La joven Shiori Ito, una comunicadora japonesa de 28 años, decidió hablar públicamente de su violación y denunciar a un destacado periodista pero jamas pensó que el hecho provocaría una serie de insultos y críticas en su contra. 

“No pude volver a mi propio departamento en tres meses. Recibí amenazas y comentarios muy negativos”, señaló Ito, relatando las agresiones que ha sufrido desde que dio a conocer el hecho.

“Zorra”, “prostituta” y “deberías estar muerta” fueron algunos de los comentarios que recibió tras su denuncia pública, tanto en redes sociales como en su correo electrónico.

Shiori Ito contó en mayo de 2017 que había sido abusada violada por el periodista Noriyuki Yamaguchi, un influyente reportero ex jefe de la oficina en Whashington de la cadena japonesa TBS y biógrafo del Primer Ministro Japonés, Shinzo Abe.

El periodista la llevó a su hotel cuando, tras cenar y tomar unas copas, perdió el conocimiento. Su versión fue confirmada por las cámaras de seguridad y por el taxista que los trasladó a ambos hasta el lugar.

La joven despertó dos horas después, desnuda y adolorida, con Yamaguchi sobre ella. Luego tuvo que enfrentar una dolosa investigación, en la que fue obligada a recrear la agresión con un maniquí de tamaño real mientras era fotografiada. Más tarde relató que los policías le dijeron que las violaciones son “cosas que pasan a menudo, pero son difíciles de verificar”.

Pese a la orden de detención contra el comunicador, el arresto no se hizo efectivo, ya que el jefe de la investigación ordenó que se detuviera y la fiscalía retiró los cargos, alegando falta de pruebas. Por su parte, Noriyuki Yamaguchi argumentó que el hecho fue consentido.

La primera vez que se decidió a hablar del abuso frente a cámaras, Ito fue cuestionada por la credibilidad de su testimonio y sus compatriotas llegaron a poner en duda su nacionalidad: “Una auténtica japonesa no hablaría de cosas tan vergonzosas”, argumentaron.

En la sociedad japonesa, la irrupción del movimiento #MeToo y de este tipo de denuncias es vista como una actitud individualista, egocéntrica y hasta poco femenina, lo que explica que el 5% de las víctimas de violencia sexual no acudan a la policía. De hecho, hasta julio de 2017, robar en Japón (cinco años) implicaba mayores penas de cárcel que una agresión sexual, con tres años de prisión. La reciente enmienda a la ley fue la primera en 110 años.

A juicio de la comunicadora, el movimiento aún no logra avanzar en el país, no por responsabilidad de las víctimas, sino “porque la sociedad japonesa quiere que permanezcan en silencio”.