La victoria de Donald Trump en noviembre de 2016, a pesar de la filtración de un vídeo en el que presumía de manosear sin permiso a las mujeres, la derrota de la primera mujer candidata a la Presidencia a pesar de que consiguió más votos que el ganador (votos individuales, no por colegio electoral), la multitudinaria Marcha de las Mujeres, que se celebró al día siguiente de la toma de posesión del republicano, la irrupción del movimiento Me Too, y la designación de un juez conservador acusado de abusos sexuales, Brett Kavanaugh, en el Tribunal Supremo. Son muchos los acontecimientos que en los últimos años han provocado un auge femenino y feminista que ahora se traslada también en los espacios de representación política y toma importancia en vista a las próximas elecciones legislativas que Estados Unidos celebra el 6 de noviembre.

En los comicios se votarán todos los escaños del Congreso, 35 de los 100 puestos en el Senado, además se elegirán 36 gobernadores y la composición de 87 Cámaras estatales. También están en juego 5 alcaldías, entre ellas, las de San Francisco y Washington DC.

Las cifras de hoy reflejan que sólo hay 23 mujeres entre los 100 senadores y 84 entre los 435 congresistas. Pero parece que estos números podrían cambiar si tienen suerte las candidatas que postulan al cargo de legisladora. Según publica El País, a partir de los datos de septiembre del Center for American Women de Rutgers, hay 235 que optan a la Cámara de Representantes, lo que supera ampliamente el récord de 2016 (167), y 22 se presentan al Senado (el máximo anterior era 18 en 2012).

Otro hecho a destacar es el cambio de los perfiles de las candidatas: mientras antes eran mujeres de profesiones mucho más elitistas (abogadas, lobistas o políticas…), ahora se encuentran perfiles mucho más comunes e incluso activistas. Entre ellas, destacan los nombres de la demócrata Deb Haaland, de Nuevo México, quien podría convertirse en la primera indígena del Congreso; Rashida Tlaib, de Michigan, quien aspira a ser la primera musulmana, y Christine Hallquist, quien sería la primera gobernadora transgénero, por Vermont.

¿Quienes son?

Deb Haaland, de 57 años, es originaria de la zona del Cañón del Chaco, un parque nacional al sudeste de Estados Unidos que pertenece a la tribu de Pueblo de Laguna, una de las 566 reconocidas legalmente en el país norteamericano, cuyo porcentaje de habitantes nativos roza el peligro de extinción con un 0,8%. Hija de un militar veterano de la guerra de Vietnam y una marina (que al tener hijos se dedicó a trabajar en el hogar), vivió en Winslow, Arizona, junto a sus abuelos durante 45 años. Trabajó de panadera y pastelera hasta que un día decidió estudiar leyes en la Facultad de Derecho de la Universidad de Nuevo México. El destierro que sufrieron sus abuelos -ambos fueron separados de sus familias- es precisamente el motor de la lucha de la precandidata contra la política migratoria de Donald Trump.

Rashida Tlaib es hija de padres inmigrantes palestinos. Hoy tiene muchos números de entrar al Congreso de la mano de los demócratas luego de ganar las primarias por el 13º distrito de Michigan el mes pasado. Tlaib reivindica la necesidad de acabar con la discriminación no solo racial, sino también económica en el país.

Uno de sus principales objetivos es “recuperar la esencia” de la Ley de Derechos Civiles promulgada en 1964, para impedir que todos los estadounidenses, sin importar su color o su estrato social, puedan tener acceso a las mismas oportunidades. Además, la candidata muestra preocupación e interés para ocuparse de temas relacionados con la salud, educación y migraciones. “No quiero pensar que la inmigración en este país es lo que viene de esta Administración, tiene que ser mucho más que eso”, aseguró en una entrevista a EFE.

Christine Hallquist, por su parte, ganó las primarias el pasado mes de agosto y se convirtió en la primera mujer transgénero en la historia de Estados Unidos en conseguir esa nominación. Logró lo que no se consiguió en Hawaii, donde se postuló en primarias Kim Coco Iwamoto, una mujer transgénero abogada que perdió los comicios internos. Antes de presentarse para la Gobernación, Hallquist pasó 12 años como jefe ejecutivo de la empresa Vermont Electric Cooperative, una firma que ella logró sacar del borde de la ruina. Su transición de hombre a mujer ocurrió en 2015, mientras llevaba el timón de la empresa. “Mi camino para ser mi yo auténtico ciertamente no fue fácil”, dijo en un acto de su campaña. “Sin embargo, siempre ha sido importante para mí vivir abierta y honestamente. Escogí la transición de una manera muy pública porque sentí que se lo debía a aquellos en la Cooperativa Vermont Electric que confiaron en mí”, aseguró nada más partir su carrera política.