Sra. Directora:

Siento vergüenza e indignación por los sucesos que hoy pasan en la iglesia, y siento rabia, mucha rabia respecto a la reacción de los altos mandos de la jerarquía chilena.

Nada puede acabar con el sufrimiento de los niños o jóvenes abusados, pero hay acciones mínimas que espero como católico. En una primera instancia la desvinculación de la jerarquía y de cualquier puesto de poder de aquellos que se han encargado de truncar la confianza de los laicos.

Es hora de empezar a cuestionarse muchas cosas dentro de la iglesia, como la distribución de poder que ha sido un facilitador en los abusos cometidos. Hay que empezar a exigir cambios contundentes, hay que ocupar espacios que se nos han sido arrebatados (especialmente a la diversidad sexual) y solicitar cosas concretas. Yo solicito de manera muy concreta la renuncia del Cardenal Ezzati nuevamente, es inaceptable que hoy nadie sea el culpable de desinformar al Papa Francisco, todos son parte de un show mediático del cual los últimos en enterarnos somos las comunidades bases, el pueblo que es la verdadera iglesia.

Quiero decir que aún con estos sucesos terribles y declaraciones vergonzosas que no transparentan lo suficiente, habemos personas luchando desde dentro de la iglesia, apoyando a los laicos de Osorno, recuperando puestos necesarios que se nos fueron quitados históricamente por nuestra orientación sexual o color político. Y me apena en este sentido que no tengamos cabida en la prensa, porque las noticias que importan para cierto sector del periodismo son las noticias que venden, aquellas amarillistas que calzan perfectamente con el sistema neoliberal en el que estamos. Y aun en este contexto muchos alzamos la voz junto a algunos referente más públicos como el Padre Berrios o Mariano Puga y otros menos conocidos como el fallecido Cristian Jonás o el Padre Pedro Azocar (ex dirigentes de nuestro movimiento en los años cercanos al golpe militar).

Nada ni nadie nos va a quitar la esperanza y fuerza de luchar desde la cuna del conservadurismo. Y con esto quiero enviar un fuerte abrazo a los grupos feministas y de las diversidades que luchan desde fuera de la iglesia, pero también un muy afectuoso saludo a los valientes que luchan desde dentro con pequeños hitos que van produciendo un cambio en la Iglesia Católica.

Aún faltan muchos cambios que realizar dentro de la iglesia en especial frente a los hechos de abusos y otros como las declaraciones del Cardenal respecto a la comunidad trans y la ley de identidad de género, lo importante es decir que los laicos y las comunidades bases nos estamos empoderando y estamos haciendo lío, un lío que nos dé un corazón libre, un lío que nos dé solidaridad, un lío que nos dé esperanza, un lío que nazca desde los laicos clamando volver a la iglesia Católica que hace años atrás se comprometió con los DDHH. Una iglesia que no mira desde dentro y prostituye el discurso de la pobreza, sino una iglesia que decide desde los laicos y va a las periferias a conocer y ser parte de las realidades que cohabitan en Chile.

Y personalmente no me voy a detener en esta lucha hasta que yo y muchos otros y otras lleguemos a los altares de nuestras parroquias y podamos decir junto a nuestras parejas independiente de la orientación sexo-afectiva que tengamos un orgulloso “sí, acepto”.