Interesante el artículo de Cambio 21 a la incomprensión de la centro. Izquierda sobre el fenómeno Bolsonaro en Brasil, porque habla de los vacíos que dejó la izquierda , ejecutando prácticas antidemocráticas en su interior, (con lo que debilitó la fuerza propia), y abandonando el espacio de las organizaciones sociales a  otras fuerzas. Y enfrentando la violencia del discurso con exigencias morales que la opinión pública no le compra, porque su práctica en ese plano está desprestigiada.

Agrego que en este campo, es significativo que con el abandono de la participación política de los partidos de izquierda en los sectores populares, el vacío fue llenado por el activismo de un clientelismo más poderoso, como los partidos de derecha, y por la prédica diaria de organizaciones con base religiosa . El activismo de izquierda fue reemplazado por los profetas de distintas iglesias, evangélicas en su mayoría, que generan fanatismo y entrega, lo que les permite rápido financiamiento, además que obtienen financiamiento exterior.

La UDI Popular, fue hábil en ocupar las redes ya establecidas en la dictadura, copando con sus activistas la creación de organizaciones como “Un Techo para Chile”, provisto de una inteligente forma de financiarse, a través de los subsidios estatales y generando un grupo de voluntarios de formación católica, que en un espacio de tres meses de activismo, consiguen el paso a la bendición celestial y la apropiación del discurso del conocimiento práctico de las necesidades de los sectores populares .

El caso de Ossandón en Puente Alto, es ejemplo vivo de la eficiencia del activismo de derecha, que compromete a los dirigentes de lugares como Bajos de Mena, porque al participar con ellos, puede denunciar funcionarios corruptos, ocupar su poder adquirido en obtener financiamiento estatal para solución de problemas cotidianos, ocultando con esa proximidad la causa real que está a la base del origen de su miseria: la expulsión bajo la dictadura de las comunas con infraestructura, la generación de jaulas gigantes para dar un techo enriqueciendo a las inmobiliarias con soluciones financiadas por el Estado mediante subsidios (la plata con que compran el pan con IVA, financiando soluciones para aumentar su miseria). Todo esto, disfrazado bajo el gesto cercano, el acompañamiento a comentar su desgracia, la proximidad humana que permite desviar el tema de lo principal y ocupar los planes de gobierno para mitigar de alguna manera situaciones explosivas, como triunfos propios, derivados de la aparición de su liderazgo. Eso explica que Ossandón y su continuador, a veces manifestaran opiniones “justas” en relación a políticas del gobierno anterior, por ejemplo.

En esos casos, el beneficio de su generosidad ideológica, de conducta equilibrada, de reconocerle al adversario una actitud positiva, ingresa completo a la cuenta del líder populista, que no es “como los demás políticos, un gallo de derecha que se porta como los de izquierda, en cuanto los de izquierda se comportan como los de la Derecha”. “Estos no son como los políticos”…aunque sean políticos profesionales.

Entretanto, la izquierda procuraba mantener presencia en esos sectores, supuestamente “propios” a través del control de las organizaciones de base social, a través de la burocratización de sus organismos centrales. El caso de la CUT es ejemplarizador. En vez de unir a los trabajadores sindicalizados, su forma autoritaria de control negociado entre las principales fuerzas políticas, generó el fraccionamiento de centrales sindicales.

Igualmente, las prebendas financieras que se obtenían por parte de organismo internacionales (el pago de viajes que deja un ahorro, no igual a Carabineros, pero con grandes ventajas) o de los propios gobiernos, unidos a las cotizaciones de los organismos que la componen.

La CUT se ha negado sistemáticamente a regirse por el sistema del voto universal ( un asociado, un voto) , para mantener el control de la política sindical en manos de los partidos de la clase, que el sentido común indica que ya no lo son. Las direcciones surgen de acuerdos políticos partidarios y de padrones inflados a punto tragicómico (leñadores en Calama, miles de constructores representados en una ciudad pequeña, etc.), cuestión que genera oposición, fraccionamiento y desilusión, cuando posiciones de “clase” no consiguen oponerse a las “máquinas” que controlan artificialmente la representación.

Los continuos fracasos y la débil oposición a gobiernos que los sostienen, debilitan la convicción de los asociados o de los trabajadores que debieran asociarse, porque pierden un elemento esencial para luchar por sus intereses: la confianza en el colectivo, buscando la solución individual que generalmente pasa por la obsecuencia con el patrón.

Mientras la izquierda no reaccione y haga un profundo cambio en sus propósitos, métodos y moral institucional, en Chile también un Bolsonaro es posible.