Hay posiciones que no me gusta tomar, pero tengo que partir esta columna tomando por un momento el lado de José Antonio Kast para repudiar a sus agresores. Nada justifica la violencia física y cuando la usamos sólo debilitamos nuestra posición.

Si, por cada 10 palabras que pronuncia Kast estoy en desacuerdo con 11, me parece que sus posiciones son en su mayoría insultantes, deshonestas y nocivas para la sociedad, pero defiendo su libertad de expresión.

¿Por qué es importante la libertad de expresión?

Las sociedades están en constante cambio y evolución, lo que hoy es el corazón de la moral de la sociedad mañana podría ser inaceptable. Eso es lo que le pasó a José Antonio Kast y la mayoría de sus seguidores que hace 40 años me habrían cerrado las puertas a mí desde una moral católica conservadora que censuraba cualquier espacio en medios a la diversidad. La libertad de expresión protege hoy a sus discursos disidentes retrógradas, pero también protege a todos los discursos de cambio que suelen ser disidentes en sus inicios, repudiados muchas veces y que sin la libertad de expresión no podrían existir.

Pero no es sólo eso, la libertad de expresión es el mecanismo por el que aprendemos en el debate público. Al exponer mis posiciones me abro a que los demás me respondan y aprender de esa interacción, me expone a los discursos de los demás y revela la debilidad de mi discurso ¿Qué pasaría si censuramos a un discurso como el de José Antonio Kast? Para muchos podría resultar placentero ya no oírlo –y me incluyo–, pero eso no va a silenciar a sus seguidores ni lograr que cambien de opinión, sino que van a reforzar sus discursos y al no poder expresarlos libremente van a terminar encerrándose en estos.

Pero cuando hablamos de José Antonio Kast es indispensable entender que tiene visiones distorsionadas de la libertad de expresión, la que interpreta como la posibilidad de expresar cosas sin una respuesta y así no funciona. Sí, me desagrada, pero Kast tiene derecho a expresar las posiciones que quiera a favor de Pinochet, contra la diversidad o las que prefiera, pero eso no implica que corresponda una autocensura del lado opuesto porque haya que “respetar” su opinión.

Las personas merecen respeto, las opiniones merecen escrutinio y se ganan el respeto según su consistencia y nadie tiene derecho a poder emitir una opinión sin que le respondan, pongan adjetivos a su opinión o la rechacen. Entonces cuando José Antonio Kast dice que está siendo discriminado porque no respetan su opinión no es más que una pataleta para armar falsas equivalencias y desgastar la palabra hasta que pierda significado. El principio de no discriminación es para personas, no para ideas.

Lo que hace finalmente José Antonio Kast (además de desinformar) es plantearse como víctima para censurar, pretendiendo así que porque la libertad de expresión protege su derecho a expresar una opinión, eso inmediatamente la haría acreedora de respeto y vuelve un intolerante a quién la critique. Pero así no funciona, ninguna opinión está sobre la crítica y decir que sus posturas son retrógradas, discriminadoras y nocivas para la sociedad no es ser intolerante, es libertad de expresión.

No olvidemos que la libertad de expresión va en dos sentidos, que hay una jerarquía básica según la cual las personas somos prioridad respecto a las opiniones y, si tu opinión no me respeta como persona, no pretendas que respete tu opinión.

Y sobre todo, así como no hay libertad de expresión sin la posibilidad de expresar posturas diferentes, no existe libertad de ser si el estado dificulta los proyectos de vida de quien es diferente. Seamos transparentes, José Antonio Kast no defiende la libertad, ni siquiera entiende en qué consiste.


Ingeniera industrial y activista en diversidad