La campaña de la ultraderecha contra la Brigada Ramona Parra (BRP) no es nueva, y parece tener los mismos objetivos que la primera del período truncado del presidente Salvador Allende (1970-1973).

En esa época sirvió para aprobar la Ley de Control de Armas, que fue el inicio del Golpe de Estado. Con ese recurso -allanamientos a fábricas y organizaciones populares- comprobaron que los alardes de “avanzar sin transar” no estaban respaldados por una fuerza militar, y que los valientes soldados podrían matar al “enemigo” a destajo y sin peligro, como efectivamente hicieron.

Como han consignado la propia BRP y las Juventudes Comunistas, esta brigada fue formada por resoluciòn de un Congreso de las JJCC en 1968, en homenaje a Ramona Parra, una joven trabajadora comunista asesinada en 1946 por Carabineros en una manifestación.

La Comisión de Propaganda de las JJCC le encargó la tarea a Danilo Bahamondes (“el Gitano”), un joven obrero de la imprenta Horizonte. La BRP hizo su estreno en sociedad en julio de 1969, durante una marcha de Valparaíso a Santiago, organizada por agrupaciones juveniles: la marcha de “las tres A”: Antiimperialista, Antioligárquica y Antifedudal. Una marcha más bien larga, de varios días, porque no existía la Ruta 68, y el viaje se hacía por una ruta parecida a la del tren, por el norte.

La primera BRP

Lo de la BRP fue un estreno modesto, pero visible.

“Éramos un grupo de seis estudiantes secundarios de entre 13 y 20 años (Gitano era el más viejo), corrieron todo el trayecto rayando (no pintando) los muros de la carretera con las consignas de la marcha. Eran rayados al viejo estilo nocturno: una lata de pintura barata, y una brocha. Como saliera, chorreado y desprolijo”, relató uno de ellos.

La marcha entraba con cierta ceremonia a los apacibles pueblos y ciudades de la vía, donde la gente salía a la calle a ver y saludar. Un acontecimiento. En la tradición militarista metida en el ADN chileno, una “banda de guerra” encabezaba el desfile, con una morena guaripola. Detrás venía un Land Rover de las JJCC, en que normalmente se movilizaba la Secretaría General y era conocido por eso como “el jeep de la Gladys”. En esa ocasión llevaba un altavoz que anunciaba a los locales de qué se trataba todo el barullo.

Este Land Rover arrastraba un carrito metálico lleno de latas de pintura y brochas. A sus lados, tres a cada lado, y al ritmo de los tambores de la banda, marchaban los niños de la BRP, manchados de pintura hasta el cuello. De cuando en cuando se desprendían para rayar algún muro, y volvían a su infantil ritmo marcial.

Uno de ellos usaba un viejo casco militar: Miguel Estay Reyno, “el Fanta” (sí, el mismo torturador y asesino que hoy pide clemencia en Punta Peuco). “Fue de él la idea de marchar a cada lado del carrito. Que fue una buena idea, porque a partir de ahí quedó sellada ante ese pequeño mundo la existencia de la brigada, con firma y todo: JJCC/BRP”.

Ese porte marcial y la disciplina  -de la que se burlaba el jefe, el Gitano- fue todo un marketing interno. Los adolescentes comenzaron a sentirse parte de un grupo especial.

Las innovaciones

El “Gitano” era un innovador, un líder con rasgos anarquistas. Reflexionaba sobre cómo romper con la tosca tradición del rayado mural -entonces la principal forma de propaganda política- heredada de la clandestinidad: un grupo de tres o cuatro militantes salían a la calle de madrugada y rayaban a toda prisa una consigna. Un vigilante o “loro” se paraba en la esquina para avisar si venían los pacos. Con frecuencia el primer preso era el “loro”. Los propagandistas eran presa fácil de la policía, porque en esos años la noche era de los perros y de un puñado de centros nocturnos. Las calles eran solitarias.

