Una jornada con importantes exponentes de los distintos estilos que se combinan dentro de las escenas del indie y la electrónica fue lo que ofreció el Festival Fauna Otoño 2018 en la jornada que se realizó el pasado sábado 12 de mayo en Espacio Riesco.

Folk, reggae, post rock y gran presencia de sintetizadores y beats fueron las apuestas sonoras en esta segunda edición del festival hermano de Primavera Fauna, y que en su primera edición de 2017 trajo a Chile nombres como Slowdive, Beach Fossils, This Will Destroy You y The Radio Dept.

Los encargados de dar inicio al festival fueron los chilenos de The Holydrug Couple, quienes aparecieron puntuales en el escenario a las 15:30 horas para encender los ánimos. En los 45 minutos de show, y con más de diez años de trayectoria, hicieron un breve pero contundente recorrido por su apuesta de pop psicodélico y además, a modo de agradecimiento a quienes “llegaron tan temprano” para verlos, presentaron uno de sus nuevos temas.

Con solo 18 años, el cantautor y multiinstrumentista británico Cosmo Pyke apareció como el primer número internacional de la jornada para aportar con una mezcla de variados sonidos que abarcan desde el R&B, soul, reggae, jazz y dub.

Vestido con un overol naranjo, y con la etiqueta de haberse convertido en una de las revelaciones de la música inglesa de esta temporada, el también modelo y grafitero se mostró confiado, relajado y lució sus habilidades vocales y en la guitarra mientras presentó los temas de su EP “Just Cosmo” (2017). Además estrenó nuevas canciones como “Railroad tracks” e “In my town”.

En tercer lugar vino el turno de Sun Kil Moon, el proyecto de folk rock del ex Red House Painters, Mark Kozelek, quien se mostró de buen humor y presentó principalmente canciones de su más reciente producción –que lleva su mismo nombre, y que insistió en repetir para que nadie olvidara su pronunciación–, en un show con predominancia de sonidos oscuros, importante presencia de teclados, y en el que incluso bromeó sobre lo largas y desconocidas que eran los temas para el público.

Cuando ya había pasado más de media hora de presentación, el estadounidense accedió a tocar canciones que fueran familiares: primero fue “Linda Bler”, que “va a eclipsar la tarde, la van a pensar incluso durante el show de Mogwai” dijo entre risas, mientras contaba que le cargaba y que se iba a sentir decepcionado si nadie la reconocía. Y hacia el final, presentó “I Can’t Live Without My Mother’s Love”, de su álbum “Benji” (2014), y el que dedicó “a mi madre y a las suyas”.

Luego, los ánimos se volcaron hacia la energía y ritmos bailables con la aparición de los neoyorkinos de The Drums, quienes visitaron el país por quinta vez y cuyo show hizo que el público no parara de moverse y de corear sus letras hasta el final, especialmente gracias al desplante de su vocalista Jonathan Pierce arriba del escenario.

En una presentación que superó la hora de duración, que convirtieron en una verdadera fiesta y en el que nunca dejaron de sonar frescos –aunque sí a ratos reiterativos–, los presentes pudieron escuchar 16 canciones, entre ellas las populares “Let’s Go Surfing”, “What you were”, y “Blood Under my Belt”, además de presentar su nuevo single “Meet Me In Mexico”.

Sin duda el momento que congregó a una mayor cantidad de público fue el show de Mogwai. Y cómo no, si los escoceses volvieron al país con más de 20 años de carrera y con nueve discos de estudio. Y en esta ocasión “Every Country’s Sun”, su producción más reciente que lanzaron en septiembre de 2017, fue la que se llevó el mayor énfasis.

Como ya son conocidos, el volumen del show fue demoledor y varios asistentes no dudaron en usar tapones para los oídos. Llena de texturas, ruidos poderosos y también silencios, la presentación mantuvo al público en un trance, envuelto por clásicos como “I’m Jim Morrison I’m Dead”, “Rano Pano”, “Mogwai Fear Satan” y “Hunted By A Freak”.

Para el final quedó el synthpop Future Islands, trío proveniente de Baltimore y liderado por Samuel T. Herring, cuya energía característica fue uno de los puntos memorables del show ya que en ningún momento paró: corrió de un lado para el otro, se acercó al público y gritó con él, pegaba patadas al aire y nunca dejó de emitir rugidos guturales. Locura.

En cuanto al sonido, uno de los aspectos más interesantes de los estadounidenses es la gran combinación que hacen los sintetizadores con la rítmica y poderosa presencia del bajo de William Cashion. En una mezcla de canciones sobre amistad, el futuro y la incertidumbre, los presentes no pararon de bailar al ritmo de temas como “A Dream of You and Me”, “Seasons (Waiting On You)” y “Ran”.