Illari era un grupo como si en esos 23 años que teníamos, hubiésemos tenido los más de 60 que tienen los Inti Illimani ahora. Estábamos inspirados por la nueva canción chilena, una explosión cultural y musical de las más grandes que ha dado Chile y el mundo. Habían muchos grupos en esa época, en las academias y en las escuelas de música, que intentaban hacer lo mismo que hacíamos nosotros desde que íbamos en el colegio.

La idea era ser lo más parecido a Inti Illimani, porque ellos son los maestros. Todos querían ser como ellos, todos tenían el sueño de llegar a ser un integrante de Inti Illimani. Para nosotros era demasiado importante la identidad que enseñó la nueva canción chilena, y dentro de la academia pudimos volver a generar esa identidad latinoamericana.

Pero había algo en lo que nos estábamos equivocando: habían pasado una buena cantidad de años. El Chile de 2008 no era el mismo de 1970 y ya nadie andaba con ponchos. Ya había pasado el axé y el reggaetón encima de nosotros e íbamos en los últimos años de música en la universidad, y en todo ese tiempo a veces cometimos errores que por suerte a veces te los aclararan tus propios profes.

El director de nuestra escuela era Horacio Salinas, del Inti Illimani Histórico, y hacía un ramo en donde siempre decía: “si van a hacer algo nuevo, hagan algo nuevo, pero con sabor a Latinoamérica”. Él nos ponía siempre de ejemplo a los Aterciopelados. Y si tú veís que el maestro, compositor de Inti Illimani, te muestra ejemplos que ya son más modernos, es porque en el fondo la única forma de que avancemos en este río que viene de muy lejos y va muy lejos, como nos dijo también Jorge Coulón cuando nos acompañó en el Festival del Huaso de Olmué.

Max Vivar, 2008

Ahí entendimos que uno no puede quedar atrapado en la estética antigua. El arte es vanguardia igual, pero si el río viene de lejos y va muy lejos, ahí es donde nos conectamos nosotros: en lo popular, en la música popular latinoamericana. Justo en esa época, conseguí un trabajo de músico en una obra de teatro callejera de Malucha Pinto llamada “Rosamunda, la brava”, donde nos pidieron a los músicos que tocáramos cumbia. “Quiero que sea una cumbia, pero mística”, nos dijo.” Esa fue la primera vez que yo como músico -era bajista- que toqué cumbia.

Yo igual escuchaba cumbia. El ’99 Leo Caprile, en su programa “Casi en serio” de La Red, le dio espacio a todos los grupos sound del momento, incluyendo a un muy joven Américo como vocalista de Alegría. Entonces, en esa obra de teatro, a la cual llegué muy tímido y empaquetado como músico estudiante de composición, pasé de estar en una sala estudiando música a hacer contact con los compañeros y compañeras de teatro, dónde te tocái y se te tiene que quitar la vergüenza.

En la obra toqué cumbia con Miguel Razuk, un tremendo músico, saxofonist que hoy toca con Pascuala Ilabaca y que sabía mucho de cumbia porque era de Valparaíso. En la V Región nació La Floripondio, por lo que ninguno de los prejuicios que yo tenía existián allá. En ese momento se empieza a quitar el prejuicio de la academia y empiezo a cachar que a todos nos gustaba mucho la cumbia, que no era algo lejano, que me las sabía todas.

Para sacar esa “cumbia mística” que nos pedía la Malucha, empezaron a aparecer Los Graduados, el grupo Guinda de Perú y los Guanguanaco. Descubrí que los Guanguanaco tenían cumbias que tocaban los mismos Chico Trujillo y me puse a escuchar hartas cosas chilenas. A mí me gusta mucho la Sonora de Tommy Rey con el Leo Soto, ese sonido que lo tenía desde niño, que estaban en los cassettes de la Sonora Palacios en el velador de mi abuela.

En ese tiempo todavía seguía existiendo Illari, pero ya habíamos empezado a tocar algunas cumbias y empezamos a cachar que Illari se estaba poniendo más entretenido también. No es que lo otro hubiese sido fome, pero había una mutación que estaba empezando. De hecho, de ahí nos salió nuestra primera tocata universitaria, a fines de 2007.

Illari, banda inspirada en la nueva canción chilena de los ’70, ensayando

Le comenzamos a tomar valor al rescate de la cumbia antigua. Nosotros nos vestíamos con pantalón negro y camisa, pero a esa primera tocata, que fue en la Usach, fuimos con polera y empezamos a abandonar esa cosa que nosotros sentíamos como un deber, que era el rescate de la música folclórica latinoamericana desde la nueva canción chilena. Porque pese a que gracias a Illari pudimos tocar en muchos lugares, siempre a lo que más llegamos fue a la Sala SCD de Bellavista, donde nos fueron a ver todas nuestras mamás.

