Quince trabajadores de la industria exportadora de salmónidos en Chile han muerto en sus puestos de trabajo entre noviembre de 2016 y abril de 2018. Este periodo es posterior a la aguda crisis sanitaria y ambiental que afectó a la Isla de Chiloé a comienzos de 2016, debido a la ocurrencia de sucesivos mega florecimientos de micro algas nocivas y tóxicas causados por los altos niveles de contaminación orgánica, sumados a cambios en las condiciones climáticas y oceanográfica.

De los trabajadores salmoneros fallecidos, 10 eran buzos, 3 tripulantes de embarcaciones y 2 transportistas terrestres. A ésta dramática cifra -propia de una industria tercermundista-, se debe agregar la muerte de tres niños que acompañaban a su padre, chofer de un camión que transportaba de víscera de peces para su reducción, siniestrado el 14 de abril del 2018 en Chonchi, Isla de Chiloé.

Durante los últimos 17 meses han muerto en promedio casi un trabajador salmonero por mes. Esta información invisibilizada entre las cifras de exportaciones y generación de divisas, evidencia -de manera indesmentible- las precarias condiciones de seguridad laboral que impera en el segundo país productor y exportador de salmones de cultivo, los que se destinan a abastecer mayoritariamente al mercado norteamericano.

A la cruel realidad de éstas cifras, que ubica a Chile como el productor de salmones de cultivo con la mayor tasa de mortalidad y accidentabilidad a nivel mundial, se deben agregar los trabajadores y trabajadoras que laboran para subcontratistas, con trabajos precarios y con una alta prevalencia de enfermedades invalidantes, debido a las extensas jornadas de pie, efectuando trabajos repetitivos, bajo condiciones de alta humedad y bajas temperaturas, o buceando largas jornadas en las balsas jaulas a profundidades mayores a 20 metros, sin los resguardos necesarios.

Los bajos estándares laborales y sanitarios de una billonaria industria exportadora global

Chile es el segundo productor de salmón Atlántico (Salmo salar) de cultivo industrial, contribuyendo con el 36% de la oferta mundial. A pesar de ser una potencia productiva y el principal abastecedor del mercado norteamericano, el que consume el 28% del volúmen y el 36,5% del valor generado por las exportaciones de salmónidos chilenos, éstos cultivos industriales presentan una gran precariedad en sus estándares laborales y de seguridad para sus trabajadores y trabajadoras, al ser comparada con la situación de la industria salmonera en Noruega, USA, Canadá, Escocia, Islas Faroe (Dinamarca), Australia, Nueva Zelanda e Irlanda.

La industria de cultivo intensivo de salmónidos asentada en el sur de Chile se caracteriza por su alta concentración económica -donde cinco empresas, de un total de 23, controlan el 46,2 % del volumen exportado anualmente-, y las extraordinarias ganancias generadas por las exportaciones de salmónidos, las que el 2017 alcanzaron los 4.600 millones de dólares.

A lo anterior se suma el hecho que el 98% de las producciones de salmónidas chilenas se exportan a más de 70 mercados, siendo Estados Unidos el más importante, ya que representa el 36,5% del valor total de los envíos (1,22 billones de dólares ), y el 28,7% del volumen total exportado (92.572 toneladas métricas).

Esto ha atraído a empresas transnacionales como Mitsubishi (Cermaq), Mitsui y Nippon Suisan (Japón), Cargill y Cooke (Norte América); Nutreco, Ventisqueros, Biomar, Europharma, Elanco, Hendrix Genetics y BASF (Europeas) y Marine Harvest, Akva Group, Stofnfiskur, Pharmaq AS, Aquagen y Solvtrans (Noruegas).

Lo anterior deja en evidencia que la industria salmonera en Chile es tan sólo un enclave de un sistema globalizado, dónde se articulan sectores financieros y de la banca internacional, con las empresas  transnacionales farmacéuticas y de biotecnología, las mega compañías productoras y distribuidoras de alimento, cadenas de supermercados, así como empresas de logística y de transporte naviero, terrestre y aéreo.

Salmón Químico Industrial Chileno: Una peligrosa delikatessen

El alto consumo de salmón de cultivo en el mercado norteamericano constituye la fuerza motriz que impulsa la destructiva expansión salmonera en el sur de Chile, así como los procesos asociados de violación de los derechos de las mujeres, trabajadores/as, comunidades costeras y de pueblos originarios.

