Casi diez millones de estudiantes en China se enfrentan este jueves y viernes a los exámenes para acceder a la universidad, una suerte de PSU, conocidos en el país asiático como el “gaokao”.

Los estudiantes compiten por las mejores puntuaciones para acceder a las universidades del país, cuya oferta educativa es muy demandada y no está al alcance de cualquiera. La primera prueba ha sido la de chino, a la que siguió un examen a elegir entre la rama de ciencias (química, física y biología) y la de letras (geografía, historia y política). La segunda y última jornada de exámenes arrancará con un test de matemáticas común para todos los estudiantes y concluirá por la tarde con uno de inglés. Todas las pruebas tienen una duración de dos horas.

Esta cita académica anual, que se estableció en 1952 y luego de 14 años de interrupción -por la Revolución cultural- se retomó en 1977, es el mayor examen del mundo por número de postulantes y moviliza a millones de estudiantes, familiares y profesores. Ante el evento, el gobierno implementa una serie de estrictas medidas de control para evitar que los alumnos copien en los exámenes.  Des de 2016 copiar o ayudar a copiar en este decisivo examen está castigado con penas de cárcel que pueden llegar a los 7 años.

El ministerio de Seguridad Pública coordinó con otras autoridades y cargos locales una campaña contra grupos organizados que fabrican y venden dispositivos de alta tecnología para copiar en el examen. Según el diario oficial China Daily, la campaña realizada en cinco provincias a finales de mayo se saldó con el desmantelamiento de 12 bandas organizadas, más de 100 mil dispositivos inalámbricos requisados y más de 50 detenciones.

El Ministerio de Educación difundió una circular el miércoles solicitando a los examinadores y departamentos educativos que «coordinen el control del ruido», y que tomen medidas de prevención sanitaria para evitar que los estudiantes sufran problemas como «golpes de calor».