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Autora del libro “Kawaii” explica el concepto: “Es todo aquello que un hombre cisgénero desprecia en primera instancia”

Por: Gonzalo Espinoza / Publicado: 23.08.2018
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El Desconcierto conversó con Jacqueline Herrera, teórica del arte, que ha iniciado investigaciones sobre el visual kei, el anime y lo kawaii, fenómenos que han configurado nuestra cultura de manera importante durante la postdictadura.

Jacqueline Herrera ya prepara el lanzamiento de su nuevo libro “Kawaii: Blondas, caramelos y sesos” que se realizará este jueves 23 de agosto a las 19:00 horas en la librería del GAM, y que desarrolla un análisis de la imagen de lo femenino en el siglo XX, vista a través de los consumos massmediáticos y que compara el proceso socio económico japonés con la realidad latinoamericana en el desarrollo de la escolarización, la familia y el trabajo.

La teórica del arte, que ya cuenta con una investigación sobre el impacto de la cultura otaku en Chile, ha profundizado aún más en su objetivo de elevar la discusión sobre temas que han sido ignorados por la academia.

“Toda la otredad se descalifica en la academia. O se produce bajo la etiqueta de ‘otro’. Lo kawaii es el superfemenino, todo aquello que un hombre cisgénero desprecia en primera instancia”, afirma.

Su preocupación se ha centrado también en el impacto que ha tenido la cultura oriental en nuestra sociedad, en específico, en cómo el visual kei (movimiento social y estético, iniciado en la década de los ‘80 como un intento de destacar a través del vestuario de los músicos japoneses, que no tiene que ver necesariamente con la música que realizan) y el anime han configurado parte de la identidad de los nacidos después de los 90’ debido a las marcas que dejó la dictadura en el cuerpo de los chilenos.

“Era un cuerpo que buscaba recuperarse a través de diferentes prácticas. Esta reescritura solamente se pudo hacer en la gente que nació después de acabada la dictadura, antes no. El vínculo con el anime es que es el anime la unidad massmediática que da acceso a una identidad que aquí no había. Es una tesis de estética en ese aspecto viéndolo desde la crítica de arte”, analiza.

– Tu investigación en “Otaku: Cuatro décadas de cultura popular japonesa en Chile” va en la línea de lo que es el cuerpo…

– Sí. Una parte del libro habla sobre el Cyberpunk, y hay un ensayo sobre el visual kei, entendiéndolo como un cuestionamiento del cuerpo, ponía de manifiesto un malestar cultural que sólo había sido visto sólo como la tribu urbana, y desde el punto de vista sociológico. No se le analizaba como una expresión artística siendo que era una situacionalidad donde el cuerpo busca revestirse de significantes que le son extraños como una forma de recuperarse, de un cuerpo vaciado de significados.

– ¿Por qué decidiste hacer una investigación sobre el anime?

– Yo era cosplayer y me gustaba mucho el visual kei, me hubiera gustado ser pokemona pero ya era muy grande. Estaba estudiando Arte y noté que toda esta situacionalidad del visual kei tenía mucho que ver con la performance artística que estaba viendo en la universidad y yo decía “pero es lo mismo, sólo que viene de un área de la industria y que no está dirigido al mundo artístico”, siendo que estaba dirigida hacia el momento presente.

– Dentro de esto de analizar el cuerpo hay una visión de la aparición de otros cuerpos que vendría a ser una perspectiva más feminista de abordar estos fenómenos…

– En mi nuevo libro sí, en “Otaku” no porque cuando escribí esa parte estaba demasiado normada por los parámetros de la U. de Chile. Uno escribe desde Chile y en Chile la voz femenina no existe, la voz femenina la única posibilidad que tiene es subversión del lenguaje. Bueno, según la teoría de Adriana Valdés es un hablar de un cuerpo desde lo femenino ante la compleja situación de que tienes que ser así, pero no puedes ser así. Entonces, esta forma de narrar al tiempo que se explica la concatenación de sucesos, viene a ser subversiva a la forma normada de hacer ensayos.

– Sobre “Otaku” me dijiste que no habías podido desarrollar una voz femenina porque era una tesis para la universidad, ¿Cómo es el desarrollo de esta voz en “Kawaii”?

