La seleccionada chilena Javiera Grez (18) partió en el fútbol a los tres años, cuando la matricularon en el jardín. A los 10, ya estaba en un club de hombres donde algunos se atrevían a reírse y a poner en duda sus capacidades. Todo cambió cuando vieron jugar a la oriunda de Lontué.

-En el club de hombres los niños como siempre miraban en menos y se burlaban, pero les fui demostrando lo que una mujer podía hacer-, replica convencida.

En 2013, cuando solo tenía 13, la delantera ingresó a Curicó Unido y su carrera comenzó un despegue que todavía la sorprende. Hoy es la integrante más joven de la selección adulta y la “Pequeña Gigante”, como la apodaron en el club curicano, se mantiene como una de las piezas claves del equipo dirigido por José Letelier, que ya prepara su histórico camino al Mundial de Francia 2019.

Javiera fue parte de un año soñado para la Roja, que pese a la falta de apoyo de los clubes locales y a la atención tardía de los dirigentes de la ANFP, ha logrado superar todas las expectativas y abrochó un subcampeonato en casa durante la última Copa América.

En este escenario, Grez se recupera de una reciente lesión al hombro que la marginó de los últimos partidos de las chilenas ante Las Matildas, la competitiva selección de Australia: “Tengo una lesión hace 3 semanas pero ya estoy mejor, con kinesiología en Molina donde vivo y gracias a Dios vamos súper bien. Creo que me estoy recuperando al 100% para poder estar bien desde el próximo año, entrenar para demostrar que sí puedo ser una carta para apoyar al equipo y para que el profe me tenga considerada”, explica.

Javiera cuenta que a veces, cuando está sola, todavía se pregunta cómo llegó a jugar en la selección adulta a sus 18 años: “Mi familia me dice que es gracias a mi esfuerzo y a todos los que me han apoyado”, sostiene.

A su juicio, ser seleccionada es “una responsabilidad grande porque ninguna de las chiquillas pienso que al principio confiaba en mí, pero he demostrado que soy una parte fundamental, que apoya al equipo y que igual aporta con un granito de arena y gracias a Dios las chiquillas me han dado apoyo y es importante para mí, siendo tan joven”.

A inicios de octubre, antes de su lesión, Grez disputó el partido amistoso de Chile ante Sudáfrica. La selección visitante se imponía por 2 goles a 1 cuando, en el minuto 81, Claudia Soto lanzó un exacto tiro libre que la “Pequeña Gigante” cabeceó con su 1,48 de estatura para convertir el gol. La arquera apenas alcanzó a ver el balón, mientras la chilena celebraba a rabiar junto a sus compañeras, lanzando un grito emocionado y acomodándose el tradicional tomate sobre su cabeza.

“Es pequeñita pero triunfó en las alturas. La curicana Javiera Grez ganó por aire a las torres sudafricanas, costó pero llegó (…) ¡pero qué brinco el de Javiera!”, resumía Claudio Palma en su relato.

“No venía marcando muchos goles y en ese momento Chile lo necesitaba y gracias a Dios se me dio a mi. Se notó que estaba súper feliz, lo grité con todo, no sé si se dieron cuenta”, se ríe. A la salida del partido, la jugadora confesó que ese había sido uno de los momentos más felices del año: “es Chile, es nuestro club, es La Roja de todas, la que todos apoyan y donde todas las futbolistas mujeres queremos llegar y hacer un gol, que es la felicidad más grande”, resume.

“Cada una de nosotras tiene el sueño de poder ganar un Mundial”

Así como tantas veces se tildó a la generación bicampeona de América como la mejor de todos los tiempos, Grez cree que está en la “generación dorada del fútbol femenino: ha sido un año súper exitoso para nosotras. Se ha notado en las niñas que se han podido ir a jugar afuera, hay muchas chilenas jugando en el extranjero y eso nos sirve para aportar más al equipo, para ser más fuertes”.

La futbolista también alberga el sueño de jugar afuera, un deseo que hoy se aplica para todas las jugadoras profesionales en Chile, dadas las condiciones aún precarias de la escena local: “Hay que seguir surgiendo, seguir creciendo futbolísticamente y yo también quiero eso, quiero irme a jugar al extranjero para poder crecer en lo futbolístico”, adelanta.

A la espera de un salto al extranjero, Grez cuenta que egresó hace tres semanas de cuarto medio y también evalúa poder estudiar una carrera universitaria: kinesiología. “Yo sé que el fútbol femenino no da mucho para vivir y quiero tener esa cartita bajo la manga como digo siempre, que es una carrera que me sirva a futuro”, dice.

Sin embargo, lo más difícil del deporte sigue siendo alejarse de la familia a corta edad. “De mi mamá, sobre todo, donde hubo momentos difícil en donde era el fútbol o ella, pero siempre me dijo que iba a estar bien. Alejarse cuesta”, reconoce.

A sus 18 años, Javiera nota y agradece los cambios sociales respecto al fútbol femenino, en una sociedad que “ya no nos apunta con el dedo diciendo que las niñas no saben jugar fútbol y todo eso”. Pero recalca que este escenario ha cambiado gracias al esfuerzo de “nosotras mismas, que hemos demostrado que las mujeres sí podemos hacer lo mismo que los hombres”.

También se declara agradecida de los cinco años que ha sumado militando en Curicó Unido: “Ha sido súper bueno, los distintos profesores que han pasado por el club me han enseñado cosas diferentes que hoy me sirven bastante para desarrollar mi fútbol y se los agradezco cada vez que los veo”.

Pequeña, pero letal en los saltos. En la foto, su gol a Uruguay con La Roja Sub 20, en el Sudamericano de Ecuador.

Grez es optimista sobre el futuro del fútbol femenino y está consciente de que los frutos vendrán también para otras. “Vamos a seguir haciendo que el fútbol femenino crezca y que nos tomen más en cuenta, para que las niñas que vienen integrándose tengan más recursos que nosotras ahora. Tenemos que demostrar que podemos hacer cosas grandes y darle, si podemos, una felicidad a Chile”, apunta.

Sin embargo, al igual que sus compañeras, Javiera es crítica de la labor de los clubes en Chile a la hora de hablar sobre fútbol femenino: “Aún falta más apoyo de los dirigentes de los clubes, que nos tomen más en cuenta. Ahí es donde pasamos más tiempo jugando y hay a veces hay niñas que se lesionan y no tienen cómo pagar su recuperación, el club no les tiene ningún seguro”.

En el último Sudamericano Sub 20 disputado por Chile, Grez tuvo el honor de ser la capitana del equipo, algo que cree que le gustaría vivir a cualquier jugadora en alguna rama formativa de Chile.

“Siempre había sido un sueño tener esa responsabilidad y gracias a Dios la pude cumplir súper bien, las niñas me dieron todo su apoyo y fue una bonita experiencia”, recuerda de su paso por el torneo en donde Chile se despidió con seis puntos y una goleada 4-0 al conjunto uruguayo. En ese partido, Grez se elevó de manera impresionante para marcar el tercer gol del equipo, mostrando que no hay límites físicos para una jugadora de su nivel y compromiso.

Hoy, Javiera solo piensa en su preparación para la Copa del Mundo del próximo año, una competencia en la que siempre soñó estar. La espera se acabará en París, el próximo 7 de junio, cuando comience el torneo: “Es un sueño que a hombres y mujeres les gustaría cumplir y eso es lo que vamos a tratar de hacer. Cada una de nosotras tiene el sueño de poder ganar un mundial”, recalca.