Una vez se encontraron en el persa y el muralista Mono González lo invitó a participar en su galería taller ubicada en el persa Víctor Manuel. A él le pareció “fantástico, porque hay una comunicación con la gente muy cercana, y además se pueden vender cosas más baratas, libros y cosas más antiguas que hice masivamente y que a la galería no le interesa”, cuenta. Desde hace cuatro meses viene cada sábado y ofrece originales, serigrafías e impresiones digitales en la mesa que le ha sido cedida como invitado especial. Aunque reconoce que para poder mostrar la totalidad de su obra “necesitaría todo el persa”.

-¿Le parece más atractivo venir para acá que ir a Ch.ACO a Lo Curro?

-A mí me carga esa atmósfera que hay ahí. Aquí es cansador, es fatigoso, pero es interesante porque uno se encuentra con la gente. De repente te dicen, yo lo vengo siguiendo, me gusta mucho lo que hace, es decir, el tener referencia directa del impacto que puede producir la obra de uno. Eso generalmente no se sabe, uno no tiene idea, y aquí el hecho de que la obra la puedan tocar, que la revisen, es entretenido. Es otra dimensión.

-También lo identifican por sus obras de arte público, como la del Estadio Nacional

-Y es curioso, fíjate que la han respetado esa, es impresionante, porque generalmente todas esas obras son intervenidas por los grafiteros.

foto de Malena Yañez

Una agonía como huella, dice el texto de su obra en el Estadio Nacional

A media mañana se come un plátano y camina algunas cuadras para mostrarnos su exhibición en La Factoría Santa Rosa, donde están sus libros de artista, sus cuadros de gran formato y otras obras recientes más pequeñas. “Son textos míos y dibujos, era una exposición que quería hacer. En general voy escribiendo y dibujando, casi siempre reflexiones sobre el dibujo”.

El primero de sus libros lo hizo para el cumpleaños de una amiga francesa cuando vivía en París, el año 54. Y después no paró, “siempre he estado haciendo”, dice mostrando casi una veintena de ellos que se exhiben en la galería.

Llama la atención la ausencia de un libro único con portada de cartón, y su rostro impreso en serigrafía con los ojos vendados, el interior elaborado con papel paquete de vela. Se lo llevó a casa por temor a que pudiera extraviarse. La serie Libertad condicional era la misma foto reproducida hasta el cansancio en fotocopias e intervenida de distintas maneras junto con el certificado que le dieron al dejarlo libre.

.

-¿Y esa imagen le vino después de su detención?

-Claro (dice riendo), porque antes nunca me habían vendado los ojos

Ahorcarse con la bandera chilena

Su trabajo ha estado siempre vinculado con la letra, ya sea porque él mismo escribe y varias obras y libros de artista van acompañados de textos en su caligrafía de niño. Ya sea porque ha hecho libros inspirado en obras de Neruda, Gonzalo Rojas y en Bobby Sands desfallece en el muro de Carmen Berenguer. “Me gustó mucho y era una edición muy pobre. Me pareció muy interesante la situación que colocaba a Bobby Sands esperando la muerte”, dice. Con Gonzalo Rojas trabajaron cuando él estaba vivo, hizo el libro Contra la muerte de dibujos a partir de sus poemas. También uno de Neruda. “Yo estuve con él en Praga en los años 60, y entonces estuvimos hablando de ese libro Alturas de Machu Picchu. Lo íbamos a hacer cuando estaba vivo, y al final fue pasando el tiempo. Amigos íntimos no éramos, pero nos conocíamos y sabíamos uno del otro. Yo hice los decorados para la primera obra de teatro de él en Chile y en Alemania, había ese compromiso de hacer el libro y lo pude hacer recién ahora último”.

En otro libro muestra los primeros bocetos para el mural de la Unctad “que hicieron pedazos los milicos y que estamos pensando volver a hacer”, relata, y su voz se mezcla con el sonido de la cumbia que se cuela por la ventana. Unas páginas más allá, dibujos y bocetos del año 73, con un guiño al comic, muestran la sedición y los militares como gorilas.

© Alexis Díaz Belmar

-También lo metieron preso por una exposición

-Esa fue la segunda detención. La exposición fue clausurada y me metieron preso, y a la vez la exposición la hice porque había estado preso.

-¿Y qué encontraron tan fuerte en la exhibición?

-Empezando eran solamente jaulas. Estaban con objetos dentro. Una marraqueta, flores, un bototo y la corbata al revés. Era la bandera chilena transformada en horca. Ellos entendieron perfectamente de qué se trataba.

En el camino de vuelta hacia la Galería Taller del Mono se detiene a mirar todo lo que venden en la calle. Nadie lo conoce. “Por suerte”, dice. Al contrario de lo que pasa cuando va a un museo, donde no puede pasar inadvertido, “una lata”, bromea. Regresa a comerse su sándwich y un huevo duro, la colación que se trae para aguantar hasta las 4 de la tarde conversando con el público, y volver nutrido a su taller a seguir creando.

Nuevo registro de la visita que realiza el Maestro Guillermo Núñez en nuestra galería, trabajo audiovisual de Michael Gómez Muñoz.

Publicado por Galeria Taller del Mono en Jueves, 7 de junio de 2018