La entrada del Congreso ya revelaba que la de este miércoles no sería una mañana normal en el hemiciclo. La interpelación del ministro de Salud, Emilio Santelices, había despertado mucha expectativa: no sólo por tratarse de la primera del nuevo gobierno de Sebastián Piñera, sino también porque el tema a abordar –la modificación del protocolo de objeción de conciencia de la Ley de Aborto en 3 causales– fue muy polémica y debatida en su momento.

Afuera, las colas para recibir las acreditaciones eran más largas de lo habitual, y las invitaciones circulaban de una mano a la otra frenéticamente. Adentro, los protagonistas cerraban los últimos detalles para enfrentar el orden del día. Algunos de los diputados de la Nueva Mayoría pegaban en los computadores afiches reclamando “Justicia para Ámbar”, la bebé de un año que murió el fin de semana tras una brutal violación. La Cámara la recordó con un minuto de silencio antes de empezar la sesión. Al lado opuesto, los parlamentarios de Chile Vamos exhibían otro mensaje, de otro tinte: “La izquierda destruyó la salud en Chile”.

Al centro de la Sala se sentaba el ministro interpelado, acompañado de la vocera de gobierno, Cecilia Pérez, el ministro de la Segpres –Gonzalo Blumel– y su subsecretario –Claudio Alvarado–, la subsecretaria de Redes Asistenciales, Gloria Burgos, y su homóloga de Salud Pública, Paula Daza.

Mientras, en la tribuna, el público terminaba de instalarse en sus asientos. Del lado del oficialismo, unas 50 personas proveídas con afiches, carteles y banderas esperaban ansiosas la salida del ministro al ring. Entre los asistentes, un rostro no pasó desapercibido: Marcela Aranda, la polémica vocera del transfóbico “Bus de la Libertad”.

interpelación Santelices

/ Agencia Uno

Del lado de la oposición, la comediante Natalia Valdebenito junto con una representación de las funcionarias de la Federación Nacional de Profesionales Universitarios de los Servicios de Salud (Fenpruss), todas de azul, y varios otros pequeños grupos, aplaudían las primeras palabras de la diputada Marcela Hernando (PR), encargada de formular las preguntas a Santelices: “Hoy represento a miles de mujeres, cuyo derecho hoy usted está limitando arbitrariamente y que se manifestaron en favor de esta ley”, empezó la parlamentaria, arrancando los primeros aplausos y silbidos de partidarios y detractores. “¿Cuántos fueron los puntos modificados del protocolo original?”, preguntó acto seguido la interpeladora.

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La respuesta del ministro, que podría haber sido simple y concisa, puso de manifiesto sus intenciones de escabullirse de la situación que recién enfrentaba. Sus primeras palabras sirvieron a los espectadores de preludio de todo lo que vendría después. Santelices mostró desacomplejadamente su poca voluntad de transparencia y dejó claro desde su primera réplica que no estaba dispuesto a tener que dar explicaciones por nada ni ante nadie.

Barra brava

Su estrategia pasó por hacerse el desentendido del asunto en cuestión y repetir como loro y hasta la saciedad que “los derechos de las mujeres están resguardados” y que “no existe discriminación alguna entre mujeres”. A cada pregunta, la autoridad salía con su tema, el que él quiso abordar. Así, Santelices repasó la Ley de Isapres, los convenios –pero no los gineco-obstetras, sino lo oncológicos–, la falta de camas en los hospitales, el aumento de contagios de VIH o el eterno problema de las listas de espera.

La barra brava piñerista se encargó de amenizar todas y cada una de las intervenciones del ministro, celebrándolo enérgicamente con aplausos y halagos. Con el mismo énfasis que abucheó, gritoneó e insultó todas y cada una de las palabras de la diputada Hernando.

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A medida que transcurrían los minutos, el Congreso parecía más un espectáculo circense que una fiscalización del Ejecutivo. Los gritos del público eran más propios de una hinchada que de un grupo de ciudadanos interesados en escuchar las palabras de una de los máximos altos cargos del país.