Al Gitano se le ocurrió, por lo anterior, que era más seguro salir a rayar en pleno día, y a la hora de mayor tráfico de personas, para confundirse entre la multitud cuando aparecieran los pacos. A alguien se le ocurrió que, como la mayoría de los rayados en el centro de Santiago se realizaban en obras de construcción, más seguro aún sería disfrazarse de obreros, con overoles y cascos plásticos. Absurdo a todas luces, porque no existían los obreros de 13 y 14 años, pero así se hizo. Y funcionó bastante bien, porque de lejos los cascos confundían, y el overol permitía mantener la ropa limpia. Lo más efectivo, sin duda, era la multitud.

Así se fue creando una pequeña leyenda: había rayados de las JJCC donde nunca antes se habían visto. Una leyenda de coraje también, porque la exposición era mucha. Un militante flaco y delicado,de sólo 13 años, se hizo entonces famoso porque, ya acorralado por un carabinero, le tiró la pintura en la cara y huyó, a la vista de todo el mundo.

Una técnica que sólo funcionaba en Santiago, por cierto, pues las ciudades de provincia eran casi todas poco más que un pueblo. “Una delegación de tres miembros de las BRP viajamos un verano al norte a enseñar a los jotosos locales como pintar y no caer presos. Y los tres fuimos detenidos en la Serena, Copiapó, Antofagasta e Iquique. Fracaso total”.

De las nuevas técnicas y vías de escape, y disciplina de las cuadrillas nacieron las “chapas” (apodos), como forma de identificación de los miembros de la BRP. El grupo decidió asignar apodos según los personajes de una revista humorística de la época, “La Chiva”, que hacían Alberto Vivanco y Pepe Palomo.

La guerra de los muros

El Gitano comprendió muy rápido que los rayados primitivos -escribir con una brocha- eran insuficientes y hasta contraproducentes, porque ensuciaban los muros, eran feos y a veces hasta tenían faltas de ortografía. Él, como obrero gráfico, notó que no había una tipografía definida, ni colores coherentes.

Esa comprensión fue el verdadero nacimiento de la BRP. Se impuso una tipografía clara, fácil de escribir, y colores tanto del texto como del fondo para destacar el mensaje. En esto influyeron las campañas de Radomiro Tomic (DC) y Jorge Alessandri (derecha), que contrataban agencias de propaganda más especializadas y usaban ya las técnicas: un rayado grueso, visible, alineado con el nombre de su candidato. Su gran ventaja era que a ellos no los llevaban detenidos.

La BRP dio un paso adelante, pues sofisticó la técnica, al tiempo que sus mensajes; además del nombre de Allende, comenzaron a incluir información de su programa de Gobierno: las 40 medidas. Con gran impacto, porque apelaban a la razón. Con el nombre de Allende venían sus propuestas: medio litro de leche para los niños, nacionalización del cobre, salud para todos, fin de los monopolios, etc.

Evolucionaron así también  la disciplina y la especialización al interior de la BRP: un trazador escribía en grandes caracteres el mensaje, otro grupo iba pintando el fondo, seguido de los que llenaban las letras trazadas, para finalizar con los “fileteadores” que reforzaban el contorno de cada letra. Muros de 20 o 30 metros. Todo en 10 o 15 minutos.

Todos recuerdan a un trazador legendario, “el Coyote”: rápido, hábil y atlético. Después estudió danza clásica y fue bailarín y profesor de ballet en Sudáfrica.

Esa BRP fue la que peleó y ganó la fiera batalla de los muros durante la campaña electoral de 1970. Muros que eran pintados dos y tres veces en la misma noche y que muchas veces se disputaban con violencia.

Los equipos de propaganda de la DC y la derecha estaban compuestos también por gente adulta y contratada para eso, acompañados de matones armados. Gente dura, curtida, habituada a los golpes, a quienes sus patrones exigían resultados. Los integrantes de la BRP, en cambio, eran en su inmensa mayoría adolescentes, algunos de ellos niños de 11 o 12 años.

La Juventud Socialista imitó el ejemplo de la BRP y estableció su propia brigada, Elmo Catalán, en homenaje a un militante socialista caído en la guerrilla boliviana.

Los “grupos de choque”

Aunque ante las agresiones, los equipos de autodefensa de las JJCC comenzaron a defender a las BRP, en numerosas ocasiones los brigadistas tuvieron que defenderse solos, con lo que tuvieran a mano: palos y piedras.

