Antes de entrar a la obra, me detengo en la instancia oficial. Que siga viva la Muestra Nacional de Dramaturgia, que haya cumplido 18 años, es algo digno de celebrar. Tuvo un momento en que fue desahuciada, se le quitó financiamiento, se dudó de su valor, de su aporte. Para qué hacer una Muestra Nacional de Dramaturgia. Qué sentido tiene, si en Chile ya estamos en otra. Y sin embargo se mueve, dijo Galileo en el patíbulo. Esta iniciativa tiene página web propia (http://muestranacional.cl/) y la obra a la que me referiré es sólo una entre varias, un lector prudente sacudirá el salero esperando que el arroz deje salir la sal.

Félix, el protagonista de la obra, aparece desdoblado en múltiples personajes que son él mismo, sus zonas oscuras, sus yo en presente, pasado y futuro, el propio Félix en distintas etapas de su vida, es Félix niño inocente, Félix joven escolar explorando su sexualidad, Félix-prostituto, Félix-asesino, Félix-mendigo, Félix adulto y alcoholizado, Félix viejo y decadente. No se vive sino como un simple guión entre dos fechas. Un lapso breve de incertidumbre entre el destemplado grito al salir del cascarón y la apenas audible exhalación del deceso.

La obra nos presenta a este protagonista múltiple acompañado exclusivamente por sus padres, dos arquetípicas figuras tan superficiales como indolentes. Todas las demás voces participantes son apenas eso, voces. Un profesor, un policía. Los recursos escénicos son explotados desde hábiles juegos con la luz y la oscuridad, logrando cuadros de atmósferas siempre minimalistas. La densidad psicológica de cada ser humano es quizás el mayor acierto de la puesta en escena, cuando los distintos Félix se abrazan, se besan, se masturban, se golpean, se desgarran, se ladran, se muerden. El ominoso monstruo de mil cabezas que somos en potencia. Félix nos dice:

“Antes de empezar pido perdón y disculpas por mi porte y mi peso, perdón por la forma de mis ojos y el largo de mi pelo, perdón por el color de mi piel, mis delgadas uñas, el color morado y la sangre que salpico. Perdón por el aspecto de mi ombligo y los gritos, por fruncir la boca, por el sueño que todo me produce, mil disculpas por mi sueño. Y perdón por mi sexo”.

¿Quo vadis Félix? Cuéntanos un chiste que haga reír. Cuéntanos a quién mataste, Félix, ¿fue por accidente, puede llamarse acaso un accidente eso? Porque ¿qué hacías por esos turbios lugares de noche? ¿A qué infiernos quisiste descender, ícaro desorientado? Tu madre ya no es tu madre y no lo has notado: ha dejado en su lugar a una gran imitadora, si canta hasta como Myriam Hernández. Hay espacios para el humor y el sarcasmo en medio de un guión que a algún dinosaurio le traerá reminiscencias del Pink Floyd de The Wall, pero sin necesidad de una guerra que liquide al padre, pues en el estado actual de la humanidad nos bastamos con la realidad de la familia, la escuela, el trabajo, el amor reducido al matrimonio y el matrimonio reducido al sexo, todas múltiples prisiones, todos muros infranqueables. Estamos solos frente a una piedra, enfrentados a la cotidianidad de la muerte.

La dramaturgia de Moreno transita por estos temas desde hace casi 20 años, poniendo al centro el lugar común de la familia, la muerte del padre, la muerte de la madre, la muerte del hijo. Todas formas de mostrar la disolución del proyecto colectivo que es la sociedad en el abismo individual del sujeto contemporáneo. Doloroso arte el que nos restrega en la cara nuestra tan pueril como perversa y solitaria condición humana. Somos resultados de padres y madres que siempre carecen de instructivos para la crianza, que nos traspasan sus traumas, frustraciones y prejuicios, sus arbitrarias escalas de valores. Un hijo es el cartón que estabiliza a la familia, núcleo y base de la sociedad. Un pedazo sucio de papel bajo la pata de una mesa, con la única misión de evitar el movimiento. Como si evitar el movimiento fuese no sólo posible sino incluso deseable. ¿Qué clase de éxito entonces puede alcanzar un ser humano? ¿De qué color es su más que probable fracaso? ¿A qué experiencias ha de someterse, en qué tortuosos casilleros ha de intentar calzar? Hijo mío no te tomes mal esta pregunta, pero ¿no habrías preferido tener vagina en vez de pene, a lo mejor, Félix? Vivir, transitar del espermio al cadáver, un camino con estaciones llenas de culpa, de dudas, de impotencia, de angustia existencial, y una única salida entre el cinismo y la resignación. Somos un asco, un grito de impotencia incapaz de reproducir el sonido de las cosas.

Funciones: jueves 25, viernes 26, sábado 27 y domingo 28 de octubre.
Hora: jueves a sábado 20:30 hrs. domingo 19:30 hrs.
Av. Matucana 100, Estación Central, Santiago.

*Importante: Las entradas para cada función son gratuitas y se pueden retirar desde dos horas antes de cada función.

 


Rodrigo Hidalgo