El Frente Amplio aún no cumple un año desde su debut en la política grande en el Parlamento, pero semana a semana sorprende con distintas polémicas.

La última tiene que ver con la sorpresiva renuncia de Vlado Mirosevic (Partido Liberal) a la presidencia de la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, a raíz de una queja formal que presentó el movimiento de Alberto Mayol por las posiciones que ha sostenido el diputado respecto a Tratados de Libre Comercio y situación de derechos humanos en otros países.

El reclamo, presentado a la mesa nacional del Frente Amplio, motivó la renuncia voluntaria de Mirosevic, quien aseguró no estar “dispuesto a recibir ese tipo de presiones en algo que me parece tan ético y tan básico como los derechos humanos, en un consenso civilizatorio que está por sobre las circunstancias históricas y por sobre los gobiernos”.

Pero el conflicto de Mirosevic con otra parte del Frente Amplio se venía fraguando desde hace unos días, sobretodo por la sanción que recibió la también diputada Pamela Jiles (Partido Humanista), por la comisión de ética de la Cámara, que la sancionó con 18 mil pesos por increpar en plena Sala al UDI Ignacio Urrutia, quien había calificado de “terroristas con aguinaldo” a las víctimas de la dictadura.

El voto de sanción a Jiles fue con apoyo unánime de la Comisión de Ética, donde participan Mirosevic y el también diputado frenteamplista Renato Garín (Revolución Democrática).

En entrevista con The Clinic, el líder de los liberales explicó que lo de Pamela Jiles fue “un acto de desobediencia civil maravilloso y que yo aplaudí desde que sucedió; yo salí de la sala junto con ella para protestar y lo sigo celebrando y aplaudo la valentía y el coraje de Pamela”.

Sin embargo, aclaró que la Comisión de Ética tiene que aplicar el reglamento y que en este caso se trataba de “una cuestión reglamentaria y no tiene que ver con el apoyo que yo le doy y le di. Lamentablemente, en la Comisión de Ética no se aplican nuestras convicciones personales, sino que el reglamento de la cámara”.

Respecto a su conflicto con Mayol y los sectores “más duros” del Frente Amplio, el diputado fue tajante: “No me digan que el 20% de la Bea admira a Chávez, no. No, la gran mayoría es gente progresista que quiere cambios, pero que entiende que esos cambios hay que hacerlos de manera reformista y sin atajos. De hecho, si ustedes se fijan, la Bea saca ese 20% justamente porque nuestro discurso era “queremos democratizar las instituciones en Chile”, entonces, no hay espacio para estar defendiendo a Maduro y a Venezuela, es todo lo contrario lo que queremos hacer”.