Entre el 29 y 30 de abril de 1976, los agentes de la policía secreta de Augusto Pinochet capturaron a su esposo, a dos de sus seis hijos y a su nuera, embarazada de tres meses. Todos eran militantes comunistas y Ana González no volvería a verlos jamás. Hoy forman parte de los más de mil detenidos desaparecidos que dejó la dictadura.

Desde ese día, Ana no abre la puerta de la entrada de su casa: decidió que no lo hará hasta que se sepa qué ocurrió con los suyos. Hoy, a sus 93 años, asegura que “dicen que la esperanza nunca se pierde”. Su vida cambió abruptamente de un momento a otro: se olvidó de las labores del hogar y se lanzó a las calles a buscar. Así se convirtió en una de las fundadoras de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD).

En entrevista con El País, González hace gala de su sentido del humor, cuando le preguntan si la comparaban con La Pasionaria, Dolores Ibárruri. “Me decían La Pasionaria chilena, pero también me decían mijita rica”, bromeó. Su lengua pícara descolocaba hasta los policías durante los días más oscuros.

Su familia fue detenida en el mismo barrio: primero Manuel Guillermo (22), Luis Emilio (29) y su esposa Nalvia Rosa Mena (20). Todos regresaban a casa con el hijo pequeño de la pareja, Puntito, de dos años, cuando los capturó la DINA. A Nalvia la golpearon en el vientre con la culata de una metralleta, a pesar de que les suplicó que no lo hicieran por su embarazo. La metieron inconsciente en uno de los autos de los agentes y el niño fue el único que volvió, tras ser abandonado cerca de su casa.

“Lo que los hacía peligrosos era ser luchadores y querer que todos los otros luchadores del país pudieran tener una vida digna”, reflexiona la dirigenta, quien sospecha que su nieto, quien hoy tendría 42 años, pudo haber nacido.

La mañana del 30 de abril se llevaron a su marido, Manuel Recabarren Roja, quien salió temprano a buscar a sus dos hijos y a su nuera. Lo detuvieron en la puerta de su casa y luego testigos lo vieron en el centro de detención y torturas Villa Grimaldi. Ahí desapareció.

“Dejo correr mi imaginación y veo claramente a Manuel sentado frente a mí, mirándome a los ojos, envolviéndome en su cálida ternura. Extiendo mis manos hacia su rostro, lo acaricio y, devolviéndole el mando de su ternura, le digo: ‘¡Cómo hemos envejecido, mi viejo!’. Pero vuelvo a la cruda realidad: estoy contemplando su fotografía en una pancarta. ¡Solo yo he envejecido!”, lee González de un texto inédito que tiene casi finalizado.

Una de las fundadoras de la AFDD insiste en que “en Chile no se ha hecho justicia”. Tampoco le gusta el país de hoy, a 45 años de la interrupción más feroz de la democracia: “El país está como lo pensó Pinochet. Cuando dicen “le ganamos a Pinochet”… Pienso que no es verdad. No le ganamos. Seguimos divididos y los luchadores de antes se recogieron a sus casas. Para eso fue la dictadura: para silenciar al pueblo que había ganado su libertad. Pero confío en los jóvenes de hoy. Salen a las calles a protestar y eso significa que vamos bien”, asegura.