La democracia corre peligro en Brasil. El triunfo del candidato ultrderechista, Jair Messias Bolsonaro, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de ese país amenaza con extender aún más el germen del racismo, la misoginia y homofobia en el país amazónico y en toda Latinoamerica. El que fuera considerado como el “Trump brasileño”, logró este resultado por muchas razones, sin embargo, una destaca sobre las demás por la conveniencia política de su decisión. En el año 2016, Bolsonaro se convirtió al evangelio.

En un país donde el 29% de su población se declara evangélico y la quinta parte de sus congresistas son abiertamente partidarios de esta religión, contar con su apoyo era fundamental para que Bolsonaro triunfara en esta primera vuelta. En mayo de 2016, el pastor y líder del Partido Social Cristiano (PSC) Everaldo Dias Pereira, lo sumergió en el río Jordán durante una visita a Israel. Antes de terminar el bautismo le preguntó: “¿Usted acredita que Jesús es hijo de Dios?”. “Acredito” respondió el diputado y militar retirado que hizo campaña basándose en su credo.

El acto no podía terminar sin adoptar un nuevo nombre que hiciera gala de su nueva asociación político religiosa. “Messias”, el enviado de Dios, fue acuñado como su segundo nombre y elevó a niveles bíblicos su apoyo en la elección. Los soldados de la fe de los más de 6000 templos evángelicos que hay en Brasil dedicaron su tiempo a convertir a Bolsonaro en el posible nuevo presidente de ese país.

Defender la familia tradicional, en contra del aborto y la ideología de género fueron las ideas que Bolsonaro repitió en cada mitín donde su voz resonaba casi como un pastor religioso. “Brasil por encima de todo, dios por encima de todos”, un slogan que impregna de miedo a quien lo escucha por su resemblanza al “Alemania por sobre todo” de Hitler. Con sus palmas juntas, de espaldas al río, Bolsonaro se levanta como un evangélico nuevo saludando en el acto político que lo erigió como el mesías de un pueblo religioso que olvida que su candidato avala dañar al prójimo con la tortura y la intolerancia.

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