A las afueras del estadio municipal de Pedro Aguirre Cerda se empiezan a reunir cientos de vecinas y vecinos. Son casi las ocho de la tarde y el sol se esconde detrás de sus hogares para dar una noche cálida para la ocasión. Es 30 de octubre y se celebran los 61 años de la población La Victoria, la primera experiencia popular de conquista del derecho a la vivienda. Como todos los años, las y los victorianos se convocan para reconstruir la gesta heroíca de sus antepasados, cuando mujeres y niños se tomaron los terrenos de la chacra de La Feria para organizar lo que hoy serían sus hogares.

Con carros llevan a las fundadoras de cada cuadra, algunas mujeres se visten con delantales a cuadros y pañuelos en el pelo como lo hicieron sus abuelas o madres. Las niñas y niños también están vestidos con ropas de la época y acarrean carretillas donde traen sus pertenencias. Una batucada y personas con banderas chilenas y lienzos de sus cuadras, cierran la imagen de una marcha que camina hacia su población para reconstituir la memoria histórica su población.

-“¡Vamos vecinas, vamos vecinos! ¡Vamos a tomarnos los terrenos de la chacra de la feria! ¡Vamos a construir nuestros hogares!”

La presidenta de la junta de vecinos con un megáfono llama a la gente para seguir avanzando hacia los terrenos de su futura población. El sonido de la batucada complementa las conversaciones y gritos de las personas ahí presentes. El grito de su barrio resuena en los hogares de los vecinos que ven cómo avanza la columna de pobladores en búsqueda de su dignidad y derecho.

– “¡Juventud y gloria, La Victoria! Juventud y gloria, La Victoria! ¡Juventud y gloria, La Victoria!”

Los recuerdos de la gente se van haciendo habituales en las conversaciones de las y los victorianos que están ahí presentes. Esa vez fueron las mujeres quienes tomaron la decisión de llegar a esos terrenos, como eran los hombres quienes trabajaban, fueron ellas las que llegaron con las carretas y niños a formar sus hogares. Muchos hombres llegaron a los días después al ver la tezón de sus compañeras que se organizaron e hicieron seguridad para defenderse de las fuerzas policiales que intentaban desalojar.

Al llegar a Cotario Blest con la avenida 30 de Octubre, la columna se silencia y se detiene. Es la entrada a la población y el respeto a su territorio, su identidad y memoria da espacio para el discurso que vuelve a motivar a las y los victorianos para conquistar los terrenos que sus familias consiguieron con esfuerzo popular y comunitario.

Aplausos y gritos reciben a las vecinas y vecinos que continúan el llamado para que más se sumen a esta caravana de pobladores que sueña con su lugar para vivir. La población que siempre esta viva, se detiene unos minutos para aclamar su historia y a las y los vecinos que la mantienen vigente. En las esquinas de la avenida principal de la población se colocaron representaciones de las chozas de las y los fundadores, y con fogones en la calle se preparan ollas comunes para quienes quisieran comer un plato de porotos o un consomé.

-¡Vecinas, vecinos! ¡Sigamos avanzando, todavía quedan lugares para levantar nuestros hogares!

Los murales que impregnan de color los frontis de sus hogares complementan la historia de una población que ha sido símbolo de las luchas populares y que va siendo relatada en cada paso que da la caravana por su barrio. Su organización ha resistido hasta los mayores horrores de la dictadura, y que aún con el paso de los años la mantiene vigente para resistir los embates de una cultura neoliberal que poco a poco destruye la solidaridad y la vida en conjunto.

En cada calle que recorren saludan a las familias de las y los fundadores en agradecimiento a quienes dieron su vida y su esfuerzo por entregarles un hogar a más de 1200 familias. También se le hace un reconocimiento a quienes lucharon y cayeron en la búsqueda de libertad y dignidad de un pueblo que aún sigue clamando justicia.

Pasa el tiempo y la gente sigue reunida compartiendo y conversando, saludándose con amigos y vecinos por todas partes mientras comparten algo de comida, un cigarro o una historia de cuando eran jóvenes o niños. La identidad de La Victoria toma fuerza como cada año para continuar conquistando derechos a través de la unidad y la organización. El mensaje queda claro para los años que vienen: será la juventud quienes traigan nuevas glorias para esta emblemática población.