Sólo quedan 10 semanas para la fecha en que el RU sale automáticamente de la UE sin acuerdo. Ya analizamos la desastrosa derrota de Theresa May cuando presentó su acuerdo de salida al parlamento británico. Frente a este fracaso, el presidente del Consejo Europeo Donald Tusk ha intimado que la UE podría aceptar una extensión del Artículo 50, permitiendo una postergación de la salida desde el 29 de marzo hasta alguna fecha de julio. Pero para esto, todos los países de la UE tendrían que dar la vista buena y hasta ahora el RU no ha dado señales de tener ningún plan convincente para justificar la extensión. Parece que el gobierno de May quiere seguir dilatando, con la esperanza de que el miedo frente a una salida sin acuerdo haga que sus diputados díscolos empiecen a apoyarla.

Mientras tanto May está intentando dialogar de forma bilateral con distintos líderes y políticos de otros partidos para tratar de conseguir más apoyo. Pero May tendría que convencer a 116 diputados de los que votaron en contra de su acuerdo para pasarlo. Corbyn sólo tiene que convencer a 10 de los que votaron en contra de su moción de censura para forzar una elección. El gran problema para Corbyn es que el centro (cuya vertiente de centroderecha tiene secuestrado al país con su bloqueo a una elección general) también lo tiene secuestrado al partido laborista (esta vez en su vertiente de centroizquierda).

Desde la izquierda anti-neoliberal Corbyn está tratando de construir una posición de unidad, para juntar a las clases populares británicas, polarizadas y divididas por Brexit pero unidas en su sufrimiento producto de la violenta austeridad fiscal. Para ganar una elección y permitir una salida de la crisis, Corbyn tendría que ganar 54 distritos parlamentarios más, que actualmente están bajo el control conservador. De estos distritos, 41 son pro-Brexit y sólo 13 optaron para quedarse en la UE. En otras palabras, Corbyn no puede simplemente abandonar el Brexit – tendría que buscar un camino medio. Pero la centroizquierda pro-neoliberal no quiere dejar que Corbyn haga algo tan pragmático.

Durante los años cuando la centroizquierda (los blairistas) controló el laborismo se hablaba constantemente del pragmatismo para ganar elecciones. Pero en aquel tiempo el pragmatismo significaba renunciar a políticas anti-neoliberales para ganar distritos de la clase media sureña. Pero al blairismo le salió el tiro por la culata cuando su abandono a las políticas de la izquierda tradicional (específicamente la regulación financiera estricta) permitió la llegada de la crisis financiera. Con la crisis y la posterior austeridad fiscal, las clases populares sufrieron una reducción enorme en sus ingresos y culparon a la izquierda neoliberalizada, que los había desertado para aliarse con los profesionales ricos. El voto pro-Brexit se germinó en las zonas desindustrializadas y marginadas, donde el rechazo a la UE fue un ‘voto de protesta’ contra las elites metropolitanas quienes seguían beneficiándose de la globalización mientras los más pobres sufrían la crisis. Para re-encantar estas zonas, perdidas por el blairismo, Corbyn tiene que terminar con la austeridad que las golpean, pero también tendrá que respetar la posición pro-Brexit.

Corbyn ha sido muy hábil a la hora de construir un relato para unir al país bajo una visión de Brexit blando que terminaría con la austeridad y así rescataría la muy dañada calidad de vida de las clases populares. La UE no está dispuesta a cambiar su acuerdo con May, porque sus “líneas rojas” de control fronterizo para inmigrantes excluyen acercarse más a Europa pero Corbyn no tiene esta limitación. Él propone mantener al RU dentro de la unión aduanera (en otras palabras negociaría los TLC en común con la UE manteniendo armonización con sus regulaciones laborales y ambientales). Este acuerdo alternativo (una relación muy estrecha con la UE tipo Noruega, en contraste con la visión Canadá del ERG) sí tendría el apoyo de los europeos. May no quiere negociar algo así porque dividiría el partido conservador fatalmente pero Corbyn sí podría y así el RU podría salir de la UE con un costo mínimo, si es que May acepta tener elecciones.