En lo laboral, la industria de cultivo de salmónidos en Chile se caracteriza por presentar los menores salarios, las jornadas más extensas, así como las mayores tasas de accidentabilidad y mortalidad de esta industria a nivel global. A ello se unen altos niveles de subcontratación y la aplicación de dobles estándares de parte de las compañías transnacionales, junto a  prácticas antisindicales, despidos masivos y creación de precarios “empleos temporales por faena”, con posterioridad a las habituales crisis sanitarias, ambientales y financieras que la afectan.

En lo social, ésta situación de creciente vulnerabilidad laboral, ha dado origen al establecimiento de ocho “tomas” o campamentos de trabajadores salmoneros cesantes en la zona de Calbuco, región de Los Lagos, cuyas familias carecen de los servicios básicos.

Evidenciando las condiciones de seguridad sub-estándar en que se desarrolla el transporte marino-costero de la industria salmonera, es preciso mencionar que durante el 2013 y 2017 se han hundido en las costas de Chiloé, Aysén y Magallanes tres mega well boats (“Seikongen”, “Amadeo” y “Orca.-Yagan”) y la barcaza “Valentina”, los que transportaban cientos de toneladas de salmones, petróleo y pellets para peces, demostrando la existencia de un verdadero “far west” en el transporte marítimo-costero sur-austral.

Los “salmones de sangre” compiten por los consumidores internacionales

La industria del salmón tiene 20.077 trabajadores directos, mientras 1.200 empresas asociadas del “cluster del salmón” emplea a 41.555 obreros adicionales. De ellos, 76% son hombres y un 24% mujeres, quienes trabajan principalmente en plantas procesadoras industriales, centros de cultivo y actividades de transporte. Tan sólo un 14% se encuentran sindicalizados, siendo un porcentaje minoritario los que negocian colectivamente. Esto contrasta con la situación en Noruega, donde el 50% de los trabajadores salmoneros se encuentran afiliados a sindicatos.

Durante el peak productivo de 800.000 toneladas de salmónidos anuales, antesala de la mega crisis sanitaria-ambiental de 2007, debido a la introducción del virus de la anemia infecciosa del salmón (ISA, por sus siglas en inglés), el Centro Ecoceanos, basado en información de los sindicatos de trabajadores, la Armada de Chile, la Dirección del Trabajo y las fiscalías regionales de Los Lagos y de Aisén, registró la muerte de 42 trabajadores del sector salmonero entre el 2005 al 2007. Esto significó un promedio de más de un trabajador muerto por mes. Por ello, la situación de creciente mortalidad laboral existente en este nuevo ciclo de auge salmonero, a partir de finales de 2016, es plenamente anticipable, por lo que llama la atención la falta de una política precautoria y de fiscalización del Ministerio del Trabajo y sus direcciones regionales, así como de la Armada de Chile, a través de la Directemar.

“Salmones de sangre” para el mercado internacional

El actual ciclo de incremento de las producciones y altos precios internacionales del salmón están íntimamente unidos a altas mortalidades y accidentes de trabajadores. Esta vez, en un contexto de billonarias ganancias, las que el 2017 permitieron duplicar la capitalización bursátil de las compañías que cotizan en la Bolsa de Comercio de Santiago, mientras el valor de las empresas salmoneras ha aumentado en un 127%.

Entre las empresas salmoneras relacionadas con los trabajadores muertos en accidentes laborales se encuentran: Nova Austral, Marine Harvest, Cermaq/Cultivos Chiloé, Australis SeaFoods y MultiExport.

A las altas tasas de accidentabilidad y mortalidad laboral en la industria salmonera chilena de exportación, se unen las riesgosas condiciones sanitarias al existir el empleo masivo e indiscriminado de químicos (antibióticos, antiparasitarios, colorantes, desinfectantes, pinturas antifouling y antifúngicos, entre otros) durante las operaciones productivas habituales.

Por ello, tanto el movimiento social como los consumidores internacionales informados han comenzado a designar a las producciones provenientes de Chile como “salmón químico de criadero industrial” en términos sanitarios, y “salmones de sangre”, en términos laborales, sociales y ambientales.


Médico Veterinario. Director Ejecutivo Centro Ecocéanos