Con la cumbia, en cambio, estábamos llegando a la universidad. Estábamos llegando a gente de nuestra edad. Ese es el río al que se refería Coulón, porque nos sentíamos portadores de ese espíritu y de ser joven latinoamericano y ser menos empaquetado y chasconear. Este momento fue crucial: porque ese día tocó cumbia Illari, pero la otra semana ya éramos Villa Cariño.

De cierta forma, yo sabía que Illari se iba a transformar en otra cosa, lo sentíamos, pero igual nos costaba soltarlo. Si en años anteriores hubiésemos encontrado de frente a Villa Cariño, hubiésemos dicho “pero que es esta hueá” y nos hubiera cargado, porque éramos unos viejos atrapados en cuerpo de jóvenes.

Ese mismo día yo me fui a carretear con gente de la obra de teatro. Llegamos a un sindicato de trabajadores que quedaba por Sazié donde tocaban varias bandas -entre ellas la Conmoción- y ahí tuve una revelación. Esa noche tocó Combo Ginebra y hacían algo que yo nunca había visto: tocaban cumbia gitana, tocaban cumbia con violín y la figura del “Gypsy” Cabello (el guitarrista), que era el líder, se comía todo el escenario. Ahí, con el vino encima, yo dije: “esto es un grupo de cumbia, hueón. Son de cumbia, pero son rock igual”.

Me acuerdo que me fui caminando a la casa, era súper tarde, e iba cantando “porque eres mala de adentro, negra no me hagas sufrir más”. Apenas llegué a la casa los busqué en MySpace y los escuché, y ahí en ellos vi un camino que más que una tendencia o una moda, para mí era cultura popular. “Esto sí, ahí sí”, dije. Siento que hubo un espacio vacío, cuando se acaban Los Tres y la época dorada del rock chileno, donde se pierde ese grito popular y aparece encarnado en esto. A fines de ese mismo 2007 Juana Fe había sacado “Afrorumba Chilenera” y ya a inicios de 2008 fuimos al lanzamiento del “Plato Único Bailable” de Chico Trujillo en la Cubix, de Recoleta.

A fines de febrero de 2008, en el cumpleaños de un compañero, le dije a todos: “Illari va a seguir, pero nosotros vamos a hacer otro grupo paralelo con nosotros mismos, pero con dos integrantes más”. Y el primer lunes de marzo, el lunes 3 de marzo, en la calle Sierra Bella -donde arrendábamos una sala de ensayo-, nació Villa Cariño. Ese mismo día armamos la canción “Sin Querer” y reversionamos “No Puedo Olvidarla” y “El Mandamiento”, dos canciones que ya existían de Illari, pero que no eran cumbia y que finalmente formaron parte de nuestro primer disco “Terapia Intensiva”, que salió en agosto de 2008.

Villa Cariño, un par de días después de dejar de ser Illari

El nombre Villa Cariño se me ocurrió a mí. Veníamos de escuchar tanta cumbia antigua, entre ella una canción de Los Wawanco que se llama “Villa Cariño”, que fue el single de la película argentina “Villa Cariño”, que es de 1967. Villa Cariño es un lugar imaginario, que puede estar en todos los países de América Latina, en cada sector oscuro, donde hay un mirador. Toda la gente que tiene más de 50 años para arriba conoce la canción, porque también vio la película. Y conocen el concepto, por lo que les da risa que nos llamáramos así.

Llamarnos Villa Cariño es también un homenaje a lo increíble que es tener cumbia desde México hasta Chile, teniendo una columna vertebral musical que atraviesa toda América Latina. También es una forma de abrazar a los grupos antiguos y vernos en ellos, porque Los Wawanco cuando se formaron eran universitarios. Fue como decir, esto viene de hace mucho tiempo, es un río que viene de lejos y va muy lejos.

Ese lunes 3 de marzo de 2008, cuando nos juntamos, ensayamos todo el día. Toda esa semana, desde las 10 de la mañana hasta tarde, puro ensayando. En ese momento yo sentía que era algo que “ahora sí”. Todos habíamos estado en otros grupos, peor ahora había una mística, que siento que me quedó de la cumbia mística que hice con la Malucha.

Lo que vino después fueron puros hitos: el lanzamiento de “Terapia Intensiva” en el Galpón Víctor Jara, cuando “Clandestino” -nuestro primer hit- sonó en la radio en 2009, el lanzamiento de “15añero”, nuestra presentación en el Festival de Viña 2011, el Altazor que ganamos en 2014 con “La Fiesta es de Nosotros”, el éxito de “Serenata Cruel”, cuando sacamos la canción contra las AFP y fuimos el grupo chileno más escuchado de Spotify en 2016, tocamos en el Festival del Huaso Olmué y ganamos el premio Pulsar a Mejor Artista del Año con “Despertar” en 2017.

Este sábado 10 de marzo es otro gran hito en nuestra historia: celebramos 10 años de existencia en el Festival Despertar junto a muchas bandas amigas que admiramos. Esta celebración ocurre exactamente una década y una semana después que Villa Cariño se juntó a ensayar por primera vez.