Pero el centrismo derechista que busca bloquear a Corbyn no está solo. Con la violación de la norma constitucional británica de llamar a elecciones posterior a una derrota legislativa total (puesto que no está codificada puede burlarse de ella sin consecuencias) May puede frenar las elecciones. Pero tiene un aliado inesperado en el centrismo de izquierda: los mismos blairistas desacreditados ahora buscan hacer imposible que Corbyn gane una elección futura. Después de haber sido pragmáticos a la hora de conciliarse con el neoliberalismo, no quieren ser pragmáticos para conciliarse con el Brexit (a pesar de que la propuesta de Corbyn sí protege el bienestar de las clases populares).

Siendo en general diputados de distritos del sur donde el voto para quedarse en la UE fue aplastante, están agitando para que el laborismo adopte el reclamo para un segundo plebiscito, para abandonar el Brexit. Pero el país sigue siendo dividido casi 50:50 sobre Brexit y cualquier resultado de un segundo plebiscito sería muy estrecho, polarizando el país aún más y fracturando la coalición anti-neoliberal corbynista. Pero para la centroizquierda neoliberal es más importante quedar en la UE y terminar con la austeridad.

David Lammy, el diputado para Tottenham que votó a favor de la guerra contra Irak y apoyó la política económica de Blair de no regular el sistema financiero, ahora se ha erigido como el “héroe” que bloquearía Brexit. El mismo día que Corbyn anunció su política de Brexit blando en el norte, Lammy habló desde el parlamento en Londres: “Brexit es un engaño, una mentira, una estafa, un fraude, una decepción que dañaría más a la gente que prometió ayudar. Mis aliados laboristas me dicen que debo aplacar a los votantes laboristas en los pueblos industriales del norte, los que fueron mineros, los que fueron obreros de fábricas, los que ahora son los rezagados. Pero yo digo que no les debemos subestimar con nuestra cobardía, hay que decirles la verdad, creyeron una mentira”.

Frente a este discurso de división Corbyn dijo: “Si vives en Tottenham [el distrito de Lammy, un barrio pobre sureño que votó 76% remain] probablemente votaste para quedarse en la UE. Pero estás cada vez más endeudado, con trabajo precario que hace difícil llegar a fin de mes, y posiblemente tendrás que acudir a las ollas comunes para darle comida a tu familia. La vida es dura. Si vives en Mansfield [un barrio pobre norteño que votó 71% leave] probablemente votaste para salir de la UE. Pero estás cada vez más endeudado, con trabajo precario que hace difícil llegar a fin de mes, y posiblemente tendrás que acudir a las ollas comunes para darle comida a tu familia. La vida es dura. La verdadera división en nuestro país no está entre los que votaron para quedarse en la UE y los que votaron para salir. Es entre los muchos que hacen el trabajo, que crean la riqueza y pagan los impuestos y los pocos que manipulan las reglas, acaparan las fortunas y muchas veces eluden los impuestos”.

Con un discurso de este tipo Corbyn podría unir al país, ganar una elección y terminar con la austeridad neoliberal (mientras implementa un Brexit tan blando que casi no daña la economía nacional). En la última campaña Corbyn estuvo abajo en las encuestas por 24 puntos porcentuales y después de 6 semanas de campaña logró terminar solo 2 puntos abajo. Y esto fue a pesar de la embestida constante en su contra de parte de la prensa empresarial y los diputados blairistas. Ahora los laboristas están empatados en las encuestas y con otra campaña podrían ganar. Pero el gran problema para Corbyn es el lenguaje agresivo de laboristas de centro como Lammy que podría hacer imposible la unificación de un electorado anti-neoliberal. Si gente como Lammy logran influir en el laborismo, la elección se podría dar por perdida. 

Hace poco, en las elecciones andaluces, el poder de la centroizquierda más neoliberal y tóxico logró bloquear el avance de la izquierda anti-neoliberal, con el triste resultado de empoderar a la extrema derecha de Vox. La tragedia para el RU es que algo similar podría pasar porque el centro esquizofrénico tiene secuestrado al país. La centroderecha dice que quiere evitar el desastre de una Brexit sin acuerdo pero teme más a un gobierno anti-neoliberal de Corbyn y hace todo lo posible para evitar elecciones. La centroizquierda dice que quiere evitar el desastre de una Brexit sin acuerdo pero prefiere hacer sabotaje para evitar que gane una fracción del laborismo que siempre han odiado. El centro dice que no quiere el no-deal, pero su esquizofrenia está en estar haciendo todo lo posible para conseguir precisamente ese peligroso desenlace.


Doctor en Ciencia Política, Magíster en Desarrollo Económico, Universidad de Cambridge