¿Qué tienen en común Ricarte Soto, Gabriela Mistral y Pedro Lemebel? ¿Chamaco Valdés y Víctor Jara? ¿Y las muertes de las niñas de Alto Hospicio? Todos fueron chilenos y chilenas que, buscándolo o no, en diferentes medidas y áreas, escribieron un capítulo de la historia de nuestro país y cuyas muertes fueron grandes velorios masivos que conmovieron a millones de personas que vieron en ellos y ellas a protagonistas de momentos del Chile reciente. Todos, personajes que busca retratar “Réquiem de Chile”, el programa que busca hacer memoria desde el living de la casa.

La serie documental que exhibe TVN las tardes de los domingos ya va en la tercera temporada retratando a artistas, políticos y actores sociales más importantes de las últimas décadas. Y para hablar sobre cómo impactaron a Chile con sus vidas y muertes, se parte por el final: El punto de partida son funerales y desde ahí se va develando cómo eran mirados por sus cercanos, por el resto del país y su repercusión social.

El programa que cuenta con fondos del Consejo Nacional de Televisión (CNTV) partió en el Bicentenario, en 2010, su segunda entrega llegó en 2015 y este 2018 debutó la tercera, con el primer y segundo capítulo dedicado al periodista Ricarte Soto y el actor Jorge Pedreros, respectivamente, mientras que en su tercera emisión se centrará en Francisco “Chamaco” Valdés y la cuarta un imperdible capítulo sobre el destacado escritor Pedro Lemebel.

“Nosotros no solo tomamos personajes que hayan sido relevantes para la historia, sino cuya muerte nos hizo cambiar como sociedad”, comenta Florencia Doray a El Desconcierto, una de las directoras de la serie producida por Fin Comunicaciones y realizadora de varios capítulos, entre ellos el de Pedro Lemebel, donde se hablará “de lo popular y profundo. Él era muy cercano, de la calle, pero los temas que tocaba eran importantes y con gran densidad, una densidad bella y amable. Queremos que los capítulos nos permitan llorar, emocionarnos, reflexionar, como una reunión de familia”.

Justamente, sobre el capítulo dedicado al jugador del mítico Colo Colo de 1973 que llegó a la final de la Copa Libertadores deslumbrando a todo un país durante el gobierno de la Unidad Popular, la directora señala que “es interesante para ver cómo funciona la sociedad en la época de Allende, entender el universo de ese Colo Colo en simbiosis con la población que luchaba por estos sueños, que creía y estaba esperanzada. Chamaco es un personaje sencillo y cercano que nos permite mirar ese momento político y ese fútbol que nosotros le llamamos del pucho y la ponchera”.

Y ese es el mejor ejemplo de la experiencia que ofrece “Réquiem”: Echar un vistazo al pasado a través de las despedidas a recordados personaje que despertaron alguna emoción en el país y que fueron escribiendo la historia con sus vidas, todo, desde la intimidad de la casa un domingo a las 19 horas.

Un poco de memoria

Empezar y darle continuidad a una serie de tales ambiciones no es sencillo. El trabajo es largo y requiere de una dedicación que partió varios años antes de que en 2010 se estrenara el primer episodio centrado a Eduardo “Gato” Alquinta de Los Jaivas. Meses de investigación, semanas recopilando archivos y muchos días sentados frente a un computador discutiendo el montaje es parte de la cadena de desarrollo que la directora describe como un trabajo transversal.

“Cada capítulo toma alrededor de un año de trabajo porque vamos haciendo ocho en paralelo, pero podríamos decir que cada capítulo se demora en estar listo entre 4 y 5 meses, considerando guión, investigación y montaje hasta que está listo el master. Pero es el montaje lo que más se demora porque es lo más complejo y de debate”, detalla Florencia sobre el proceso que define como el más político de todo.

Grabación con Carlos Caszely. Foto: Réquiem de Chile

Trabajar con ideas complejas que se transmitan solo con la imagen, sin texto y que evoquen sutilmente pero de forma clara la perspectiva que tienen los realizadores sobre cada protagonista de los capítulos es un trabajo que se logra con el montaje y también con la recolección de archivo. Así lo explica Álvaro González, productor general y también realizador: “Nosotros resignificamos el archivo y le damos una mirada distinta que tiene que ver con el punto de vista”.    

