Sus más de 200 años no pudieron con él, nada pudo hacer frente a las llamas. Hablamos del incendio que destruyó al Museo Nacional de Brasil, uno de los mayores de su tipo en América Latina y que albergaba a más de 20 millones de artículos de varios períodos de la historia del mundo.

El incendio comenzó durante la noche, cuando solo quedaban cuatro guardias y estaba cerrado para el público, por lo que no se reportan víctimas fatales ni heridos, pero lo que se perdió también es irreparable. Incluso los propios medios brasileños lo califican como pérdidas son “invaluables”.

El siniestro, calificado como “una catástrofe” tanto para la historia como para el continente, aun no tiene claro el motivo que lo desató, pero se realizan las pericias para dar con el origen.

De entre las miles de piezas de colección, muchos eran ejemplares únicos, entre los que se contaban huesos de dinosaurios y momias egipcias hasta utensilios de civilizaciones amerindias de la época precolombina. También se encontraba la mayor biblioteca científica de Río de Janeiro y su catálogo arqueológico lo componían más de 100.000 objetos que provenían desde el Paleolítico hasta el siglo XIX por diversas civilizaciones de América, Europa y África.

Pero de entre las cientos y cientos de pérdidas, hay cinco principales que la comunidad científica llora por sobre cualquier otras.

Con más de dos metros de largo y más de uno de ancho, fue considerado el segundo meteorito más grande encontrado en el mundo en 1784 en el estado de Bahía. Y si bien al ser metálico y pesado podría resistir a las llamas, como parte del edificio se derrumbó, encontrarlo será una tarea compleja.

Momias humanas y momias de animales eran algunas de las más de 700 piezas que componían la colección de arqueología egipcia del Museo que estaba considerada como la más grande de América Latina y la más antigua del continente. La mayoría de las piezas llegaron al lugar en 1826 por el comerciante Nicolau Fiengo.

Otra de las pérdidas es el acervo paleontológico que tenía un total de 56.000 ejemplares y 18.900 registros, divididos en núcleos de paleobotánica, paleoinvertebrados y paleovertebrados. La colección se componía de fósiles de plantas y animales, provenientes de Brasil y de otros países.

Luzia era el nombre del esqueleto más antiguo del continente, el que fue encontrado en 1975 por un grupo de científicos franco-brasileños en la cueva de la Lapa Vermelha, en el estado de Minas Gerais. Las pruebas con radiocarbono dataron su muerte hace al menos 11.400 años y se cree que tenía entre 20 y 25 años en el momento de morir.

Finalmente, otra de las colecciones que se perdió para siempre y que era de las más valoradas del museo era la de arqueología clásica, compuesta por 750 piezas de las civilizaciones griega, romana y etrusca. Considerada como la más importante de América Latina.