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Opinión

Los Cara de Hombre, ¿qué es de ellos este último tiempo? (desde Ciudad Caníbal)

Por: Marcelo Mellado / Publicado: 30.07.2018
Los Cara de Hombre, ¿qué es de ellos este último tiempo? (desde Ciudad Caníbal) cardonal / Foto: Agencia Uno
Un feriante saludaba a un curado que estaba tirado en la calle y le decía: “Hola, poh, cara de hombre”. Ya era una noción que ponía en crisis los signos básicos de la masculinidad. Después recuerdo algo parecido con una chica del Mercado Cardonal que le decía a otro curadito endémico del barrio, también en situación de calle: “Hola, poh, cara de farándula”. Esa fue la base conceptual de otros personajes, como “el cara de viático” y “el cara de chileno”, que son personajes que aluden también a la situación descomposicional del sujeto chilensis.

Mi contador me citó a su nuevo hábitat, así he querido llamarlo, porque no puedo dejar de echar de menos su casa sanantonina, a pesar del acecho a que la tenía sometida la expansión portuaria.  Tuvo que salir de ahí, porque estaba amenazada seriamente su calidad de vida y la de toda su familia. A lo lejos se ve un campo de golf colindante al que obviamente él no tiene acceso y que es parte del nuevo paisaje que le han impuesto.

Me recibió esa tarde con un buen vino y algunas cositas para picar de su propia autoría en la que predominaba el ají verde bien picadito y un buen pernil, y el pan amasado respectivo. El tema a tratar es, más o menos, lo de siempre: los nuevos acontecimientos y de cómo enfrentarlos. Comenzó recordándome la historia de la noción “cara de hombre” que yo he solido usar literariamente y que, según él, provenía de un amigo suyo que le decían así, y que fue miembro del grupo musical “Los Four Face” en el San Antonio de los sesenta.

Aunque la expresión yo la había escuchado antes, fue en la vega de Stgo. Un feriante saludaba a un curado que estaba tirado en la calle y le decía: “Hola, poh, cara de hombre”. Ya era una noción que ponía en crisis los signos básicos de la masculinidad. Después recuerdo algo parecido con una chica del Mercado Cardonal que le decía a otro curadito endémico del barrio, también en situación de calle: “Hola, poh, cara de farándula”. Esa fue la base conceptual de otros personajes, como “el cara de viático” y “el cara de chileno”, que son personajes que aluden también a la situación descomposicional del sujeto chilensis.

Obviamente una de las claves del análisis de mi contador tenía que ver con la situación política abierta por la irrupción del discurso de género. Por otro lado, me hacía ver la dificultad cultural de ejercer la masculinidad en un país en que prima la orfandad y en que es muy difícil desarrollar una paternidad más o menos responsable o, para decirlo sicoanalíticamente, en donde la función superyoica es bastante decaída o ejercida por una madre que termina exhibiendo un clítoris demasiado pronunciado (también llamada mujer fálica). Es decir, todo aquello que tiene que ver con el ser proveedor descollante y winner o huiña, que es la tarea fallida explícita que nos asigna el modelo de poder. El resultado de eso es un impostor a todo evento o un sobrevivencial astuto, sin dios ni ley.

Según mi contador, no hemos estado a la altura de las circunstancias, refiriéndose a nuestro sector, al mundo de la izquierda (y creo que incluía a esos que llaman de la centro izquierda), sobre todo porque nuestra acción política sigue siendo articulada por dirigentes del tipo machos alfa, como diría Óscar Contardo refiriéndose al imaginario de la revolución cubana.

Los “cara de hombre”, entonces, no pueden seguir manejando el discurso emancipatorio, porque no distan mucho de los de la derecha social, como que el parlamento y la política, institucionalmente determinada, uniforma sus performances retóricas, lamenta mi contador. Y agrega que Ossandón tiene razón, que nos han arrebatado nuestras banderas, igual que el humanismo cristiano en la época de la revolución en libertad; a pesar del ministro de economía que no puede evitar su ADN de asesor del empresariado salvaje.

Mi contador insiste en la importancia de la irrupción del tema de género, como una nueva referencia y eje simbólico, que debiera cambiar radicalmente las características de nuestras luchas. Y que conste que no es una táctica “porsiloponguista”, actitud seductora de algunos “cara de hombres” apoyando oportunista al feminismo; literalmente alude al subtexto: “Por si lo pongo”, continuando el machismo por otra vía. Me sorprenden sus saberes de lengua, pero mi contador es así, siempre atento al acontecer.

La estrategia de género, por lo tanto, es fundamental en un proceso radical, insiste. Todo esto mientras calma al perro de la familia, un Yorkshire histérico que le regalaron sus hijos, a quien yo llamo “el come lauchas” y, que de paso, me odia y que me ataca cada vez que se le da la ocasión.

