Tras la victoria en el ballotage del pasado 28 de octubre, el futuro presidente brasileño Jair Bolsonaro y su círculo cercano empezaron la tarea de armar el equipo y preparar la cancha para el mandato que recibirán. Han sido pocos días desde entonces, marcados por los desmentidos y errores no forzados, algunos incluso generando conflictos y preocupaciones entre algunos sectores que lo apoyan.

Quizás sea temprano para compararlo con el presidente chileno, cuya colección de patinazos ya ha llenados dos libros, pero acá hacemos un recuento de los chascarros que han marcado estas primeras tres semanas, para que se pueda hacer una idea de si Bolsonaro es o no capaz de emular a Piñera en ese aspecto.

Extinguiendo ministerios… ¡pero no!

El ultraliberalismo de Jair Bolsonaro no pasa solo por la promesa de “privatizar todas las empresas estatales”, sino también por eliminar una gran parte de los ministerios.

Esa tarea no ha sido fácil, sobretodo por las reacciones que ha despertado. El primer anuncio en ese sentido fue el fin de la cartera de Medio Ambiente. El revuelo no se hizo esperar ni interna ni internacionalmente, incluso porque la idea prometida en la campaña presidencial pasaba por transformarla en una subsecretaría del Ministerio de Agricultura, que será liderado por Tereza Corrêa, una diputada conocida como “Menina Veneno” (“Niña Veneno”) en referencia a una canción brasileña cebollera de los Años 80 y a su actuación en favor de la liberación en Brasil de productos agrotóxicos, que son prohibidos en la mayoría de los países del mundo por su potencial cancerígeno.

Al final fue el rechazo internacional, más que el interno, lo que evitó el fin del Ministerio de Medio Ambiente. Pese al reclamo de los ambientalistas brasileños, lo que hizo Bolsonaro desistir de su idea fueron las amenazas de países de la Unión Europea y del gobierno de Canadá, que están entre los principales donantes del Fondo Amazonia para la preservación de las florestas brasileñas, y que condicionan sus relaciones comerciales con Brasil al cumplimiento de estándares con respecto a la sostenibilidad de las actividades, sobre todo en el rubro agropecuario. Como dato para dimensionar mejor el Fondo Amazonia y su importancia para Brasil, solo el gobierno de Noruega ha aportado mil cien  millones de dólares para esa causa entre los años de 2009 y 2017.

Dos días después de retroceder en la pugna sobre el Medio Ambiente, Bolsonaro anunció el fin del Ministerio del Trabajo, uno de los más antiguos del país: fue creado en 1930 por el histórico presidente Getúlio Vargas (1930-1945 y 1951-1954), que se suicidó durante su segundo mandato. Tras cinco días de polémicas y dos actos de los trabajadores del Ministerio en contra de la medida –con muchos de ellos reclamando haber sido traicionados tras votar por el futuro presidente– Bolsonaro cambió su versión y dijo que el fin de la cartera no es una decisión definitiva sino que solamente una idea que se está barajando. Tampoco dio como cierta su continuidad.

Los problemas de los súper ministros

Por ahora, los ministerios que no tuvieron su extinción seguida de un retroceso por parte del presidente electo son: Cultura (será incorporado a Educación), Deportes, Integración Nacional (incorporado a Hacienda), Industria y Comercio (incorporado a Hacienda), Ciudades, Planificación (incorporado a Hacienda) y Seguridad Pública (incorporado a Justicia). Además, las carteras de Desarrollo Social y de Derechos Humanos serían fusionadas en una nueva, el Ministerio de la Ciudadanía.

Las fusiones han generado lo que la prensa brasileña ha llamado  “súper ministros”. Uno de ellos será Onyx Lorenzoni, el elegido para la Casa Civil (similar al Ministerio del Interior en Chile), que podría incorporar el de Relaciones Institucionales, antes destinado al ex-diputado Alberto Fraga, hasta que su nombramiento se vio empañado por la polémica de su condena a cuatro años de libertad condicionada al uso de tobillera electrónica.

El problema es que la caída de Fraga por corrupción llevó a un cuestionamiento mediático al súper ministro Lorenzoni, que tiene una acusación por uso de fondos ilegales para sus campañas por la cual él mismo se declaró culpable y pidió disculpas públicas.

El caso de Lorenzoni creó cierta restricción a la estrella de los súper ministros de Bolsonaro, el ahora ex-juez Sérgio Moro, responsable por condenar a Lula da Silva y que alguna vez dijo que “los fondos ilegales para campañas son la peor forma de corrupción”. Preguntado sobre la causa que involucra a Lorenzoni, Moro dijo que “es distinto, porque él ha asumido su error y pedido disculpas”. Más allá de si el simple reconocimiento basta para perdonar un caso de corrupción, el problema es que días después se descubrió otro caso de fondos ilegales relacionado al ministro de la Casa Civil, lo genera más dudas respecto a su legitimidad como ministro de un Bolsonaro que prometió ser severo contra la corrupción, además de quitarle fuerza a las palabras de Moro en su defensa.

