En términos de anécdota, los relatos de Furia Diamante nos presentan personajes muy distintos entre sí ad portas de un evento importante y decidor capaz de modificarlos para siempre. En “Ziploc”, por ejemplo, un caníbal se prepara para enfrentar su última cena. En “El martillo de plata”, una mujer que no soporta verse reflejada enun espejo recuerda su rinoplastía y decide acabar con sus problemas por su propia mano. En “El perro”, un joven recuerda la historia del perro del barrio mientras es elegido como victimario por el grupo y se apresta para ejecutar la orden:

“Hacía semanas que habíamos elegido entre todos a la víctima. La habíamos estudiando a sabiendas de que podíamos estar eligiendo, a la vez, al victimario. Como si, en el fondo, nada estuviese decidido del todo y a cualquiera le pudiese tocar enfrentarlo a último momento. La ecuanimidad es una inteligencia preventiva: yo lo supe temprano, en esos años torpes, nebulosos”.

Todas estas historias, aparentemente disímiles, comparten un tono íntimo y oscuro que construyen un mundo de relaciones que no se perciben a simple vista, otro ejemplo de esto lo encontramos en “Babosas”: Ella hacía listas mentales. Había blancos por toda la casa. Donde habían estado los sillones, la mesita, el gran televisor heredado o la magnífica lámpara de bronce, ahora había una transparencia inquietante. Miraba de frente las cosas que ya no podía tocar y no salía de su asombro. El gato estaba confundido. Maullaba reclamando el sillón en el que se pasaba las tardes holgazaneando. Ella maulló también un poco, por probar algo, pero nada de lo que se llevaron volvió a aparecer en su lugar.

Destaca en estos relatos una escritura de la intimidad cotidiana de la mano de un cuidado por las palabras que no es tan común en un libro de narrativa. En estos relatos, los personajes se atreven a explorar sus deseos en medio de una escritura de alta densidad, destilada, despojada de adornos o desvíos del lenguaje. Son siete cuentos breves. Brevísimos. Donde habita lo banal y al mismo tiempo imprescindible. Nos encontramos con lo sensorial desde un conjunto de imágenes conformadas por palabras. Palabras sin afán de totalidad que abordan momentos singulares de la cotidianeidad. Una poética de la ralentización del instante, de la amplificación, de los detalles. Por ejemplo, en “Lo que hay después de las nubes”, una mujer es abordada por un pensamiento mientras va de copiloto por la autopista intentando salir de la ciudad: “Yo detestaba ese pensamiento pero no podía derribarlo. Me miraba las manos, el anillo de plata, contaba las pulseras. Intentaba acercarme a lo que tenía más cerca, para que mi cabeza no se me saliera volando como un globo infectado con ese pensamiento adentro. Abrí un paquete de galletitas que había traído de casa. Le ofrecí una”.

Tras leer el libro, la sensación con la que queda el lector es de que hay algo oscuro, sórdido, perverso en los pliegues de la realidad. Valeria Tentoni se toma el tiempo de explorar esos pliegues, de bordearlos, de entenderlos desde otro ángulo, mientras evita mirarlos de frente.

Así, la de Valeria Tentoni es una narrativa del preámbulo, de lo que está por venir, de todo lo que pasa antes de los acontecimientos, de lo que sucede cuando nada pareciera suceder, de la excitación que acompaña a la espera, de la acumulación, de la energía potencial. Es una literatura de la amplificación del tiempo. De mirar con detalle, de detenerse en un sonido, un objeto, un recuerdo aparentemente insignificante. Un relato de la intimidad al mismo tiempo que una exploración del lenguaje. Un juego de imágenes. Furia diamante es un libro delicado y cruel al mismo tiempo, de personajes familiares y a la vez oscuros, de relatos tramados con cuidado y con destreza donde los lectores podrán encontrar detalles y recovecos que hagan eco en su propia vida cotidiana. Un tesoro escondido a plena luz del día.

Furia Diamante
Valeria Tentoni
Libros del Pez Espiral
53 páginas