimos en este país sabemos las consecuencias que tiene para nosotras, nuestras familias y nuestros pueblos. Igualmente, sabemos que no ha sido fácil disputar con las fuerzas progresistas que han gobernado porque la democracia sigue incompleta: sin la participación plena de las mujeres. Para avanzar debemos generar las condiciones materiales y subjetivas.

Las chilenas hemos conquistado grandes logros. Nuestras abuelas consiguieron que nadie dude sobre nuestros derechos a estudiar, a trabajar, a votar. Nuestras madres y nosotras hemos luchado para que se vuelva un sentido común el derecho de las mujeres y las niñas a vivir una vida libre de violencia machista en todos sus contextos y formas.

Hemos luchado porque se nos reconozca el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y logrado el mínimo ético para que niñas y mujeres en situaciones extremas puedan interrumpir sus embarazos voluntariamente.

Después de tanto luchar contra la dictadura cívica y militar de Pinochet y la derecha, las chilenas nos reconocemos como pilares en la recuperación de la democracia. Hoy tenemos una institucionalidad más robusta, un Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, que mandata al Estado a mirar toda su política pública en favor de las mujeres y evitar así ser un agente reproductor de las desigualdades históricas entre hombres y mujeres, entre mujeres pobres y de niveles socioeconómicos altos.

Las mujeres tenemos derecho a estudiar, somos mayoría en las matriculas universitarias, pero seguimos recluidas en carreras feminizadas, menos valoradas y reconocidas socialmente. La sociedad chilena comprendió que no es tolerable la violencia contra las mujeres, pero los machistas y agresores nos siguen matando, intimidando y abusando en las calles, en los liceos y colegios, en las universidades y en los lugares de trabajo.

A nivel mundial, las feministas han instalado en el sentido común que la violencia contra las mujeres y la discriminación que viven cotidianamente no es natural, no está bien, no es tolerable. Más difícil ha sido instalar en los imaginarios y en las prácticas la necesidad de erradicar el modelo patriarcal, dominador, agresivo, que nos somete para avanzar hacia una sociedad, donde las relaciones entre hombres y mujeres se den a la base de
los principios de igualdad, respeto y reconocimiento.

¿Hemos avanzado? Sin duda. Chile no es el país de nuestras abuelas que luchaban por más igualdad, pero nos queda mucho por avanzar y lo más dramático: mucho para no retroceder.

En Chile, un 86% de las mujeres piensan que Chile es un país machista. El 87% se siente discriminada. En 12 años de la aplicación de la encuesta de Corporación Humanas las mujeres siguen sintiéndose al margen. Los más altos niveles de discriminación lo perciben en el trabajo (88%), en la política (75%), en el acceso a la justicia (73%) y en el ámbito sexual (71%). El 72% de las encuestadas consideran que la discriminación les provoca un malestar en su vida cotidiana y un 69% opina que las oportunidades no son iguales para los hombres y mujeres. Nos pagan casi un 30% menos que los hombres por igual trabajo realizado y lo que es peor aún, la brecha en la remuneración que hombres y mujeres consideran “justa” para ellos/as, es también de un 30% menos y en el caso de las mujeres migrantes e indígenas esto se recrudece. Las mujeres indican una cifra de ingreso de un 70% del ingreso mediano que los hombres, cuando piensan en el “sueldo justo” (COES, 2017).

Las mujeres que vivimos en Chile aún no conseguimos llegar a una tasa del 50% de la participación laboral y lo que es peor; el crecimiento del país no ha tenido impactos positivos en la reducción de la desigualdad que enfrentamos las mujeres en materia laboral. Accedemos mayormente a empleos más precarios, muchas no tienen control sobre los tiempos de trabajo ante la imposibilidad de conciliar sus tiempos laborales con los personales. Muchas trabajadoras terminan olvidándose de sí mismas.

Las mujeres organizadas esperamos que las mujeres de todo Chile se apropien cada día más de las conquistas conseguidas en democracia. Ello permitirá que se respete, por ejemplo la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en 3 Causales, al Estado a modernizar sus prácticas de salud en materia de sexualidad y reproducción, lo que claramente significa una mejor institucionalidad para garantizar de mejor forma el ejercicio de los derechos de las mujeres que viven en el país.

Estaremos atentas y vigilantes a que el gobierno de Sebastián Piñera no nos haga retroceder en lo ganado. Nuestras condiciones de vida no pueden ser más precarizadas, tenemos derecho a vivir una vida digna y lucharemos por eso. Por eso llamamos a todas las mujeres que viven en Chile a movilizarse este 8 de marzo. A sumarse a las marchas que las organizaciones de mujeres y feministas y el mundo de lo social han convocado. A parar en sus quehaceres cotidianos y las que no puedan sumarse que lo hagan simbólicamente con algo de negro (una polera, una blusa, un pañuelo, un vestido, o una cinta en su muñecas).

Las mujeres en Chile nos seguiremos manifestando por las urgentes transformaciones sociales, económicas, políticas y, especialmente, por las culturales para avanzar en el anhelo del reconocimiento de la ciudadanía plena; las mujeres que vivimos y aportamos a la democracia en barrios, poblaciones, comunidades, lugares de trabajo, colegios,universidades, partidos políticos, movimientos sociales, en todo el territorio.