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Opinión

El futuro del acero chileno

Por: Ernesto Benado / Publicado: 20.07.2017
compañia siderurgica / Agencia UNO
¿Habrá que esperar que la planta de acero de la CAP paralice su operación para que la rescate el Estado chileno y le devuelva su objetivo original de servir de base a la industria nacional?

En una extrañamente sincera entrevista el señor Fernando Reitich -nuevo Presidente de la Compañía de Acero del Pacífico (CAP)- reconoce que, ante la indiferencia de las autoridades, se está poniendo en duda la continuidad de la principal planta de acero chilena. En un par de semanas las acciones de la CAP bajaron de $8.000 a $5.000. es decir, casi un 40%.

El señor Reitich declara: “Esta acción va a valer mucha plata en el largo plazo”. Pero a los mercados no les gustan los largos plazos. Siguen a Keynes: “En el largo plazo todos estaremos muertos”.

La planta de Huachipato está llena de recuerdos e ilusiones. Cuando se inició el proyecto en 1948, se contrató su diseño y construcción a una de las más prestigiosas empresas de ingeniería norteamericanas: Koppers. Tuve ocasión de trabajar en la planta como estudiante en práctica cuando se hacía la fundación del primer alto horno y el proyecto estaba lleno de equipos y técnicos norteamericanos. La iniciativa de la planta CAP fue decisión de la Corfo y pareció que al tomarla se decidía el camino de Chile a ser una potencia industrial.

Originalmente la planta se proyectó para sólo 200 mil toneladas de acero al año. Sólo algunos años más tarde se proyectó un segundo alto horno y se pensó aumentar su producción a 500 mil toneladas anuales. Durante el gobierno de la UP y Salvador Allende la empresa estatal emprendió un plan de ampliación que la haría alcanzar 1 millón de toneladas anuales y formar un gran conglomerado en el que la CAP participaría como socio mayoritario en las empresas que elaboraban sus productos, principalmente Inchalam, Cintac, Aceros Andes, Electro Metalúrgica y algunas grandes maestranzas y fundiciones.

El Golpe paralizó ese proyecto y la empresa fue privatizada en un proceso poco transparente. Cuando asumió el gobierno electo de Patricio Aylwin, hubo un ofrecimiento de compensar a Corfo con un millón de dólares por el valor vergonzoso en que se hizo la transferencia al sector privado. ¿Qué pasó con ese ofrecimiento compensatorio? Es todavía hoy un misterio.

Durante algunos años la producción se mantuvo poco diversificada: acero en barras para la construcción, acero laminado en frío para las diferentes manufacturas, bolas de acero especial para la molienda de minerales y lingotes de acero o fierro fundido para las fundiciones que proveen a la minería y a la industria en general. La parte minera asociada con los japoneses, exportando pellets   concentrados de hierro, tomó preponderancia en las ventas. Algunas líneas de productos para la industria nacional se fueron discontinuando: el fierro galvanizado en planchas para techos y las hojalatas para la industria de la conserva dejaron de producirse. La CAP sobrevivió sin diversificarse y siguió la gran corriente desindustrializadora que dominó la economía chilena desde el Golpe hasta el presente: de un 25% del PIB se redujo al 10% actual y bajando. La sobre tasa solicitada al gobierno como protección del acero en barras sólo fue concedida con un 9,8%, que es insuficiente para competir con los grandes productores.

En otra entrevista el señor Reitich declara que lo primero es mantener el core business-la producción del hierro- y resalta el proceso de diversificación minera, pasando desde el molibdeno al litio. Es decir, adaptándose al proceso de desindustrialización, se concentrarán más en la minería.

Si la CAP se hubiera mantenido en el sector estatal, además de preocuparse de la rentabilidad del negocio minero, como principal conglomerado industrial de Chile habría podido servir de impulsadora de nuevas industrias que forzosamente Chile deberá emprender. Una unidad de la CAP debiera haberse dedicado a promover la automatización de la gran minería, desarrollando tecnología robótica y vehículos autónomos. También habría tenido la oportunidad de desarrollar y producir un automóvil eléctrico económico para el cual hay un creciente mercado interno. En fin, existirían muchas oportunidades para cumplir un rol social y de desarrollo industrial y diversificar su actual dependencia del precio del mineral de hierro.

¿Habrá que esperar que la planta de acero de la CAP paralice su operación para que la rescate el Estado chileno y le devuelva su objetivo original de servir de base a la industria nacional?

Ernesto Benado
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