Ese domingo, 7 de octubre, el destino de mitad de la población del continente será decidido en las elecciones más conturbadas de la historia de Brasil.

Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada,

porque yo no era socialista.

Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada,

porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los judíos, y yo no dije nada,

porque yo no era judío.

Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí.

(Martin Niemöller)

Las últimas cuatro elecciones presidenciales de Brasil fueron vencidas por el Partido de los Trabajadores (PT), con cerca de 2,5 millones filiados y mayoría en los movimientos sociales. El expresidente Lula da Silva terminó sus dos mandatos seguidos con 86% de aprobación.

Su gobierno rescató a 36 millones de personas de la pobreza, transformando Brasil en la sexta potencia económica mundial, pagó la deuda con el FMI y por primera vez llevó jóvenes pobres a la universidad. La élite brasileña jamás le perdonó y cobró caro por eso.

Primero vinieron por el PT, y no dijimos nada, porque no éramos de izquierda.

El PT fue el partido que más invirtió presupuesto y respetó la independencia de la Policía Federal y del Ministerio Público. Aprobó todas las leyes que hicieron posible enjuiciar los esquemas de corrupción denunciados. Aun sí quedó como un partido corrupto.

En 2014, la expresidenta Dilma Rousseff fue reelegida con sólo 51,64% de los votos válidos, margen más apretado de la historia electoral de Brasil. Fue una campaña marcada por denuncias de corrupción y extrema polarización entre derecha e izquierda.

Luego vinieron por Dilma, y no dijimos nada, porque no éramos gobierno.

Fue el comienzo de la crisis política más grave del país, desde el fin de la dictadura militar. El candidato derrotado no aceptó el resultado y logró concertar una mayoría parlamentaria que bloqueó el gobierno y destituyó a la presidenta electa democráticamente.

Hasta hoy, Dilma no es acusada por cualquier crimen en la justicia y Brasil mantiene el promedio de un golpe de Estado a cada 20 años. El pueblo sufre nuevamente con una crisis económica que aumentó el desempleo, la violencia, la mortandad infantil y el hambre.

Luego vinieron por Lula, y no dijimos nada, porque no éramos políticos.

La desilusión se traducía en la esperanza de regreso de Lula, favorito en todas las encuestas, con 39% de las intenciones de voto. Sin embargo, él fue acusado de corrupción y lavado de dinero, encarcelado sin una sentencia definitiva, como exige la Constitución brasileña.

Lula recurrió a las Naciones Unidas (ONU), alegando persecución política. La ONU exigió que Brasil respetara el debido proceso y garantizara la candidatura de Lula. Pero la Corte Suprema de Brasil le mantuvo preso sin sentencia definitiva y rechazó su candidatura.

Luego vinieron por nosotros, y no quedó nadie para hablar por nosotros.

El Capitán jubilado del Ejército Jair Bolsonaro, conocido por elogiar a dictadores, atacar a los medios, a las mujeres, personas negras y homosexuales, asumió el primer puesto en las encuestas. Lleva 28 años como diputado, pero se presenta como el candidato anti-sistema.

Diversos medios de prensa recurrieron a la justicia contra la prohibición de entrevistar a Lula en la cárcel. La Corte Suprema de Brasil rechazó la libertad de expresión y de prensa, mientras la mayoría de la población cree en más en las redes sociales que en los medios.

Las mujeres alertaron y el mundo despertó.

El fin de semana pasado, más de un millón de mujeres tomaron las calles de Brasil diciendo el #ÉlNo, recibiendo diversos apoyos internacionales. Se emitieron alertasen medios de todo el mundo contra la amenaza representada por la candidatura fascista de Bolsonaro.

Bolsonaro recibió el apoyo del obispo Edir Macedo, líder de la mayor iglesia evangélica y dueño de la segunda TV en audiencia. Se suman apoyos todos los días. Las acciones de empresas de armas dispararon, el mercado apuesta en la victoria en primera vuelta.

El fascismo asalta al poder en Brasil.

La campaña cerró el jueves, con el debate presidencial en la tv Globo, líder en audiencia. Bolsonaro no asistió alegando determinación médica, pero grabó una entrevista exclusiva de 30 minutos a la TV del obispo Macedo, exhibida a la misma hora del debate.

La estrategia es inspirada en la campaña presidencial de Donald Trump. Utilizando las redes sociales para difundir noticias falsas explorando el miedo, aprovechándose del hecho que Brasil es el país que más cree en noticias falsas, entre 27 países encuestados ese año.

Crisis y ascensión del fascismo en Sudamérica.

Independiente del resultado, el fascismo sale fortalecido. El próximo presidente de Brasil asumirá un país con odio y en crisis, agravado por el apoyo de las fuerzas armadas y policiales a Bolsonaro, quien cuestiona previamente las elecciones caso no gane.

La crisis brasileña, al Este, se junta a la crisis venezolana, al Norte, a la crisis argentina, al Sur, y a la crisis colombiana, al Oeste. En el momento de desarticulación de la UNASUR y división más grave de la OEA, movimientos fascistas crecen en Chile y en todo el continente.

No quedó nadie para defendernos.


Abogado brasileño, residente en Chile, con posgrado en derechos humanos y mujeres por la Universidad de Chile y magíster en derechos fundamentales por la Universidad Carlos III de Madrid. Posee 10 años de experiencia académica y profesional en las Américas, Europa y África occidental, habiendo trabajado en diversas ONGs, centros de investigación, gobierno y los sistemas de protección de los derechos humanos de la OEA y de la ONU.