Beto de Jesus es un activista brasileño por los derechos de la población LGBTI y reproductivos de las mujeres con un largo recorrido junto a los movimientos sociales. Actualmente, es el gerente de Prevención, Pruebas y Defensa en el país de AIDS Healthcare Foundation (AHF), la organización más grande a nivel global en proveer servicios médicos de prevención y apoyo a personas que viven con VIH.

Actualmente, sólo en Brasil atienden a más de 40 mil pacientes, producen altas cantidades de medicamentos, distribuyen más de un millón de condones al mes y cuentan con varios centros de atención médica para que las personas puedan hacerse el examen y también iniciar tratamientos de ser necesario.

De cara a la llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia del país más grande de Latinoamérica, El Desconcierto conversó con el activista sobre la realidad del VIH en la región, la avanzada del fascismo y qué hacer para detener su instalación en distintos espacios.

Educar en torno al VIH

Aún siendo el mayor productor de medicamentos para el tratamiento del virus en la región y habiendo aportado a la demanda del resto de los países, en Brasil más 40 mil personas se infectan al año, 12 mil mueren anualmente y en total actualmente hay casi un millón de personas que viviendo con VIH en todo Brasil.

— ¿Cómo han sido las campañas y las políticas públicas de concientización en Brasil respecto a las enfermedades/infecciones de transmisión sexual?

— Ese ha sido un gran problema. Antes fuimos mucho más efectivos en nuestras campañas, hicimos cosas más transgresoras, pero hoy no podríamos hacer eso nunca. Hay que entender los que pasa con Brasil, porque fuimos vanguardia en hacer campañas de prevención, pero hoy vivimos una discusión en las escuelas sobre la “ideología de género”, donde no quieren que se hable nada de diversidad, tampoco de prevención del VIH. Es todo muy conservador. Es trágico porque en el periodo del presidente Lula (Da Silva) y de Dilma (Rousseff), usamos un modelo que jodió nuestras vidas, que es la gobernabilidad, y eso significaba hacer combinaciones con partidos que no eran de izquierda o que no tenían una buena visión sobre la diversidad, y ahí esto se abrió a partidos que la gran mayoría eran evangélicos. Con eso empezaron a decir “esto no”, “esta otra política no”, “si quieren mi apoyo esto tampoco”. Ahí fueron surgiendo muchos recortes a la agenda de mujeres, LGBTI o de los negros.

El activista marca como un hito importante para su lucha el levantamiento de la primera Conferencia Nacional de Derechos LGBTI en Brasil, durante el primer gobierno de Lula Da Silva. “Allí se reunió a personas del gobierno y la sociedad civil para hacer indicaciones de políticas para distintas áreas. Fue una conmoción nacional y nosotros dijimos esta agenda va para arriba”, cuenta De Jesús.

Igualmente, el dirigente cuenta que en 2004 se puso en marcha “el programa Brasil Sin Homofobia que sería el primer modelo de políticas públicas en distintas áreas y era lo que los ministerios iban a hacer respecto a los derechos LGBTI, pero cuando Dilma Rousseff llega, ella ni siquiera asistió a la conferencia y solo envió a un ministro. Además, para nuestro desagrado dijo en televisión que su gobierno no iba a hacer propaganda de opciones sexuales diferentes. Eso nos dijo que todo iba cambiando ya”.

Foto: portaldelaizquierda.com

La arremetida de Bolsonaro

Beto de Jesus conoce de cerca a Jair Bolsonaro y la forma en que moviliza su discurso. Hoy más que nunca el brasileño pone alerta sobre lo que puede significar su administración. “El 2011 desarrollamos el proyecto Escuela sin Homofobia y cuando estábamos haciendo esto, Bolsonaro ya estaba resonando. Yo estuve con él en un programa de tele y decía que “si tienes un hijo amanerado, tienes que darle una paliza”. Eso es algo muy violento, va contra los derechos del niño y no tiene sentido común”, sostuvo el activista.

— ¿Cómo se vivió el proceso de campaña y elecciones que dieron por ganador al ex militar?

— Durante toda la campaña de Bolsonaro, la violencia contra gays y mujeres fue terrible. Hubo un incentivo de la violencia contra la población LGBTI. Además, gran parte de su victoria se dio en base a las fake new que se enviaban de forma organizada por WhatsApp. Hablaba de que el “kit gay” enseñaba a los niños a ser gay. Tenía un chupete con forma de pene y decía que estábamos distribuyendo mamaderas con chupetes de pene para los niños.

