Internacional

Sigrid Bazán, ex líder estudiantil y rostro de TV: “A la izquierda peruana le falta la ambición de la izquierda chilena”

Por: Sebastián Flores / Publicado: 20.02.2018
sigrid bazan /
Se hizo famosa como presidenta de la Federación de Estudiantes de la U. Católica de Perú durante las movilizaciones de 2012. Hoy es columnista del diario La República, conductora del noticiero del canal Latina y líder de opinión con un discurso feminista y de izquierda. La joven cientista política, que descolló como una de las nuevas caras de la política de su país, conversó con El Desconcierto sobre la conservadora sociedad peruana, feminismo y sus confluencias con el PC y el FA chilenos.

A las 4 de la mañana, de lunes a viernes, ya está en pie. Una hora después, a las 5, está presentando una nueva edición de 90 Matinal, el noticiero de Latina, uno de los canales más vistos del país. A las 10 ya está lista para comenzar la transmisión de Sigrid.pe, el Facebook Live de análisis político del diario La República, el mismo medio donde cada miércoles publica su columna de opinión semanal.

Son las 14:30 horas de un lunes del verano 2018. Hay cerca de 30°C bajo el despejado cielo de Lima y un radiante sol sobre el circuito de playas del distrito de Miraflores. Sigrid Tesoro Bazán (27) camina por el Malecón de la Reserva y reflexiona sobre el actual momento de su carrera, donde pasó de ser la cara de las movilizaciones estudiantiles contra la intervención de El Vaticano en los estatutos de la U. Católica de Perú en 2012 a un reconocido rostro televisivo. Algo que nunca pensó que llegara a ocurrir.

—Es increíble que las cosas hayan llegado a este nivel. Es muy bacán poder llegar a mucha gente, la cantidad de personas que ven la televisión es increíble. Si bien el noticiero no es un programa propio o de entrevistas, lo cual quisiera algún día, sí es una buena palestra para poder sentar un perfil de alguien que no viene del periodismo.

Lo de que no viene del periodismo es algo que le interesa recalcar. La formación de cientista política primero y su militancia en el Partido Socialista después fueron las herramientas que le permitieron formarse en el oficio, donde se ha consolidado como una gran entrevistadora, sobre todo en La República: “tengo un poco de suerte por tener esos dos trabajos, pero no dejo de lado lo que hacía antes. Igual hago política y opino mucho. Ahora quiero empezar una maestría para pulirme como profesional”.

—¿Pulirte como periodista?
—No, quiero hacer una maestría en Historia. Lo que trato de buscar es complementar la mayor cantidad de conocimiento posible dentro de mi especialidad, que son las ciencias sociales y las humanidades.

Una hora antes, y frente a un plato de ceviche, la joven politóloga conversó a fondo con El Desconcierto sobre el estado actual de la política de su país, en medio de la crisis por el indulto a Fujimori y la posibilidad de vacancia de la presidencia de Pedro Pablo Kuczynski (PPK). También se refirió a su cercanía con los jóvenes chilenos de izquierda, como Giorgio Jackson y Camila Vallejo, y a su actual rol como voz influyente en los medios de comunicación.

—Pasaste de ser vocera del movimiento social a conductora de noticias en TV y tener una tribuna para poner una mirada de izquierda en un país que no es muy de izquierda.
—Me interesa sentar un precedente de periodistas que sean abiertamente de izquierdas, porque la mayoría de los periodistas se dicen objetivos, pero nadie puede jactarse de tener 100% de objetividad. La idea de entrar al periodismo es tratar de hacerlo desde la honesta realidad de la que cada uno viene. Yo nunca he ocultado ser de izquierda y me ha servido mucho pasar por un partido político o estar en las calles, porque puedes sentirte como el ciudadano de pie que reclama sus derechos, que está preocupado por los temas que tú vas a tocar en tu entrevista. Entonces no te pueden venir a florear, a tirarte un rollo que sabes que es mentira, y es muy bacán manejar eso.

—¿Cómo ha sido la recepción que ha tenido la audiencia? ¿Te atacan mucho en redes sociales?
—Sí. No ha faltado quien me diga que soy poco objetiva, roja o comunista. Nunca he escuchado esas críticas para periodistas que son abiertamente de derecha o que son amigos de los entrevistados. Pero bueno, así es este país y poco a poco hay que ir cambiándolo. Curiosamente, uno de los comentarios más fuertes que una recibe entrando a televisión es el tema de ser mujer. Porque eres mujer, eres más guapa que inteligente. Porque eres mujer, le preocupa a la gente si estás más gorda, más flaca o cómo te vistes. Y eso es duro, porque yo estaba acostumbrada a que me escuchen mucho y ahora me preocupo más de cómo me veo. Eso es hasta cierto punto algo tóxico, porque no es lo importante, pero es algo de lo que sigo aprendiendo día a día en mi paso por la televisión.

