El tema de carabineros con el café en Starbucks o con el café en la vega central, deja en evidencia una problemática estructural que atraviesa el pensamiento hegemónico que domina a la institución.

Lamentablemente los pacos tienen y ejercen una visión de raza, género, clase y sexualidad que resulta totalmente discriminatoria. Digo esto, porque el problema más grande que tienen hoy los carabineros de Chile, no son la cantidad (todavía inexacta) de millones de pesos que se robaron, sino cómo el clasismo, el racismo y el machismo son dispositivos impregnados en sus formas de actuar.

Lo anterior es lo más relevante, porque la plata podría eventualmente (en parte) recuperarse o bien los culpables podrían virtualmente terminar en la cárcel, pero la idea de que la institución que se creía con mayores estándares de confianza en Chile, hoy y desde hace mucho rato, actúa con mirada eurocentrista es realmente lo más preocupante.

Porque ¿cómo puedo sentirme segura si la policía de mi país cree que existen recursos disponibles para que ellos pasen el tiempo de su trabajo tomando café? mientras tanto acontecen conflictos reales asociados a la desigualdad, la violencia de género, la delincuencia, etc. Sumado a esto, que no es en cualquier café, sino en lugares ubicados sólo en ciudades metropolitanas y donde acuden personas con cierto perfil socioeconómico asociados al concepto de clase.

Para aumentar la polémica, la autocrítica que se realizan va justamente ligado al argumento anterior y no hacia una reivindicación de la decencia, es decir, dijeron: “ah, chuta, es verdad, no estamos considerando a gente pobre, entonces vamos a la vega también a tomar café”

En consecuencia, debo suponer que no existe un General, o Coronel o quien sea, que coloque criterio a este asunto y salga a pedir perdón por la tremenda estupidez que se les ocurrió y señalar que ellos y ellas no están para gastar su tiempo ni sus recursos (ya disminuidos por el robo de carabineros) sino que lo único que les interesa es cuidar y ayudar a las comunidades de todo origen, que vivan en Chile, a vivir en tranquilidad y seguridad social.

Eso esperaría escuchar, pero lamentablemente parece que esto realmente queda en ámbito de lo cierto (aunque parece una broma) que, si fuera talla, sería muy buena.


Doctora (c) en Ciencias Sociales Universidad de Los Lagos