– En una tesis uno se hace transparente, se borra como humano pensante para que sea lo más objetiva posible. Cuando escribí mi primera tesis (hice muchas para otros) esa voz autoral era masculina y académica. Parto desde la idea que el masculino es el neutro y el femenino una alteridad del lenguaje, un otro. Para cuando agarro esa tesis, hablamos con el editor, me indica contenidos mínimos y que debo tener “chistes”, ironías, como cuando explico las cosas. Fue así que a ese frankenstein de voces le impuse la mia, modificando el texto. Para kawaii, la voz impera sobre mi ánimo academicista.

– Siento que lo Kawaii se tiende a asociar a la cultura del anime, pero ¿cuál es el rango que abarca este concepto?

– Lo kawaii lo conocemos a través del anime, pero abarca muchos ámbitos. No es una sola cosa, es ambiguo, es un término que cuesta mucho definir lingüísticamente. En el libro, hablo de la moda, lolita fashion y harayuku como el desplazamiento de París. Del “idolismo” o la creación de modelos de comportamiento social a través de show televisivos como “Rojo” de TVN. De animes que son Kawaii en el sentido de revolucionarios, comida, y también de arte, del gran Arte, galerías y museos. Abarca muchas cosas, literatura también. Lo entretenido, es que se usaba para distinguir estos elementos pensados sólo para el público femenino en una sociedad que les negaba casi todos los derechos, pero les permitía trabajar. Es una forma de sentirse bien consigo mismo, dice el CEO de Hello Kitty, de reflejar un bienestar, si bien es pasajero. Ahora, esto sólo se da en un momento de post-industrialización, y donde hay cabida al trabajo femenino.

– ¿Cuál es el impacto que ha tenido a nivel de identidad en nuestro país?

-Es tan amplio que pienso hacer otro libro de eso. Va desde la moda mainstream, motivos de poleras que sólo veíamos en ferias especializadas están en grandes casas comerciales. La comida, por ejemplo, afuera del metro puedes pillar bolas de arroz con forma de panda. La cantidad de bazares de cosas “lindas” tipo village que se han abierto en todos lados. La literatura, con la explosión de escritoras de fantasía, el cómic. Recientemente Maliki y Plop están haciendo un proyecto. Y la producción infantil tiende a esa estética. No hay nada juvenil ahora, creo.

-Te quería preguntar cuál es la opinión que te merece que ahora, en toda esta ola de movimiento feminista, que uno de los personajes que salga dando consejos a las mujeres sea Serena (Sailor Moon). ¿Por qué crees que se da esa situación de que la gente reconozca en ella un ícono de una mujer fuerte o empoderada?

-Yo el que más veo es el de She-ra (personaje femenino He-man), lo que pasa es que Serena en su periodo fue golpe feminista y ahora que escribí el libro por ejemplo leí muchas entrevistas a la autora de Sailor Moon (Naoko Takeuchi), hay un video donde la entrevistan en el año ‘92 donde se ve que ella es muy tímida. Ella es muy parecida también a sus personajes y ella no luchaba por esta esencia de lo femenino, sencillamente tenía algunas ideas que quería llevar a cabo y que peleó mucho por sacar adelante. Por ejemplo, le decían que ya si quieres 5 protagonistas no pueden ser 5 bonitas tiene que ser una en silla de ruedas y una gorda, y ella quería que fueran todas bonitas.

Serena es una chica que elige su futuro porque dice “yo no voy a ser una princesa trágica. Esto es lo que me tocó vivir pero cambiémoslo”, a pesar de no ser esta chica perfecta. Ella no es una buena chica, es tonta, es torpe, llora, se cae pero lo importante no es que sea buena lo importante es que le sigue dando. Igual que Candy Candy, ella era un icono feminista de su tiempo porque era mujer, porque trabajaba y a pesar de las penas de amor, seguía adelante con su vida. No son mujeres que las pongan en un altar porque son perfectas, porque nunca pierden la calma o que su cabello siempre está bien peinado. No, se sacan la cresta, lloran. Serena lloraba por todo entonces esa cuestión de que lo que importa en el fondo es seguir intentando es el mensaje más entretenido.

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