La escena se repite día tras día desde los últimos meses. Ella se para en la mañana, ya nerviosa. Se viste con el uniforme y sube al auto. Su papá la lleva al colegio. Sin embargo, una vez allí, el pánico y el miedo se apoderan de ella hasta el punto de provocarle un profundo y dolorosísimo bloqueo. La niña se niega rotundamente a entrar. Esperan una, dos, hasta tres horas. No hay muchas alternativas y la mejor opción termina siendo el regreso a la casa. Sólo cuando el vehículo se da media vuelta, el estado de la joven va volviendo a la normalidad poco a poco.

La secuencia que vive cada día la hija de Moisés Cortés es aterradora. Desde el pasado mes de julio, la familia no logra que la chica ingrese al Instituto Corintio, el nuevo centro educativo donde los padres la matricularon para empezar sexto básico. Esto, luego de conocer el episodio que presuntamente habría vivido la niña en su anterior colegio y que, según la psicóloga que la trató, le provocó “fobia escolar”.

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Fue gracias a la repercusión de la denuncia de Catalina García, ex estudiante del Colegio Inglés Isaac Newton de San Bernardo que acusó haber sido acusada de sabotear la prueba Simce, que Moisés Cortés se atrevió a revelar el presunto caso de maltrato que su hija sufrió en este establecimiento, donde la niña cursó desde prekinder hasta quinto.

“Mi hija ingresó al preescolar sin problema, pero al rato empezó a presentar problemas: no quería ir a colegio, no había caso, hacía terribles escándalos porque no quería entrar”, explicó Cortés a El Desconcierto. “Al inicio asumimos que era un problema de maña, algo de niños –continúa–. Pero eso se juntó con otro hecho: desde prekinder mi hija nunca se comía su colación en el colegio. Nunca lo hizo a no ser que nosotros fuéramos ese rato con ella para acompañarla”, relató el papá.

A pesar de esos extraños primeros años, la chica “al tiempo logró entrar a clase y poco a poco se le pasó. Eso fue así hasta el año pasado, cuando estaba en quinto –recuerda Cortés–. Entonces volvieron las crisis de pánico a la hora de ingresar a la escuela”, apuntó el progenitor.

“No sabíamos qué le pasaba. No la reconocía, eran como unos ataques esquizofrénicos”, detalló. Por eso, los padres decidieron emprender un circuito de exámenes y médicos pero ninguno de ellos identificaba el problema que tormenta, hasta hoy, a la muchacha.

“Un día nos llamó la psicóloga y nos explicó uno de los episodios más violentos que mi hija vivió en el Inglés y que ella hizo constar en su informe. La profesora de prekinder y kinder, a quien llamaban Miss Ruth, obligaba a los niños a comer a la fuerza. Era tanto que los niños vomitaban muchas veces y esta persona les volvía a dar la comida con el vómito”, reveló el ex apoderado, quien agregó conmovido: “Nosotros supimos que eso le había pasado a otro compañero, pero no imaginábamos que le podría haber pasado a mi hija”.

Daño a toda la familia

El daño que le produjeron a mi hija es es mucho, es increíble. Hasta el día de hoy tiene pánico a ir al colegio. No puede entrar, a pesar de haberla cambiado de escuela”, lamentó Moisés Cortés.

El padre narró que su hija cada noche se mentaliza para sobreponerse a la situación porque “en el fondo quiere ir, se consigue todas las materias y echa de menos a sus compañeros, pero al momento de entrar, no es capaz”.

Según él, “el episodio de la comida que se dio en su preescolar le vino a gatillar en el día de hoy”. “No sabemos exactamente a qué le tiene miedo porque no sabemos qué más le pasó allá dentro”, aseguró Cortés.

Una de las grandes preocupaciones de la familia es el profundo sentimiento de culpa de la chica: “Cuando está en estado de pánico dice que se quiere morir, que se quiere matar porque ve a todos sufrir y la solución que ve ella es que si no estuviera, todos seríamos felices –confesó el papá–. Es desesperante no saber cómo ayudarla. Cuesta mucho, te las lloras todas, no se lo doy a nadie”, reconoció.

Además del daño psicológico y emocional, la familia está angustiada por el proceso de aprendizaje de su hija: “Corremos el riesgo de que de nuevo pierda este año”, lamentó el papá.

“La dirección del colegio tapaba todo”

El Colegio Inglés Isaac Newton de San Bernardo es uno de los centros más emblemáticos y prestigiosos de la comuna. Con la entrada en vigor el año pasado de la reforma educacional, la insitución no se acogió a la gratuidad y pasó de ser particular subvencionado a particular pagado. Los datos del Mineduc reportan que el costo mensual por alumno oscila entre los 50 mil y los 100 mil pesos.

Unos 400 alumnos se forman en las aulas de este establecimiento, con un promedio de 28 estudiantes por curso.

