Un día de estos recibí un mensaje vía WhatsApp de una persona que no conozco tanto, sin embargo, sé que tiene un bagaje cultural arriba de la media, posee grado y post grado universitario. Era un mensaje sin el esperado: hola, ¿cómo estás?, tanto tiempo… En vez de eso, era una noticia con carácter de urgente, ya que podría ser borrada de la internet – como si eso fuese posible.

El mensaje era una noticia que declaraba como prófugo de la justicia al diputado, electo por el Estado de Rio de Janeiro, Jean Wyllys. Según la noticia, el autoexilio del parlamentario estaría motivado por la intención de escapar de la justicia. Según la noticia, habrían poderosas pruebas que incriminarían al diputado como autor intelectual del fallido atentado que sufrió el actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, durante su campaña presidencial.

Jean Wyllys, del partido de izquierda PSOL, un reconocido diputado en Brasil, es el primer político en declararse abiertamente homosexual y ser un activo militante de la causa LGBT, con lo cual rápidamente se ganó la desenfrenada enemistad de los sectores conservadores del país. Producto de reiteradas amenazas de muerte contra él y su familia, el diputado, a través de un comunicado fuera del país, abdicó de su tercer mandato y por su seguridad se declaró en exilio. Esta noticia fue ampliamente difundida en Brasil, incluso llegó a tener repercusión internacional, debido al peligro para la democracia que significa.

Después de la sorpresa, al saber de qué se trataba el mensaje, pensé en responderlo inmediatamente. Pero después de tomarme unos minutos, desistí y preferí no caer en ese espiral infinito de las discusiones políticas digitales. En vez de eso, aguardé para constreñirlo personalmente, ya que sabía que Jorge, quién me mandó el mensaje, tenía plena consciencia de la naturaleza fraudulenta de la noticia que me envió.

La noticia que declara a Jean Wyllys prófugo de la justicia, atribuyéndole la autoría intelectual del atentado a Bolsonaro, desvirtuando su exilio, junto las Fake News más famosas de la campaña electoral: el “Kit Gay”, un manual para homosexualizar niños en las escuelas públicas y las mamaderas con chupetas de pene, repartidas por el Ministerio de Salud. Estas deberían formar parte del acervo del museo de historia natural del país tropical ya que retratan, mejor que cualquier otra cosa, el momento pos-verdad que vive el país.

Una fake news repetida mil veces se transforma en millones de Jorges

Aunque nunca encontré personalmente a Jorge “mi amigo”, pensé en cuál habría sido su reacción después de encararlo y preguntarle: ¿Qué hace que una persona educada, como tú, quiera engañar a otras con fake news? No sé qué respuesta él daría, o si diría algo. Sin embargo, creo que la razón es simple: él gasta su tiempo repartiendo fake news, a todos los que tiene a su alcance, porque quiere y puede hacerlo. Esta nueva forma de propaganda política llegó como un súper poder para los politólogos de ocasión, ahora pueden ganar una discusión sin tener la razón. Ya no es la verdad, en sí, lo que interesa, sino mostrar la fuerza del bando al que se pertenece.

Para entender un poco más qué es lo que se pasa por la cabeza y el smartphone de Jorge, percibí que independientemente de la verosimilitud de las Fake News, que inundan las redes sociales, es necesario que Jorge por lo menos crea una cosa, una narrativa, para que el mecanismo funcione.

El denominador común entre las mamaderas de pene y la falsa noticia de Jean Wyllys es el miedo a una dictadura gay-comunista que está lista para apoderarse del país, arrebatándole a Jorge privilegios mal entendidos como derechos.

Más allá, si esta primera narrativa es mentira o verdad —aunque, si vemos la tendencia del ser humano a mentir y la de las masas a creer, parece funcionar todo más fácil si es una mentira— lo importante es que la primera fake news debe apelar a un sentimiento tan fuerte que acabe transformándose en una causa. Que les entregue a personas como Jorge su lugar en el mundo, que los haga formar parte de algo, que los envista en el último soldado de una guerra, en la que sin él el mundo cómo lo conoce caerá.

En ese sentido, solo el miedo puede hacer que millones de Jorges prefieran estar equivocados en vez de estar solos y vulnerables. Ahora, el miedo tiene características especiales. El famoso cuento infantil Pedro y el Lobo nos enseña que mentir reiteradas veces apelando al miedo es peligro, porque las personas del pueblo se acostumbran y quedan vulnerables al lobo. En este caso, la moraleja no está en si se debe mentir o no, sino en que no se debe mentir reiteradas veces apelando al miedo, ya que, al hacerlo, pierde su efecto.

Hegemónicas y Democráticas

Entonces, podemos diferenciar dos tipos de mentiras: una que da el sustento a todas las demás, que funciona como el engranaje principal en el mecanismo, que vamos a llamar de hegemónica, dado que no puede dividir espacio con otras y tiene una posición privilegiada en todo el entramado. Por otro lado, existe otro tipo de mentira, de una jerarquía menor, que no tiene ningún problema en convivir con otras, acepta la competencia, que vamos a llamar de democráticas.

Son estas las que inundan las redes sociales, son eclécticas, efímeras, dividen palco con cualquiera otra que quiera estar en mismo lugar. De hecho, funcionan si actúan en grupo, como las abejas. Una fake news suelta es inofensiva, sin embargo, un enjambre de ellas puede elegir hasta al presidente de los Estados Unidos.

Así como la mentira hegemónica busca despertar el miedo, las mentiras de tipo democrática buscan sentimientos dentro de un espectro más amplio, siendo el odio y la rabia y el asco los más comunes, todos famosos por incitar a la acción.

Además, el aire conspiratorio que acompaña a las fake news (“reenvíelo antes que el gobierno lo saque del aire”), funciona como una letra chica en el contrato. Basta un “yo solo lo reenvié” para desvincularse del producto fraudulento y eximirse de cualquier responsabilidad.

Acaba siendo, a lo sumo, anecdótico si los noticieros tradicionales gastan minutos de su audiencia en desmentir Fake News desparramadas por una ciudad, región o país. El esclarecimiento, que busque imponer la verdad, llegará para cuando el daño ya esté hecho. Esta impunidad moral y la rápida obsolescencia son las principales características de las fake news de tipo democrática.

Si para decir la verdad no es necesario el uso de ninguna técnica especial, se puede decir entonces, dada su complejidad, que las fake news son una verdadera ciencia.

 ¿Existe remedio?

Como comunicador me han preguntado si existe alguna forma de vencerlas. Parecería lógico y fácil responder que con la verdad se acaban las fake news, pero no conozco ninguna verdad que vuele tan rápido ni provoque tanto daño como las noticias falsas. Creo que no se trata de imponer la verdad, ya que eso poco importa, sino buscar cómo contrarrestar el efecto que provocan.

Para eso, el foco debe estar en la mentira de tipo hegemónica, esta es la que debe ser derrotada. Sea para desbaratar la intrincada red de engranajes que la acompaña, como si fuese un castillo de naipes, o para hacer que pierda su exclusividad y comience a disputar la sociedad con otro bando, generando así una guerra de narrativas.

De cualquier forma, acaba siendo difícil creer en la máxima moralista que dice: la verdad siempre se impone al final.


Publicista y comunicador Político