Hoy trascendió la renuncia de Francisco Orrego Bauzá de la presidencia del directorio de TVN. Justifica su renuncia señalando que no contaba con las atribuciones para implementar las medidas que requiere la profunda crisis del “Canal Público”, catalizadas por la Ley de TVN y su capitalización financiera.

En una época en que el Gobierno y sus instituciones más afines -Carabineros, Ejército, Intendencias, medios de comunicación cercanos, etc.- mienten descaradamente, este suceso es una prueba de tres elementos.

En primer lugar, el nulo compromiso de Sebastián Piñera y sus colaboradores con lo público, pues Orrego no hizo absolutamente nada por cuidar, sanear y remodelar adecuadamente a TVN, sino que dejó una estela de despidos, pérdidas económicas y fragilización de las condiciones para que la señal pudiera cumplir con su mandato de pluralismo y defensa de la democracia.

En segundo lugar, es un episodio más de la operación de la derecha por estrangular a TVN hasta que deje de patalear (perdón lo gráfico, pero lamentablemente es la metáfora más adecuada). No sólo se envió a Orrego a empantanar la labor del directorio, entrando en disputa directa con Jaime de Aguirre y los otros opositores en el directorio, en un intento de repetir la historia de descrédito que hizo caer al Diario La Nación. Sino que no tuvo prácticamente ningún atisbo de indignación frente a los permanentes ataques que su sector político ha dirigido a la empresa que él presidía, callando frente a una máquina de mentiras y desinformación que se ha montado sobre TVN.

Y, en tercer lugar, lo más importante. Orrego huye de sus responsabilidades políticas por no ejecutar ninguna acción efectiva para revertir los problemas de la estación. Su acto es del mismo tenor que las actitudes recientes de Andrés Chadwick, Luis Mayol, Hermes Soto, Mahmud Aleuy, el mismo Jaime de Aguirre y un largo etcétera: la falta de valentía para asumir los errores y la mala conducción de los procesos que se les encomiendan.

El señor Francisco Orrego nos deja un recuerdo bastante amargo, una imagen de huida que hace más complicado el escenario, ya que él veló por su propia integridad política, dejando a quienes debía proteger en una situación de incertidumbre e indefensión.

Ante tal cobardía, los funcionarios de la estación muestran la actitud contraria, defendiendo su rol público, demandando transparencia para acabar con el botadero de plata en directores incompetentes y rostros sin ética pública y aspirando a que una vez más esta sea una chance de cambiar el modelo de televisión pública que Chile merece.

Esperemos que la cobardía y falta de coraje de la que hizo gala Francisco Orrego Bauzá no sea el sello del próximo presidente del Canal. Hay pocas razones para tener fe en esto. Pero existe ciudadanía activa que, desde la sociedad, puede hacer notar la necesidad de fortalecer con coraje y audacia nuestro canal público frente al asedio que vive en la actualidad, demandando del nuevo presidente una actitud acorde a la altura del desafío.