Sobre los polémicos perfiles de los hombres y mujeres de confianza del nuevo mandatario, De Jesus cree que Bolsonaro “eligió personas para ser ministros que sean antípodas de lo que busca el ministerio. Por ejemplo, el apodo de la ministra de Agricultura es “Garota Veneno”. Ella es la que hace la mayor propaganda de los agrotóxicos. El ministro de Educación es un conservador gigantesco que está ligado con la educación privada. El ministro de salud nuevo dice que la prevención es una responsabilidad de las familias y que el estado no tiene nada que hacer. Éste es un ignorante y por qué: porque la epidemia en Brasil, como en Chile, es concentrada en algunas poblaciones que son los hombres que tienen sexo con hombres, profesionales del sexo, travestis y transexuales y personas drogadictas. Todas esas personas ya están fuera de las familias hace tiempo. La familia los echó de sus casas”.

Por otro lado, el activista indica que detrás de la avanzada fascista hay un interés internacional de instalar esta ideología alrededor del mundo. “El asesor de (Donald) Trump estaba detrás de la campaña de Bolsonaro en Brasil y lo ha hecho en otros países. Si desde afuera ven que este tipo que tiene un 8% (José Antonio Kast) en Chile, tiene posibilidades, van a invertir mucha plata en él”, advierte.

Hacerle frente al fascismo

Un detalle muy gráfico del efecto que han tenido los discursos de odio como el de Bolsonaro es la decisión de Beto de no traer una falda en su viaje a Chile, tal como hasta hace poco vestía en su país. “Pensé si la traía o no, pero no quise verme en posibilidad de que alguien me hiciera algo. Ahora no sé si voy a usar falda en la calle porque me pregunto si es estratégico mostrarme así. Yo nunca pensé tener miedo a eso”, confiesa De Jesus.

— ¿Cuáles serán las estrategias del movimiento LGBTI brasileño contra el conservadurismo?

— De primer momento, hemos creado grupos de discusión, porque había mucha gente que quería ir de inmediato a las calles, pero yo creo que hay que tener un tiempo para cuidar de nosotros y lamer nuestras heridas. Yo tengo 56 años y viví tiempos difíciles donde no había ninguna apertura, pero me preocupa esa generación que nació con mayores derechos. Que pueden caminar en la calle como novios, tienen la idea de que tendrán una familia. Estos jóvenes tienen que tener protección, porque si no serán presas muy fáciles en la calle con toda esta violencia. La impunidad en Brasil es muy fuerte, Marielle Franco, la concejala negra y lesbiana asesinada, hasta hoy no recibe justicia. A las diputadas que posaron con el cartel de “Mariele vive” las trataron como basura. Hay una semilla de fascismo que está brotando en la sociedad brasileña.

— ¿Crees que se puede hablar de una especie de derechización de la región? 

— Sí, totalmente hay una derechización. Yo creo que la sociedad civil organizada en los países debería tener espacios de articulación. En AHF, por ejemplo, que está en Chile, Argentina, Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Panamá, Haití, México, República Dominicana, Jamaica, tenemos que preguntarnos qué campaña vamos a hacer con la epidemia. Porque todas son epidemias concentradas que dialogan con poblaciones marginales. Es una epidemia que no solo necesita políticas de salud, sino cuestiones de educación, de vivienda, etc. Por ejemplo, las personas trans viven sin muchos derechos, suelen meterse al trabajo sexual y por dinero terminan muchas haciéndolo sin condón por la vulnerabilidad, porque no tienen muchas opciones de trabajo. Es un panorama súper feo, pero vamos a resistir y salir a las calles porque así es nuestra vida.

— Brasil tiene la tasa de crímenes de odio contra la población LGBTI más alta de la región, ¿Cómo combaten esta realidad desde el activismo?

— Es una situación súper compleja, porque a la vez que somos unos de los más violentos, también existe la idea de que vivimos en un paraíso sexual, que es súper liberal y no somos así. Esta violencia es sistemática. Las iglesias evangélicas se han convertido en establos para tener candidatos a diputados, concejales, ya tienen una fuerza de elecciones muy grande que seguirá creciendo. Avanzamos con derechos, donde tenemos matrimonio, adopción homoparental, tenemos cuotas trans en las universidades y esta es una respuesta de esos que no quieren una sociedad diversa. Creo que hay que juntar a la izquierda, juntar movimientos que sean diferentes, porque en este momento vamos a combatir al mismo enemigo. Hay que pensar que nuestras diferencias son pequeñas ante lo que podemos enfrentar.