A raíz de las numerosas denuncias sobre abuso y acoso sexual que se han destapado en el mundo del espectáculo mundial, un grupo de intelectuales y artistas francesas decidieron dar a conocer una postura que va en contra de lo señalado por movimientos como #MeToo y busca reivindicar el derecho de los hombres a lo que ellas denominan “galantería”.

Encabezadas por la actriz Catherine Deneuve, la cineasta Briggite Sy, la ilustradora Stéphanie Blake y la cantante Ingrid Caven, un centenar de mujeres hizo pública su postura en el diario “Le Monde” y sentenciaron que los hombres están siendo tratados injustamente a raíz de estas denuncias.

“La violación es un crimen. Pero el coqueteo insistente o torpe no es un crimen, ni la galantería es una agresión machista“, comenzaron en su declaración.

Además, sentenciaron que “esta liberación de la palabra se convierte hoy en su opuesto: ¡Nos ordenan hablar, a silenciar lo que enoja, y aquellos que se niegan a cumplir con tales órdenes se consideran traidoras, cómplices!”.

Las actrices e intelectuales agregaron que “es la característica del puritanismo tomar prestado, en nombre de un llamado bien general, los argumentos de la protección de las mujeres y su emancipación para vincularlas a un estado de víctimas eternas, pobres pequeñas cosas bajo la influencia de demoníacos machistas, como en los tiempos de la brujería”.

El manifiesto hace hincapié en que las denuncias públicas sobre hombres acosadores se han puesto en el “mismo nivel que los delincuentes sexuales”.

“Esta justicia expedita ya tiene sus víctimas: hombres sancionados en el ejercicio de su profesión, obligados a renunciar, etc.; mientras que ellos solo se equivocaron al tocar una rodilla, tratar de robar un beso, hablar sobre cosas “íntimas” en una cena de negocios, o enviar mensajes sexualmente explícitos a una mujer que no se sintió atraída por el otro”, argumentaron.

En este sentido, recalcaron que en lugar de empoderar a las mujeres, esta realidad sirve “a los intereses de los enemigos de la libertad sexual, los extremistas religiosos, los peores reaccionarios y los que creen -en nombre de una concepción sustancial de la moralidad buena y victoriana- que las mujeres son seres “separados”, niñas con una cara de adulto, que exigen protección”.

“El filósofo Ruwen Ogien defendió una libertad de ofensa indispensable para la creación artística. De la misma manera, defendemos una libertad para importunar, indispensable para la libertad sexual. Ahora estamos suficientemente advertidas para admitir que el impulso sexual es por naturaleza ofensivo y salvaje, pero también somos lo suficientemente clarividentes como para no confundir el coqueteo torpe con el ataque sexual”, opinaron.

Las mujeres francesas recalcaron que “no nos reconocemos en este feminismo que, más allá de la denuncia de los abusos de poder, toma el rostro del odio hacia los hombres y la sexualidad. Creemos que la libertad de decir no a una propuesta sexual no existe sin la libertad de importunar. Y consideramos que debemos saber cómo responder a esta libertad para importunar de otra manera que encerrándonos en el papel de la presa”.

“Los incidentes que pueden tener relación con el cuerpo de una mujer no necesariamente comprometen su dignidad y no deben, por muy difíciles que sean, convertirla necesariamente en una víctima perpetua. Porque no somos reducibles a nuestro cuerpo. Nuestra libertad interior es inviolable. Y esta libertad que valoramos no está exenta de riesgos o responsabilidades”, cerraron.