El otro súper ministro del gabinete es Paulo Guedes, que liderará una Hacienda reforzada por otras tres carteras incorporadas a sus funciones, y que también aparece señalado en casos de corrupción. Sin embargo, su chascarro reciente tiene que ver más con su desconocimiento de cómo funcionan los cánones institucionales.

El Presidente del Senado, Eunício Oliveira, pidió una reunión con él para discutir presupuesto del año 2019, pero Guedes rechazó el encuentro alegando que “ustedes aprueban lo que quieran ahora, nosotros después tratamos de aprobar el nuestro en enero”. Oliveira tuvo que explicarle que el presupuesto de todo el año que viene tendrá que ser aprobado todavía este año, por el actual Congreso.

 

Paulo Guedes

Un canciller insólito

En una de las primeras escenas de Dr. Insólito, la clásica comedia de Stanley Kubrick sobre la Guerra Fría, el capitán Mandrake (una de las muchas interpretaciones brillantes de Peter Sellers en la película) descubre los planes del general Jack D. Ripper que inician un conflicto bélico con la Unión Soviética. En el desarrollar de la trama, el personaje de Sterling Hayden confiesa que la inspiración de sus actos reside en las más absurdas teorías conspiratorias, como la de que comunistas trataban de llenar las reservas de agua estadounidenses con flúor, con el objetivo de contaminar los fluidos corporales de los ciudadanos.

Quienes han visto estos diálogos ciertamente los recordará al leer los escritos y las ideas del diplomático nombrado por Bolsonaro para ser el nuevo canciller de Brasil. El ultracristiano Ernesto Araújo está lejos de ser una figura destacada dentro del Itamaraty (el Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño) pero siempre ha sido uno de los más cercanos colaboradores del presidente electo para temas internacionales.

En sus declaraciones y artículos a la prensa brasileña, Araújo presenta ideas que podrían fácilmente ser usadas por una versión actualizada del desquiciado general de la película de Kubrick. Entre sus ideas más controversiales están la de que el nazismo es una ideología de izquierda, similar al comunismo – ignorando que el régimen de Hitler ha sido pautado por el anticomunismo desde su origen, o si no que lo niegue Krassnoff – o que no existe crisis mundial por el cambio climático: “todo no pasa de un complot marxista en favor del globalismo y de lo intereses de China, con científicos ideologizados tratando de convencer a la gente de cosas que no son verdad”.

Algunas de sus afirmaciones incluso superan la polémica y llegan al nivel del bochorno, como la de que “la primera victoria del marxismo cultural fue en la Revolución Francesa” – como se sabe, la caída de la monarquía gala ocurrió tres décadas antes de que el propio Karl Marx naciera, y que en ese entonces ya existiera un marxismo cultural es toda una hazaña.

Pero en términos prácticos el nombramiento de Araújo tiene sentido, por su perfil antiglobalización y su defensa ortodoxa de los valores cristianos. Sobre el aborto, dijo que “ellas (las feministas) sueñan con una sociedad donde nadie más podrá nacer, ningún bebé, ni siquiera el niño Jesús. Me pregunto incluso si el sadismo abortista de la izquierda viene de alguna pretensión nihilista de, en cada niño asesinado, matar matar a Cristo antes de nacer uno y otra vez”.

Además, se destaca por su creencia en un gobierno que trate de ser un aliado de primera línea de Donald Trump, poniendo todas las fichas en esa apuesta y ofreciéndose como un posible cumplidor de órdenes en carácter regional, la vieja receta del subimperialismo, defendida por los generales de la dictadura militar brasileña, entre 1964 y 1985.

Postura que implicaría en un Brasil más hostil en sus relaciones con Venezuela, Cuba y Bolivia, por ejemplo. Aunque no solamente eso. Ernesto Araújo también ha lanzado palos al Mercosur, además de coincidir con Bolsonaro en su desconfianza hacia China y Rusia. Sobre la Unión Europea, sus ya citados artículos solían clasificarla como “un concepto burocrático y un espacio culturalmente vacío, regulado por valores abstractos”, lo que ha generado notas cargadas de preocupación en distintos diarios del Viejo Continente, como el británico The Guardian y el español El País.

Habrá que ver si Bolsonaro mantendrá a Araújo pese a sus dichos polémicos o si habrá otro retroceso, dando razón al conocido articulista brasileño Reinaldo Azevedo, que pese a su línea ultra conservadora se ha mostrado un feroz crítico del presidente electo, diciendo que “la transición sólo ha acertado cuando se rectificó, y se equivoca cuando mantiene sus medidas”.

Ernesto Araujo

El conflicto de la carne

Pero Araújo no es la única fuente de polémicas internacionales del futuro gobierno. De hecho, los primeros problemas surgieron por gestos de Jair Bolsonaro antes de la campaña, como su visita a Taiwán el año pasado, que fue recordada por el gobierno chino recientemente. Los industriales brasileños que hacen negocios con el gigante asiático han pasado los últimos días rogando al presidente electo una postura menos provocadora.