También me consulta de cómo me fue en el lanzamiento del libro del Pato Fernández y por la performance de mi alcalde, esto último me lo preguntó algo despectivo. Le respondo que no es mi alcalde a sabiendas del sarcasmo. Le cuento que el lanzamiento del libro del Pato fue más que nada un evento social del progresismo de la NM, que lo había presentado el mismísimo presidente Lagos y unos intelectuales liberales de la plaza. Lo más relevante es que estaba el Beausejour, que es amigo del Pato, con quien me saqué una fotito.

Y antes de que yo le hablara del alcalde Sharp mi contador me comentó que le preocupaba mucho el desprecio de la política institucional contra el ciudadanismo, que era el caso de ese edil, cuando se suponía que había roto con la voluntad hegemonista de los partidos de vanguardia, según el esquema leninista del siglo XX. Es el típico ejemplo del político que abandona la calle vociferante por la política de salón y las alfombras mullidas, y que traiciona su original propuesta ciudadana al negociar con la gran empresa y la gran institucionalidad política capitalina. Potente traición, arremete.

Todo esto es parte, analiza él, de cierta sintomatología gatopardista del siglo XXI, un gatopardismo plus, que ya no sólo postula que “todo cambie para que todo siga igual”, sino que todo cambie para que todo sea algo peor. Como es el caso de la ley de aborto que dadas las nuevas situaciones producidas por la objeción de conciencia, amenaza con un fojas cero. Menciona, además, el caso de los políticos corruptos a la que la justicia rebajó penas (caso Penta y Soquimich), con el objetivo de naturalizar este tributo criminal a la política.

En este contexto, veo dos problemas o amenazas, sentencia, que la situación desmedrada de las mujeres puede empeorar, sobre todo, si tomamos como parámetro el aumento de la violencia fascista-nacionalista en contra de ellas y, por otro lado, el propio fascismo mujeril de grupos académico intelectualoides que exhiben una soberbia odiosa y pequeño burguesa que no alcanza transformarse en acontecimiento político, sentencia.

La nueva cara del fascismo tendería a reafirmar los dispositivos de dominación, es decir, que se note que aquí hay injusticia y ejercicios de poder que incluye la soberbia brutal de la verticalidad hecha espectáculo, y eso nos alcanza también a nosotros. Hay que agregar los actos criminales o estafas cometidas en las FFAA, porque es clave para la demostración del poder la muestra o el show de la comisión de delitos con el potencial de impunidad.

Agrega que era previsible el aumento exponencial de la violencia contra las mujeres, y echo de menos una apuesta de género más radical que  saque no sólo le saque la chucha al cerderío fascista y a la cultura político patriarcal, como esos del FA con sus gorilones básicos que hacen política como “los cara de hombres”, siguiendo los viejos tópicos de ganar lugares y copar espacios, que comparten desde la UDI al chuchumeco partido Igualdad, pasando por las huiñas autonomistas. Mi contador desprecia la “nueva” cultura de izquierda que representaría el FA, como viejo Allendista de provincia, capaz de entender el cambio cultural, pero muy al tanto de una ética procedimental y de una humildad a todo evento.    

Mi contador reitera la antigua tesis de que el fascismo es una estrategia de la burguesía cuando se ve amenazada, aunque esa amenaza hoy no es verosímil, lo que sí lo es que a cada rato debe estar renunciando a sí misma, y eso la deteriora simbólicamente, por eso no puede evitar los palos y las zanahorias.

Luego, de sopetón, cuando decidimos salir a la terraza para verificar la posibilidad de lluvia, me pregunta por la pega, le cuento que voy a volver a ser profe, municipalmente determinado. Se ríe socarronamente y me recuerda la cita clásica de la policial de volver al lugar del crimen. No puede evitar insistirme en que abandone Valparaíso, es una urbe impostora que carece de la más mínima vocación de civilidad republicana y comunitaria, que es la base de cualquier proceso político. Por eso no le extraña que una falsa izquierda esté en el municipio.

Los eucaliptos hacen ese ruido que anticipa el mal tiempo, al ser azotados por el viento. Nos entramos para abrir otro vino y mi contador lamenta que las redes sociales hayan reemplazado la calle y la asamblea, o incluso los libros y el mismo periodismo, todo esto mientras intenta ordenar los diarios impresos que están sobre la mesa y que le siguen llegando diariamente, los del duopolio, por cierto. No puedo evitar hacerle algo de bullying, lo más respetuosamente que puedo por esa dependencia. Y en el ventanal comienza a sonar la lluvia traída por el viento, y eso nos tranquiliza.

Finalmente, me comenta, mientras saborea un carmenere de nuestro valle, que nosotros somos lo último de la subcultura de “los cara de hombre”, a pesar de que la imagen de poder que cierto feminismo nos enrostra corresponde más bien a la imagen más burda y banal del poder, y no a los mecanismos descritos por Foucault, por eso a veces sospecho del feminismo dañado que no es capaz de leer bien los acontecimientos ni describir las operaciones institucionales del patriarcado político, comenta saboreando un tanino intenso.

Marcelo Mellado
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