“El colegio es claro en cuanto a sus políticas y funcionamiento. Es como una familia muy chica y no le interesa crecer más. Se preocupan mucho de su imagen hacia fuera y de que sus alumnos saquen un buen promedio en la PSU. Se enfocan en los resultados y en lo cuantitativo”, señaló Cortés.

Según se publica en el sitio web del “Inglés”, su comunidad educativa es “líder en la prestación de servicios educativos de calidad, organizada para el aprendizaje, con elevados estándares de exigencia, colaboradora de la familia en la educación de sus hijos (…) comprometidos en la construcción de un mundo más humano, con sentido de responsabilidad, compromiso y excelencia frente a sí mismo y la sociedad”.

Sin embargo, tanto la versión de Moisés Cortés, como las de otros ex trabajadores, ex alumnos y ex apoderados aparecidas en redes sociales durante los últimos días, chocan con las afirmaciones que aparecen tanto en el proyecto educativo como en el reglamento del colegio.

Margarita Pinto fue asistenta parvularia de la profesora Ruth Fuentes Silva, “Miss Ruth”, a principios de la década pasada. Durante un año y medio trabajó a su lado y, en su opinión, “es demasiado dura y severa con los niños”.

“Había gritos muy fuertes en la clase, tirones y manotones, también”, aseguró Pinto. De hecho, ese maltrato y la indolencia de la dirección de la escuela ante los hechos fueron lo que la motivaron a abandonar la escuela: “La dirección del colegio tapaba todo a la tía Ruth. Yo una vez les hablé sobre eso y siempre la justificaron, tratando de taparla con argumentos como ‘que ese es su método’”, dijo.

Eso fue lo que le respondió la dirección del centro a Moisés Cortés cuando decidió exponer el caso de su hija: “Su actitud fue todo el rato a la defensiva y que nosotros estábamos equivocados y que no era sí, que no era posible. Reconocieron que Miss Ruth gritaba mucho y dijeron que la tenían vigilada”, explicó Cortés. “Acto seguido le dijeron a mi hija ‘ahora ya contó lo que pasó, ya no hay justificación, puede agarrar sus cosas y se va a clase’”, indicó.

Denunciar el maltrato escolar

La actitud del colegio ante la denuncia de la familia fue una decepción más con el establecimiento. Lejos de encontrar apoyo y reparación, los padres sintieron más enojo e impotencia: “Hasta hace poco, yo defendía mucho el Colegio Inglés, su seguridad, los valores, la atención individualizada; pero cuando pasa algo con tu hijo, no se preocupan de nada y nadie da cuentas de nada. No se preocupan de tratar de mantener a los alumnos. Les interesa que los que estén paguen”, criticó el padre.

A finales del año pasado la familia tomó la decisión, sin mucha alternativa, de cambiar a su hija de establecimiento: “Me dijeron que si pasaba de curso la dejaban con condicional, pero que igual tenía que sacarla porque lo que hacía afectaba a los otros alumnos, que era una mala imagen para el colegio verla llorando en la entrada cada día –precisó–. Para ellas era como un cacho que había que sacar”, espetó el padre.

El Desconcierto intentó contactar, en reiteradas ocasiones, a la directora y sostenedora del colegio Inglés Isaac Newton, Luz Ivanoa Cornejo, y a la profesora Ruth Fuentes, tanto por teléfono como por correo, para obtener su versión de los hechos. Sin embargo, hasta el cierre de esta nota, no se obtuvo respuesta. Por su parte, la subdirectora, Cecilia Toro, rechazó dar una explicación de las acusaciones contra el centro educativo y se limitó a decir que “yo opino mucho en redes sociales. Imagínese si de todo lo que opino en redes tuviera que dar una versión”.

Según los datos de la Superintendencia de Educación, el Colegio Inglés de San Bernardo registró un total de cinco denuncias durante el año 2016 y lo que va de 2017, por maltrato psicológico de adulto a alumno, problemas de salubridad, discriminación por características físicas y/o apariencia personal, retención de documentos por deuda y no renovación o cancelación de matrícula por disciplina escolar.

Es difícil buscar una referencia comparativa de las denuncias en colegios. Desde la Superintendencia aseguran que “hay instituciones que tienen más, como diez, pero también hay otros que no tienen ninguna”.

Muchos de los casos de abuso y maltrato escolar quedan silenciados por desconocimiento, falta de información o por la necesidad de pasar página y olvidar, como el caso de presunto maltrato de la hija de Mosiés Cortés.

Los datos no reflejan una realidad que persiste en el sistema educativo chileno y que cuestiona las lógicas y prioridades de la educación en este país. Un sistema que queda puesto en entredicho cuando se pueden vulnerar al interior de las aulas, el bienestar psíquico y emocional de los niños, niñas y jóvenes, con total impunidad.