“Debe ser difícil ser un héroe” le dice en varias oportunidades el Guasón a Batman en el nuevo filme producido por la compañía estadounidense DC Entertainment que, desde 1934 bajo distintos nombres, ha estado detrás de todas las apariciones de los miembros de la Liga de la Justicia. Pero por primera vez, en Batman Ninja (2018) los encargados de construir el universo DC son talentosos japoneses que han puesto a disposición de los convencionales escritores estadounidenses todo su estilo animé transformando cada encuadre en una verdadera pintura medieval. Y es que el filme se inicia luego de que, a causa de un enfrentamiento con Gorila Grodd y su máquina del tiempo, Batman realiza un desplazamiento forzado desde la Ciudad Gótica de los ’00 al Japón feudal del siglo XII. Al llegar a Japón va cayendo en cuenta que tanto sus aliados como sus enemigos corrieron la misma suerte y entonces han trasladado su clásica disputa por el poder a los albores del mundo oriental de siglos atrás. Es así como cada villano -desde Hiedra Venenosa hasta el Pingüino, pasando por Dos Caras- ha tomado el control de cada uno de los feudos que forman parte de una tierra dividida que ansía ser aglutinada bajo la única cabeza del Guasón, quien, contrario al dictado de cualquier shogun, intentará desafiar al orden introduciéndole ciertas variaciones para conducir al caos total.

La frescura que le brinda la mirada japonesa a una historia típicamente estadounidense puede percibirse en las múltiples referencias cruzadas que, arriesgando, se podría decir que adoptan la forma de un collage. Es así como en esta versión de Batman se reúnen al mismo tiempo las armas de las Tortugas Ninja, el megazord de los Power Rangers, las patadas voladoras de Mortal Kombat, el excesivo lugar que ocupan los ojos en el manga y la ética guerrera de la tradición samurái. En esta peculiar juntura, el honrado ciudadano Bruce Wayne se enfrentará a la difícil tarea de convertirse en el justiciero Batman sin los elementos tecnológicos de los que gozaba en su hábitat occidental. Dado lo anterior, es notable la radicalidad que asume este filme al adscribir a la idea de que la única manera de mostrar una movilidad que pueda estar a la altura del collage, es a través de las potencialidades de la animación, entre las cuales se encuentra no tener límite alguno para alcanzar niveles coreográficos de lucha tan expresivos.

Sin embargo, la consistencia entre el modo de presentación del filme y la resolución de la dificultad a la que se enfrenta Batman, termina por desvanecerse al detenernos en el tratamiento del tiempo que instala el propio filme. La disputa que esta vez sirve de encuentro entre Gorila Grodd, el Guasón y Batman no está fundada solamente en hacerse del poder en el sentido trivial del término. A Gorila Grodd y al Guasón no sólo les interesa posicionarse como el líder bajo el cual se alinean los feudos más importantes del Japón de la época. A Batman no sólo le interesa impedir que los japoneses sufran la supuesta tiranía de Gorila Grodd o del Guasón. Lo que a los tres les interesa, en modulaciones diversas, es hacerse de la historia. En el caso de Gorila Grodd, su objetivo es asumir la posición de emperador para cambiar el modo en el que se ha escrito la historia de Japón, modificando su pasado. En tanto que el Guasón quiere ser el líder de los japoneses para, desde allí, destruir la historia de la diferencia entre oriente y occidente por la vía de introducir un caos total. Por último, Batman quiere garantizar a los japoneses que la historia seguirá desarrollándose tal cual está escrita, protegiendo el futuro. Lo que los tres tienen en común es el supuesto de que la historia es una línea recta trazada y en permanente ascenso. Y entonces el héroe que es difícil ser no es sólo aquel que debe estar permanentemente resolviendo dilemas morales que también aparecen en este filme (“mato al Guasón o salvo a una mujer que lleva a su hijo en brazos a punto de ser aplastada por un objeto contundente”), sino que aquel que se convierte en el garante de una historia ya escrita y dirigida hacia el progreso.

En ese sentido, este filme está construido sobre la tensión que se produce cuando se encuentran dos mundos: el estadounidense con sus historias linealmente contadas de héroes y villanos que en relación al poder son opuestos simétricos, y el japonés con sus historias de animé con las que devuelve los arquetipos a la vida cotidiana que es intensa y a la vez pausada. Pero termina por ser una muestra más de la superioridad de uno sobre otro al adoptar Batman ninja la forma de una reverencia de los japoneses a los estadounidenses como si se tratara de una reconocimiento de que el imaginario occidental, representado por el éxito de Batman, ha absorbido exitosamente a la cultura dilatada de los japoneses. Lo que DC Entertainment magistralmente hace es, entonces, anotarse una nueva victoria en la cuenta de los vencedores que son los protagonistas de la Historia.


La mirada de los comunes