Para los realizadores, la serie es “profundamente política, es un documental y eso es subjetividad, punto de vista sobre la sociedad y queremos que sea así. Cuando hablemos de Tony Caluga decimos que es político aunque se trate de circo. Que Doris Dana no vaya al funeral de Gabriela (Mistral) porque no estaba ni ahí con este país por como trató a la poetisa también habla del momento que vivía Chile“.

“El documental chileno es un ejercicio de memoria. Pensemos en la obra de Patricio Guzman, “La ciudad de los fotógrafos”, “El edificio de los chilenos”, en todos está presente la memoria”, comenta Florencia Doray quien sintetiza que en su trabajo como en otros mencionados lo que hay es “una mirada al archivo en búsqueda de una verdad que tiene que ver con un testimonio, con un vivir de un determinado momento del país y darle un sentido de reflexión actual”.

“Los sepultureros”

Los funerales de Pedro Lemebel, Tony Caluga, Víctora Jara y Gabriela Mistral son otros de los que nos encontraremos en una temporada que también se arriesgará a abrir uno de los capítulos más sensibles de nuestra historia reciente: la muerte de las niñas de Alto Hospicio.

Que hace tan solo unas semanas atrás haya terminado otra ficción en torno al mismo caso, “La Cacería”, no es casualidad. Por el contrario, que realizadores hayan querido volver a mirar de cerca esta tragedia es porque algo aún no está resuelto. Todavía hay deudas con las familias y lógicas que persisten en la búsqueda de justicia. Pese a que han pasado casi 20 años, sigue siendo muy vigente y las heridas permanecen abiertas, es por eso que desde la producción se contactaron con las familias y solo se centrarán en las que les permitieron entrar a sus hogares.

Familias de Alto Hospicio. Foto: Réquiem de Chile

En palabras de la propia directora de la serie, “su muerte nos permite mirar lo discriminador que somos como sociedad, la ausencia del Estado frente a los pobres y mirándolo desde hoy sigue siendo un caso de gran actualidad”. Mientras que González, añade que la tragedia de “las niñas es un claro reflejo de la transición, de la época de Ricardo Lagos y, como cada capítulo, es un momento en específico de la sociedad”.

Es esta memoria, la que Florencia describe como “cotidiana”, la que no enseñan en los colegios pero que es profundamente emotiva y fácil de reconocer es la que echa carbón para que funcione el programa, que ya piensan en extender para una próxima temporada porque el material ya lo tienen: “Somos como los sepultureros, murió Nicanor Parra y partimos a grabar”, señala González, quien también adelanta que la lista de capítulos que les gustaría trabajar es larga y va desde Margot Loyola, Julio Martínez y Volodia Teitelboim a Patricio Aylwin y Tencha Bussi, entre otros.

-¿Por qué contar todo a partir del funeral?

AG: Se le ocurrió al Cote Correa (el otro director junto a Florencia). El funeral habla de la persona también. Si el Gato Alquinta congrega 500.000 personas a su funeral es porque eran Los Jaivas; Si con la muerte de Pinochet algunos celebraron y otros lloraron es porque el personaje es así y así repercutió en el país; Si en Lemebel había baile y fiesta es porque él era así. En el funeral de las niñas de Alto Hospicio era todo nortino, con una banda que tocaba la Reina del Tamarugal. Cada personaje es una especificidad y eso hace que sea tan recordable.

FD:  Nos interesa mucho la magia que tiene esto de entrar a un personaje a través de su muerte para hablar no solo de su vida sino que del país. Hicieron memoria y hacen historia, y en ese relato colectivo se está reconstruyendo la historia reciente que requiere ser mirada.

-¿Cuál es el valor de que familias, colectivamente, realicen el ejercicio de memoria?

FD: “Réquiem de Chile” es como un álbum de familia pero de nuestro país. Son personas que forman parte de nuestra identidad como nación, para bien y para mal, con todas las dimensiones que refleja eso. Ver el programa es como sentarse el domingo en la tarde a abrir estos álbumes que tienen los plásticos que se separan dificultad y ojear sus páginas. Inevitablemente una foto no solo nos lleva al momento anecdótico, sino que a una circunstancia histórica.