Transcurrido más de la mitad de espectáculo y ya sin esperanzas de llegar a esclarecer nada, la oposición denunciaba los escapes y huidizas de Santelices: “El ministro no responde la pregunta”, rezaban los carteles que mostraban los parlamentarios frenteamplistas y de la Nueva Mayoría.

El descaro del ministro para evitar responder llegó a tal punto que incluso después de sortear una pregunta sobre el requerimiento legal de Clínica Alemana de Osorno, se permitió sacar un nuevo tema de la manga e instalarlo como si se tratara de aquello que todos los asistentes esperaban oír: “Quiero que sigamos avanzando en lo que preocupa a las mujeres. Les quiero mostrar ahora el aumento del gasto de licencias médicas”, sorprendió Santelices con el afán de distraer y perder así aún más el tiempo de la interpelación.

La jugada, fue criticada por el diputado Víctor Torres (DC), quien solicitó a la presidenta Maya Fernández (PS) que informara al ministro del tema de la interpelación. “No espacio para propaganda política”, espetó el falangista.

Hernando, visiblemente hastiada de la situación, aprovechó la instancia y en medio del jaleo de la tribuna, que no dejó pasar una sola crítica al ministro, llamó “al respecto” por la interpelación y pidió al interpelado “ayudar a recuperar la confianza en este instrumento legal que nos da la Constitución”. E insistió: “Por favor, conteste lo que se pregunta”.

-¡Nos faltaron al respeto cuatro años!
-¡No, ocho!
-¡Antipatriota!

Los barristas de la derecha no dieron tregua. Interrumpieron hasta el final e incluso tuvieron que ser advertidos individualmente en varias ocasiones por la presidenta de la Cámara. El show entre el ministro desde el pulpito y sus seguidores desde la tribuna era una retroalimentación constante, una especie de euforia in crescendo que se entregaban recíprocamente y que llegó a uno de sus clímax con el “momento mochila”. Como si de un mitin electoral se tratara, Santelices alzó el tono progresivamente, alcanzando la exageración, gesticulando con las dos manos y apuntando con el dedo. Toda una puesta en escena para referirse a la deuda en salud del anterior gobierno que, según él, equivale a 15 hospitales. “Tenemos que hacernos cargo de la pesada mochila que hemos recibido, pero no le vamos a hacer el quite”, gritó. Sus palabras desbordaron la galería, que se derritió en aplausos y “¡bravos!”.

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Entonces… ¿Piñera sabía?

La interpeladora decidió cerrar el cuestionario sobre el protocolo abordando el supuesto desconocimiento del presidente Piñera en el asunto. Quizás este punto fue de los pocos que se aclararon durante la instancia. La diputada recordó que el artículo 35 de la Constitución establece que los decretos e instrucciones podrán expedirse con la sola firma del ministro y por orden del presidente de la República. Basándose en los dichos del ministro a la prensa, Hernando preguntó si “el actuar [del ministro] se apegó a derecho”. Santelices contestó: “Usted establece una suerte de ilegalidad sobre un supuesto falso”. Y continuó: “Establece que estamos en presencia de un protocolo que sobrepasa Constitución y eso no es así”. Entre tanta bulla, pasó casi desapercibido, pero de los dichos de Santelices puede deducirse que Piñera siempre estuvo al caso de la publicación del nuevo protocolo.

Después de aguantar “el discurso de los fenicios”, preguntar (indirectamente) a su interpelado si cree que es “weona”, y tener que soportar que éste la llamara “diputado” durante toda la sesión –“¿Cómo se sentiría si le digo ministra a usted?”, le largó ella–, Marcela Hernando se anotó un buen punto.

No alcanzó para mucho más. A las 13:10 llegó el turno de las bancadas. Justo a la misma hora que un temblor se dejaba sentir al interior del hemiciclo. ¿Será que vienen tiempos movidos para Santelices?