Hace unos días, distintos medios nacionales compartieron uno de los resultados más alarmantes del estudio sobre Educación Cívica y Ciudadana de la Asociación Internacional para la Evaluación del Logro Educativo, y el cual refiere a la enorme proporción de estudiantes de 8º básico que estarían dispuestos a respaldar un régimen autoritario si éste garantizara seguridad y orden.

No es extraño suponer que un 57% los estudiantes de octavo básico quieren mantener el orden a como dé lugar -es que la escuela es un dispositivo obsesionado por el orden: es el orden el que configura el espacio educativo, todo lo que tenga relación con el desorden es considerado fuera de lugar, porque además se le vincula al conflicto, la fragmentación y los desequilibrios, tan necesarias para cualquier comunidad democrática.

En este sentido, nos cuestionamos qué tan democrática se ha vuelto la escuela a la luz de estos resultados y nos cabe preguntarnos: ¿son los colegios y escuelas espacios que permiten entender la democracia como oposición de fuerzas, coaliciones e ideas? ¿Se logra transmitir que las diferencias son la base de la democracia? ¿Se ha podido reflexionar en estos espacios que la discusión, el cuestionar nuestros gobiernos e instituciones es también eje central de la democracia?

A raíz de estos resultados, varias voces han sugerido que la reimplementación de la formación ciudadana dentro de los colegios sería una forma de enfrentar esta situación. No obstante, en esta columna sugerimos que no todas las formas de abordar la formación ciudadana tienen el mismo efecto.

Ciertamente se asume que cualquier plan de formación ciudadana debiera orientarse hacia la formación de ciudadanos dotados de las herramientas necesarias para participar activamente en un ambiente democrático. Sin embargo, a pesar de los avances en esta materia en la práctica todavía se reproduce una forma de entender los establecimientos educacionales como espacios en donde la democracia y la participación son prescindibles e incluso obstáculos en el proceso educativo. Igual impedimento para el desarrollo de la formación ciudadana suponen los altos niveles de segregación escolar y el deterioro de la educación pública como espacio de encuentro entre diferentes. De esta manera, el lugar en donde las nuevas generaciones debieran desarrollar valores y prácticas democráticas opera de manera opuesta a los valores que debieran promover.

Es necesario encontrar formas de construir en conjunto con los estudiantes, así como con el resto de la comunidad escolar, la idea de que la democracia es un valor en sí mismo. Esto solo será una realidad en la medida que dejemos atrás pedagogías basadas en el autoritarismo y la sanción, en la medida en que convengamos en discrepar no es sinónimo de insolencia y falta de respeto, cuando erradiquemos antiguos preceptos, que se han ido modificando y sofisticando, pero que parten de la base que los estudiantes aprenden mejor cuando compiten y cuando se limitan espacios de participación y organización escolar.

Es así que la formación ciudadana y los ejercicios de memoria podrían contrarrestar esta cifra tan oscura, donde se resalta que la democracia y sus derechos se van ganando lucha a lucha y que hombres y mujeres han dado hasta sus vidas para ir avanzando en espacios más democráticos. Sin embargo, si el ejercicio de recordar no se intenciona se crea la falsa ilusión que la democracia siempre ha existido y que nunca se va a perder. Podemos crear como efecto que se omita o se quite valor a las luchas diarias por nuestros derechos, que concentrar el poder en algunos pocos, hasta incluso en una sólo persona es necesario para mantener el orden, poniendo en riesgo los derechos alcanzados y finalmente nuestra vida en sociedad.

Vencer el tabú de hablar ciertos temas, el tabú de hablar de política, del golpe y de las torturas vividas en nuestro pasado reciente, nos permite no olvidar. De esta forma no nos hace parecer que lo crudas, crueles y horrorosas que fueron nuestras propias dictaduras y el retroceso que produjeron en la vida democrática, fueron actos de simple “orden”: higiénicos, concientes, humanizados, como si los gobiernos autoritarios fuesen la solución a las crisis de los países, generalmente provocadas por los egoísmos civiles de unos pocos.

Es necesario, en conclusión, dar un vuelco y repensar la formación ciudadana y el ejercicio de la memoria no como solo como un ramo más dentro del curriculum, sino como una forma de entender la sociedad reflejada en liceos y colegio en su desarrollo cotidiano.


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