No se nace feminista

Santiago de Chile, mayo 2015. Sigrid Bazán se reúne con la diputada comunista Camila Vallejo en La Florida. En la instancia también participó Verónika Mendoza, la congresista cuzqueña que ya se proyectaba como candidata del Partido Socialista y del Frente Amplio peruano para las elecciones presidenciales 2016.

Ambas están de visita en el país para participar de un taller de políticas públicas sobre comunidades indígenas, pero también para estrechar lazos con la izquierda chilena. Además de Vallejo, las dirigentas peruanas se reunieron con Carlos Figueroa, coordinador de relaciones internacionales de Revolución Democrática (RD).

En la previa de su visita, Bazán fue entrevistada por The Clinic y sindicada como “la Camila Vallejo de Perú”, un mote que se lo había puesto el diario La República cuando era dirigenta, en 2012, mismo año en que visitó Chile por primera vez. Sin embargo, Sigrid siempre prefirió hacerle el quite a esa comparación, porque si bien hay confluencias ideológicas e incluso admiración hacia la figura de la chilena, sus historias son muy distintas.

En octubre de 2015 regresó otra vez a Santiago, esta vez sola. En aquella ocasión, y por los lazos estrechados con RD, pudo reunirse también con el diputado Giorgio Jackson. Por lo mismo, la peruana está al tanto de lo que ocurre en la política chilena, la cual ve mucho más avanzada que la de su país. Tanto así que en una de sus últimas columnas se refiere a Chile como un país donde han habido avances como la despenalización del aborto en tres causales, la secularización de la población y la regularización del autocultivo de cannabis.

Giorgio Jackson y Camila Vallejo junto a Sigrid Bazán. Octubre 2015.

—En Chile ganó la elección Piñera y viene un nuevo gobierno de derecha. Sin embargo, surgió una nueva fuerza política de izquierda que es el Frente Amplio. ¿Cómo has visto el proceso político desde la irrupción del movimiento estudiantil en 2011 hasta hoy? 
—Yo creo que está muy bueno, y creo que nos falta de eso un poco acá. Porque a diferencia de ustedes, a la izquierda peruana le falta ambición. Lo digo honestamente, y también para que la gente de izquierda en Perú me lea. Acá a la izquierda le falta admitir que buscar el poder, que dar la pelea en espacios que están copados por la derecha, debe ser uno de sus principales motores. En Chile se entendió bien que el movimiento estudiantil tenía que calar y materializar las dirigencias en algo concreto, que ahora son puestos en el Congreso y agendas que se pueden discutir a nivel de toda la población. Eso pasó con Giorgio y con Camila, y me alegra además que viniendo de dos lugares de izquierda diferentes, igual puedan confluir en muchísimas cosas.

—¿Como en cuáles?
—Yo seguí muy de cerca el debate del aborto por las tres causales, que sé que en Chile costó mucho lograr y que se hizo con muchísimas marchas, pero también con una unidad interesante de diferentes bancadas. Eso es importante, porque acá para la izquierda es mal visto asumir un cargo, y yo creo todo lo contrario, que eso ayuda a llevar todo a un siguiente nivel. Me parece interesantísimo lo que tú comentas de que Piñera haya ganado, pero que igual hay un sector de izquierda importante que le vaya a hacer el balance. La única forma de defender ese balance es tener una oposición constructiva y que venga de sectores populares, y el sector estudiantil es uno de los que más cosas le ha traído a Chile en términos de logros por los derechos. Ojalá acá también representantes de esos sectores puedan llegar al poder y hacer valer esas voces.

—Me comentabas que el debate del aborto sería impensado acá. ¿Es muy machista Perú?
—Es muy machista. Acá durante la marcha #NiUnaMenos, que fue a nivel latinoamericano, se hizo la contramarcha #NiUnoMenos. No fue algo grande ni mucho menos, pero yo muchas veces menciono a otros países y cómo han avanzado en términos de libertades y de derechos. Y estamos muy lejos.

—Leí tu columna sobre la visita del Papa y me impresiona que veas a Chile como un país tan progre. Nosotros consideramos que los avances son pequeños y que nuestra sociedad es muy conservadora.
—Quizás para ustedes se puede sentir como poco, pero aquí un cambio así sería mucho. Si bien nosotros hemos luchado por la legalización del aborto terapéutico -que es algo que tenemos hace casi un centenario- en todos estos años no ha habido un reglamento, entonces nunca se aplica. Conozco muchos casos sobre el tema, por haber trabajado en ONGs, de parejas que amenazan a las mujeres con denunciar que ellas abortaron para que sigan con ellos y no rompan la relación. Finalmente, tú puedes denunciar un aborto y la mujer entra a hacer labor comunitaria, si es que no sigue un proceso de años que le cuesta mucha plata y esfuerzo. Es jodido estar en un país machista y es jodido trabajar en medios de comunicación de un país machista, pero quizás esto es un impulso, porque me he dado cuenta que esto también se ha convertido en una prioridad para mí.

