Yusaini Bin Ishak. Así se llamaba la mujer trans de 26 años muerta tras ser asfixiada por Fernando Candia y Felipe Osiadacz, los dos estudiantes chilenos que llevan 13 meses en la cárcel de Sungai Buloh acusados de asesinato, un delito que se castiga con la horca en Malasia.

Este lunes ambos vivirán una jornada clave para conocer cómo evolucionará el juicio, que empezó el pasado 2 de agosto en el tribunal de Kuala Lumpur. La semana pasada la fiscalía propuso a la abogada defensora, Venkateswari Alagendra, recalificar la acusación de asesinato a homicidio culposo. Según la ley malasia, se aplica cuando se causa la muerte de alguien sin intención, pero con conocimiento de que las acciones realizadas pueden causar su fallecimiento. Se castiga con una pena máxima de 10 años de prisión, además de una posible multa. La decisión de la abogada, quien desde el principio defendió la absolución de sus clientes, pasará por aceptar la propuesta o seguir adelante con el proceso para conseguir su objetivo o una condena menor de los años que ofrezca la fiscalía.

Durante el juicio, donde se describió a Yusaini Bin Ishak como un hombre vestido de mujer y una prostituta, se supo que el forense no fue informado de la muerte de la víctima y que sólo se le solicitó que comprobara si había manchas de sangre o semen, ambas negativas. No se realizaron análisis de sudor ni de las zonas por las que los dos hombres sujetaron a la chica, por lo que no hay ninguna evidencia de restos de ADN de los acusados en la víctima.

¿Por qué nadie se preocupó de solicitar esas pruebas? ¿Quién decidió omitir información al forense? ¿Qué relación tiene con eso que la víctima sea una mujer transexual y pobre?

El Desconcierto entrevistó a la líder del activismo transexual en Malasia Nisha Ayub para ahondar en la situación que vive el colectivo LGBTIQ en el país asiático y qué nivel de discriminación social enfrentan.

Ayub (39) es reconocida internacionalmente por defender los derechos de las personas trans que son perseguidas bajo la Sharia, la ley islámica, que prohíbe a una persona que nace con órganos masculinos vestirse o comportarse como una mujer y aparecer en público de esa manera, y viceversa. De hecho, bajo esa ley, en el 2000 Ayub fue encarcelada durante tres meses en una prisión masculina, donde sufrió agresiones sexuales por parte del director y otros internos.

Al salir de la cárcel, Ayub se convirtió en una férrea defensora de los derechos de las personas transgénero. Ha fundado dos organizaciones, Seed Foundation y Justice for Sisters, con las que trabaja para anular las leyes discriminatorias de las personas transgénero de Malasia.

La última polémica que enfrentó fue el pasado mes de agosto, cuando retiraron de una exposición fotográfica de un festival artístico un retrato suyo y del activista de los derechos de los homosexuales Pang Khee Teik, posando con la bandera de Malasia.

nisha ayub

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¿Qué se sabe en Malasia sobre el juicio a dos hombres chilenos acusados de matara a una mujer trans?

– En Malasia no existe un seguimiento de este caso en la prensa. Tampoco no nos han informado de este caso las ONG. El juicio está viviendo su momento más destacado en los tribunales sin la presencia de los medios nacionales. No conozco bien de qué se trata el caso, por eso no puedo hablar de eso, no quisiera entregar información equivocada.

¿Por qué no se sigue este caso?

– Esto es un problema en nuestro país porque cuando se trata de casos de crímenes o delitos en contra de personas trans, nunca aparecen ni se destacan en la prensa, a menos que la gente muestre interés por hablar de esto o una ONG entregue información.

La prensa chilena empezó su cobertura del caso refiriéndose a Yusaini Bin Ishak, la víctima, como un “ladyboy”. ¿Qué connotaciones tiene este concepto?

– En Malasia, esta palabra se considera una ofensa para nosotras, un concepto degradante para el colectivo. Las mujeres trans preferimos que nos llamen “maknyah” o mujer trans, que sería la palabra utilizada a nivel internacional.

¿Existen muchos casos como este en Malasia?

