España tiene un nuevo gobierno y es de izquierda. Mediante una Moción de Censura -mecanismo parlamentario que permite destituir a un presidente e investir otro-, el líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Sánchez, obtuvo la mayoría absoluta necesaria, apoyado por la izquierda histórica (Izquierda Unida), la izquierda emergente (Podemos), el independentismo catalán y el nacionalismo vasco. Así, deja fuera del gobierno a Mariano Rajoy del Partido Popular (PP), formación ultra conservadora golpeada por numerosos escándalos de corrupción. La gota que rebalsó el vaso fue la sentencia del “Caso Gürtel”, dada a conocer la semana pasada, en que los Tribunales de Justicia acreditaron la corrupción institucionalizada dentro de ese Partido.

A Pedro Sánchez lo apodan “El Renacido”. Hace 19 meses fue defenestrado y debió renunciar a la secretaría general de su partido y a su escaño en el Congreso. Su “no es no” a la investidura de Rajoy le costó el cargo, ya que los “Barones” del PSOE preferían un Gobierno del PP en vez de un Sánchez tejiendo alianzas con Podemos e Izquierda Unida. Días después de su renuncia, Sánchez afirmó que se iba a volver a presentar como candidato en las elecciones internas del PSOE, e iba a “coger su coche” para recorrer España y ponerse en contacto con las bases. En una campaña altamente polarizada, el ahora presidente se enfrentó a gran parte de la maquinaria territorial del PSOE, propuso un viraje a la izquierda con Podemos e Izquierda Unida como socios preferentes, y obtuvo una sorprendente victoria por más de 10 puntos porcentuales. Un año después, es nombrado jefe de gobierno de España.

Unidos Podemos, la coalición que conforman Podemos e Izquierda Unida, apoyó de manera entusiasta la Moción de Censura. Enfatizó que la prioridad era “echar” al PP del Gobierno, e interpeló al PSOE para la conformación de un gobierno progresista que ponga sobre la mesa una agenda de reformas sociales para recuperar el Estado de Bienestar, junto con retomar el diálogo para superar la crisis territorial expresada en el enfrentamiento del Estado con las fuerzas independentistas catalanas. Es posible que, por convicción o necesidad, Sánchez opte por sumar la fuerzas del PSOE con las de Unidos Podemos, único grupo que ha decidido comenzar este nuevo ciclo respaldando su gobierno.

De todas maneras, no hay certezas sobre el rumbo del gobierno entrante, menos si se trata del PSOE, una formación acostumbrada a mirar hacia la izquierda en campaña y hacia la derecha en el gobierno. En su exposición durante la Moción de Censura, el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, fijó las bases sobre las que puede generarse un camino conjunto. Pidió a Sánchez no tomar como referentes a políticos como Ricardo Lagos, sino que a otros liderazgos como el del laborista Jeremy Corbyn en el Reino Unido, calificando la tercera vía de Tony Blair como “un fracaso”, y llamando a Sánchez a construir una alternativa de gestión diferente, posicionándose como un líder progresista a nivel mundial.

De esta manera, con más interrogantes que certezas, se abre en España una oportunidad de gobierno liderada por la izquierda, en la que está llamada a contribuir la socialdemocracia, Izquierda Unida y Podemos. La palabra la tienen Sánchez y el PSOE: ¿decidirá por fin mirar hacia la izquierda, o será incapaz de superar el proyecto de la tercera vía, que implicó la claudicación de la socialdemocracia? Una pregunta que tarde o temprano también tendrán que responder los socialistas chilenos, quienes junto a comunistas y frenteamplistas deben liderar la esperanza de cambio en nuestro país.