—¿Eres feminista?
—Sí, yo me considero feminista.

—¿Hace mucho tiempo?
—No, la verdad que no. En mi militancia en el Partido Socialista no me enseñaron el feminismo. Aquí los partidos de izquierda son muy machistas, pero a raíz del movimiento feminista y del #NiUnaMenos, más allá de rechazar la violencia, esto ha cogido un sustento mucho más valioso que ha pasado todas las esferas económico-políticas. Eso sí, yo creo que los hombres deben ser los primeros en incluirse y las feministas tenemos que hacer un trabajo para no excluirlos de un movimiento que finalmente les compete.

—¿Hay una preocupación a nivel país por el feminismo o aún es algo mal visto?
—Perú no es un país muy homogéneo, es pluricultural, tiene realidades tan distintas entre la costa, la sierra y la selva. Hay muchísimas partes -más de la mitad- que son muy tradicionales y religiosas, donde es entendible que sean conservadoras. Yo vengo de una familia de la sierra y sé lo que es seguir la tradición. Acá se da ese fenómeno del marianismo, que hay en muchos países rurales, en donde la mujer es comparada a la Virgen María porque es la que sufre por el hijo y la que espera al esposo del trabajo, y eso es algo muy interiorizado. Entonces el trabajo aquí es el doble de duro, porque hay que entender de dónde viene cada persona antes de juzgarla.

¡Dos ancianos y dos niños, carajo!

El análisis de Sigrid, en lo que respecta a la política peruana, es duro. Dice que no tiene mucho optimismo frente a una izquierda fragmentada que siempre se divide y que no supo capitalizar el 20% obtenido por Verónika Mendoza y el Frente Amplio en la última elección. Ni siquiera en este escenario donde hay un desprestigio tanto del gobierno de PPK como del fujimorismo.

La politóloga cree en el poder y cree que es necesario disputarlo. Ella, desde los medios, intenta abrir espacios. A fines de enero, Bazán fue invitada a una conversación en la revista adolescente Wapa para hablar de consejos de belleza, pero aprovechó para declararse abiertamente de izquierda y hacer un llamado a empoderar a las jóvenes de una manera amigable y cercana. Algo que en un país donde los años de Sendero Luminoso aún causan un profundo anticomunismo es, a lo menos, osado.

—Una de las cosas que la izquierda no ha sabido hacer es reinventarse e incluir las cosas que hoy le preocupan a la gente: la inseguridad ciudadana -el sicariato y el narcotráfico- y sobre todo la corrupción. La izquierda debe plantear una agenda concreta de cómo evitar que más corruptos no hagan de las suyas, como los congresistas que se han financiado por las mineras o por Odebrecht, donde algunos de ellos van a estar en la comisión Lava Jato. La izquierda tiene que hacer una labor de docencia con esos temas.

—¿Y por qué eso no ocurre?
—Hemos tenido dos gobiernos desastrosos: el de Susana Villarán en la Municipalidad de Lima -que le fue muy mal y que, dicho sea de paso, también está investigada por Odebretch- y el de Ollanta Humala -que ahora está en prisión preventiva, pero que igual está involucrado hasta el tuétano-. Hay que recuperarnos de eso, hay que demostrar que se puede hacer más, y parte de eso es competir en elecciones.

—Y ante el indulto a Alberto Fujimori de PPK y el descrédito que tienen tanto Keiko como Kenji, ¿la izquierda no ha sabido capitalizar el descontento?
—La izquierda ha perdido su poder de convocatoria. Las marchas que se han organizado contra el indulto han sido de jóvenes, ciudadanos de a pie y gente muy progresista, pero que no se acerca a la izquierda, porque es una izquierda muy purista que se mira mucho el ombligo.

—¿Perú es un país de derecha?
—El peruano promedio, más que de derecha o de izquierda -y me duele decirlo, porque yo soy de una escuela ideológica fuerte-, piensa antes que todo en satisfacer sus necesidades básicas. Hay un gran porcentaje de peruanos que todavía no tiene agua o luz. Hace unos días en La Victoria -uno de los distritos más pobres de Lima-, se quemó una casa con dos ancianos y dos niños porque como no tenían luz se alumbraban con velas y, como trabajaban de recicladores, el incendio fue brutal por el material que tenían y por cómo vivían. La casa no era de ellos, era de la beneficencia, ellos tenían que pagarle 50 soles al mes para poder vivir ahí. ¡Dos ancianos y dos niños, carajo! Lo que la gente quiere son cosas básicas: luz, agua, vivienda y techo. Decir que la mayoría de peruanos es de derecha también es injusto, la mayoría sólo quiere algo que los pueda hacer vivir mejor.

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