– En nuestro país han habido otros casos de personas trans asesinadas o agredidas. Hay algunos delitos de odio que han sido denunciados y muchos otros no. Por ejemplo, el año pasado registramos dos casos de personas trans asesinadas. El primero fue un hombre trans, quien fue asesinado en un departamento y su cuerpo fue encontrado dos o tres días después de su muerte. La noticia apareció en la prensa solo un día y luego nunca más se supo. Y el otro es el caso de Sameera Krishnan, de 26 años, quien fue encontrada muerta con una herida de bala y su cuerpo mutilado. Recientemente, otra mujer trans fue golpeada por ocho chicos, todos muy jóvenes. La golpearon hasta dejarle graves heridas en la cabeza y extremidades. Este fue un caso grave de delito de odio. Afortunadamente, ella sobrevivió.

¿En qué situación se encuentra la lucha por los derechos de la comunidad LGBTIQ en Malasia?

– Lamentablemente, ahora con el nuevo gobierno el tema LGBTIQ se utiliza de nuevo como arma política. Antes, el ejecutivo lo ocupaba en contra y no apoyaba el movimiento. Incluso nuestro antiguo primer ministro Najib [Razac] dijo que las gente LGBTIQ es enemiga del islam. Ahora, la oposición [que desde el pasado mes de mayo ocupa el partido de Razac] está utilizando este tema en contra del nuevo gobierno [liderado por Mahathir bin Mohamad]. Tristemente, nos hemos convertidos en las víctimas de esta gente religiosa.

nisha ayub

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¿Cuáles son hoy las principales reivindicaciones de las personas trans en su país?

– Hay una idea equivocada de lo que quiere la comunidad LGBTIQ malasia, de su agenda dentro de los movimientos internacionales de la diversidad de género. Recientemente hubo una declaración de nuestro primer ministro diciendo que Malasia no condena a el matrimonio homosexual, que Malasia no condena a los valores occidentales porque nosotros tenemos nuestros propios valores, etc. Pero, la verdad es que mucha gente de la comunidad LGBTIQ sabemos dónde vivimos, y en especial la comunidad trans. El matrimonio no es nuestra prioridad, tenemos preferencias mucho más importantes como los crímenes de odio, la discriminación laboral, la educación, la discriminación de nuestra agenda de género, etc. Básicamente, la gente tiene que entender que la lucha de la comunidad LGBTIQ en cada estado o región es diferente: hay distintas prioridades, distintos consensos y diferentes problemas y obstáculos en cada país.

¿Cómo afecta la Sharia a la comunidad trans?

– Hay muchas leyes específicas que afectan a las personas trans, aunque no sean musulmanas. A las personas trans no musulmanas no se les permite cambiar su nombre en el documento de identidad, ni su marcador de género, y se las trata según lo establecido en su carné de identidad. No sólo eso. El sistema de la Sharia promueve, en sí mismo, que las personas discriminen a las minorías, lo que afecta a las otras etnias del país. En Malasia, el 60% es musulmán [etnia malaya] y convive con los malayos chinos, el 20%, y los malayos indios, el 6%, sobre ellos no rige la Sharia. Sin embargo, la ley islámica termina afectándoles igual. Tenemos leyes civiles que casi no se utilizan, por ejemplo una para delitos menores para manejar el “cross-dressing” [vestir prendas del sexo opuesto], que no se usa en detrimento de la Sharia.

¿Cómo proyectas la lucha por sus derechos?

– He notado el nivel extremo de odiosidad contra la comunidad trans. He notado como aumenta el grado de adoctrinamiento en Malasia, donde se puede ver esta religiosidad extrema en contra de los derechos humanos. Por ejemplo, la ley actual prohíbe el matrimonio infantil, pero los extremistas lo apoyan. Recientemente, tuve un encuentro con el ministro del Islam de Malasia. Tenía que ser una reunión en clave positiva, para hablar de cómo ayudar a la comunidad LGBTIQ en temas de empleo y otros. Sin embargo, me encontré con una respuesta muy negativa. Utilizan la religión en contra de todo nuestro trabajo. No voy a decir que me siento asustada, pero sí que estoy preocupada por mi seguridad. Sin embargo, veo que ahora hay más discusión sobre el tema en esta “nueva Malasia”, y creo que dentro de lo malo, también hay una parte positiva: cada vez hay más gente que habla de esto y que lo apoya.