No era su misión ni estaban preparados para las cotidianas peleas que se producían en esos años, especialmente entre estudiantes de izquierda: casi siempre las JJCC por un lado, y el MIR y la FJS del otro.

Poco antes del triunfo de la Unidad Popular, la ultraderecha creó un grupo político paramilitar, Patria y Libertad, y más adelante el Partido Nacional apareció con los Comandos Rolando Matus, grupos de choque bien entrenados, asesorados por profesionales, y con una misión específica.

Como lo dijo en entrevista con HispanTV el ex jefe operativo de Patria y Libertad, Roberto Thieme, la misión era tratar de impedir que Allende llegara a la Presidencia, y esto fracasaba, organizar el sabotaje, con el apoyo del servicio de Inteligencia naval.

El espíritu de cuerpo surgido de la actividad de propaganda intensa y sin pausa, era motivo de orgullo para los integrantes de la BRP, que vestían con desplante sus overoles y cascos, se sentían propietarios de un camión destartalado puesto a su disposición, y también se apoderaron de manera excluyente de un subterráneo del local del Comité Central de las JJCC en la calle Marcoleta. Ya había más BRP repartidas por el territorio, así que esta, la de Marcoleta, era la “Brigada Central”, la más notoria, bulliciosa, alegre e indisciplinada, y el origen del mito de los “grupos de choque”.

La BRP no sólo escribía textos en los muros, sino que traspasó – vía el Gitano- el estilo a las pancartas, lienzos y papelógrafos que se usaban en las universidades, liceos, centros de trabajo y manifestaciones callejeras. Una tipografía ya reconocida, que es la que hasta hoy utiliza, por ejemplo, la Brigada Chacón, creada también por el Gitano.

Muralismo

Esa fue la BRP hasta el triunfo electoral de 1970. Después vino una suerte de legalidad: cesó la persecución policial. Llegaron los “muralistas”, como el hoy internacionalmente famoso Mono González -una de cuyas obras alhaja una estación del Metro- y otros. Los muros de contención del río Mapocho fueron el primer objetivo de esta nueva faceta de la BRP, la que se conoce hasta hoy, y que desplazó de la escena -y de la historia- al verdadero artífice, Danilo Bahamondes.

De Bahamondes se acuerdan pocos. Entre ellos un pequeño grupo de sus discípulos que se juntó en septiembre en un cementerio de La Florida a honrar sus restos y su memoria con motivo de los 50 años de la Brigada.

El estilo muralista de la BRP, lejanamente basado en el muralismo mexicano y en el Agitprop soviético, tuvo la gracia de dar identidad al proceso revolucionario de la Unidad Popular. Los expertos debaten aun si fue, es, o no -como sostienen sus miembros- una tendencia artística contemporánea.

Como se trata en origen de una técnica sencilla, de colores planos, trazos gruesos, figuras fácilmente reproducibles, el “estilo BRP” cumplió su misión de una manera sumamente eficaz: muchas personas podían repetir el formato y con ello el mensaje a través de todo Chile. Y después del Golpe, en todo el mundo. Un éxito gráfico inobjetable. Esos rostos indígenas coloridos y tristes, de labios gruesos y narices anchas, los puños salidos de cualquier parte, los campos, casas y chimeneas, dicen en todo el planeta: Chile, Unidad Popular, Salvador Allende. Poco importa realmente el debate de si es arte clásico o “naive”.

Esa sencillez entusiasmó a numerosos artistas plásticos de todo el mundo, que quisieron participar y colaborar con una forma de arte popular que adquiere su validez en las calles, no en salones ni muros universitarios. Roberto Matta fue uno de ellos. Un arte que se realiza rápido, con participación de muchos, la mayoría legos en materia pictórica. Hizo una genuina escuela popular.

La pregunta pertinente de hoy es: ¿era todo eso un grupo armado terrorista? La campaña fascista actual no quiere saber nada de esta historia, ni de la realidad. Todo indica que, como en 1973, necesitan un objetivo claramente notorio, atado a ese pasado, para seguir preparando la dictadura que tienen en mente, y que está comenzando en Brasil.


Periodista