Algo similar pasó con el tema israelí. En su afán por acercarse al gobierno estadounidense y al mismo tiempo retribuir el fuerte apoyo del mundo evangélico, Bolsonaro prometió cambiar la embajada brasileña en Israel de Tel Aviv a Jerusalén. Esa promesa estuvo presente en toda su campaña electoral, pero al anunciarlo oficialmente tras la victoria electoral se encontró con una inesperada reacción de la Liga Árabe, y más fuertemente de países como Egipto y Jordania, que pasaron a defender un boicot a los productos brasileños si tal medida fuera concretada.

La amenaza causó revuelo en el sector empresarial brasileño, especialmente en el rubro de la carne, producto responsable por gran parte de las exportaciones del país. La mayoría de los países del mundo árabe rechaza categóricamente la medida estadounidense de trasladar la embajada, tanto los 22 de la Liga Árabe como otros países de mayoría musulmana pero que no forman parte del bloque, como Irán y Turquía. Esos países árabes o de mayoría musulmana son los compradores de más de 45% de la carne de pollo y de vacuno brasileñas, las que incluso son exportadas con el sello halal, que significa que siguen las normas del islán para la creación y matadero de animales. Un posible boicot árabe a esos productos llevaría Brasil a perder un superávit comercial de 7 mil millones de dólares con los países árabes.

Ante esa situación y la presión del sector agropecuario brasileño (que apoyó fuertemente a su campaña), Bolsonaro hizo otro desmentido más, de la forma más usada: dijo que la decisión de trasladar la embajada todavía no es definitiva. No se sabe si ha desistido de aquello o si trata de ganar tiempo, pero la prensa local asegura que ya no tiene fuerza política para mantenerla.

Médicos Cubanos

Algo parecido puede suceder con un tema interno relacionado a políticas para la salud. Desde el 2013, Brasil cuenta con más de 9 mil profesionales cubanos viajando por el país para llevar atención médica sobretodo a los rincones más alejados y las poblaciones más vulnerables de los grandes centros urbanos.

El programa, creado por el gobierno de Dilma Rousseff, se llama Más Médicos, y nace de un acuerdo de colaboración mutua similar a muchos otros en que la isla ofrece la excelente calidad de sus doctores y lo intercambia por los recursos necesarios para eludir el bloqueo económico estadounidense.

Jair Bolsonaro ha sido un crítico del programa desde el principio, llegando incluso a hacer un reclamo formal al STF (Superior Tribunal Federal, máxima instancia del Poder Judicial en Brasil) alegando tratarse de una movida para importar “guerrilleros comunistas disfrazados de médicos”. Recientemente, en un video dedicado a los colegios médicos que lo apoyaron en los comicios, aseguró que ya tiene listo el documento con el cual expulsará a los médicos cubanos del país (haciendo un gesto de entre comillas con los dedos al decir la palabra “médicos”, nuevamente poniendo en duda el carácter de esos profesionales).

El problema es que gobierno cubano también supo del video. Esta semana, el presidente Miguel Díaz-Canel anunció que el acuerdo con Brasil se acaba debido a las declaraciones de Bolsonaro, y que los médicos cubanos presentes en ese país no están más seguros, por lo que deben regresar a la isla.

Nuevamente, el bolsonarismo se encontró con una reacción inesperada,esta vez de muchos colaboradores políticos. El tema es que Más Médicos es uno de los más exitosos programas del gobierno de Dilma, y miles de ciudades dependen de las médicas y médicos de Cuba para tener cobertura en salud. Por eso, muchos alcaldes reaccionaron con desesperación al ver que esa medida puede llevar a colapsar la salud en sus municipios. El caso más destacado es el de alcalde Marcelo Rangel, de la ciudad de Ponta Grossa, en el sur del país, donde Bolsonaro ganó con 74% de los votos, pero que depende de los médicos cubanos, que son 75% de los profesionales que trabajan en salud en la región (60 de los 80 doctores que cubren una zona de casi 400 mil habitantes).

Posteriormente, se suma el chascarro machista al descubrirse una antigua publicación en Facebook de Eduardo Bolsonaro, el hijo diputado del presidente electo, usando a los médicos cubanos para decir que “el feminismo es una enfermedad”. Dice lo siguiente: “Empiezo a `entender´ la importancia de la figura masculina en la vida de la mujer cuando veo a mi ex novia declarándose feminista y  yéndose a un carrete LGBT acompañada por un médico cubano (ligado a Más Médicos), usando ropa flaite y moviendo la cola cerca del suelo al bailar, mientras que antes del feminismo ella andaba con ropas decentes, no movía la cola hasta el suelo y pololeaba conmigo”.

La ex novia es Patrícia Lélis, una periodista que era conservadora y evangélica hasta separarse de Bolsonaro hijo y volverse feminista. En su respuesta al diputado, ella dijo: “Empecé a entender la importancia del feminismo cuando fui acosada por su colega del partido y tú me pediste callar, sabiendo que era verdad y que yo había sufrido maltrato físico y psicológico”.