Opinión

Fuentes, Walker y la política censitaria

Por: Ignacio Puga / Publicado: 24.07.2016
No hemos aprendido mucho, o parece ser que casi nada. Cuando los poderes económicos en Chile han sido grandes, la política efectivamente –como dijo Fuentes- es financiada por los ricos. Y controlada. Tan controlada como lo es hoy la democracia misma por los grandes grupos económicos.

Han pasado días desde que Iván Fuentes fue expuesto en la palestra por la vinculación de su campaña a financiamientos emanados de la gran industria pesquera que ha destrozado, precisamente, a los pescadores artesanales que, como Iván Fuentes hace pocos años, se ganan el pan con los alimentos que recogen en el mar. Parece inmoral y se siente el doble cuando este tipo de escándalos viene desde Iván Fuentes, visto por muchos como una esperanza para la política.

Sin embargo acá el problema que nos muestra es mayor. Su frase “la verdad es así, las campañas las financian los ricos”, nos lleva a un problema estructural e histórico existente en nuestro país: la plutocracia, el gobierno de los ricos, que caracterizó la política del SXIX, se sostenía –entre otros pilares- con un sistema electoral censitario, vale decir, un sistema electoral en que sólo los propietarios hombres con una determinada cantidad de bienes, podían ejercer el voto. Esa “determinada cantidad”, según recoge el historiador Julio Pinto, ascendía a 500 pesos de la época hasta 1833, donde luego de imponerse el Régimen Portaliano, se determinó la cantidad de 2.000 pesos, dejando a una gran parte de personas excluidas del derecho al sufragio.

Con el avance del tiempo, el sufragio se extendió a otras clases sociales que, sacándole partido a la situación se organizaron en virtud de sus intereses y participaron de la política. Con la inclusión de la mujer, se incluyó una mitad del país silenciada -quizás absolutamente- hasta ese entonces. La participación política se extendió como nunca y sin duda se reflejó en los avances de los sectores medios y populares del SXX, lo que también fue percibido como un problema para quienes siempre han hecho de la política una exclusividad. A tal punto que –ya nadie lo recuerda- en la Comisión Ortúzar (de donde emana la Constitución de 1980) se propone por algunos miembros el voto censitario. Este disparate felizmente no fue tomado en cuenta. Aunque, al parecer, otros métodos de control de la participación eran la respuesta.

El principal método de control fue apostar a la despolitización y erradicar la política del diario vivir. Mientras menos presente estaba la política, más lejos se estaba del fantasma de la Unidad Popular. Sin embargo esto no fue suficiente, y como todo, el mercado pasó a regir como la norma principal.

Una campaña al Congreso exige recursos que están lejos de acercarse al ingreso de la ciudadanía promedio. De hecho, sólo en  la lista de los diez mayores aportes reservados en el Senado –aportes que también ocultan legalmente la influencia del empresariado en la política-las cifras oscilan entre los 500 y los 85 millones de pesos en campañas que muchas veces superan ampliamente los 1.000 millones de pesos. Campañas que sólo pueden pagar el 2 o 3% más rico de Chile, porcentaje que se asimila mucho al votante del SXIX. Sin dudas la política chilena es también censitaria y reproduce la desigualdad social en cuanto a representación y a quienes toman las decisiones nacionales en nombre de toda la ciudadanía.

El proyecto tradicional se replicó tan implacablemente que podemos readecuar fácilmente los problemas políticos, económicos y sociales de Chile con los que tuvo en otra época.

No hemos aprendido mucho, o parece ser que casi nada. Cuando los poderes económicos en Chile han sido grandes, la política efectivamente –como dijo Fuentes- es financiada por los ricos. Y controlada. Tan controlada como lo es hoy la democracia misma por los grandes grupos económicos.

Iván Fuentes, como muchos otros, son sólo síntomas de una enfermedad a la que todo Chile parece no tomarle aún el peso.

Ignacio Puga
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