En este país es tanta la gente necesitada de denostar, de discriminar, de tratar al otro de flaite, de distinto, de ordinario, de inferior, que ni siquiera en una situación de presunta desgracia, de dolor extremo de una familia, se pueden callar. Es impresionante revisar las redes y encontrar tanta tontera desatada en torno a la desaparición del cantante Sebastián Leiva, el Cangri. Antes de solidarizar con su familia, con su polola embarazada, con su madre desesperada, antes de pensar en lo terrible que debe ser el estar sin información respecto de dónde yace un ser querido, cientos de tarados toman la noticia para comentar que el joven es un flaite, y que por lo tanto se lo buscó, que en algo raro debe andar, que aquí hay algo de droga o delincuencia; conjeturas que lo único que buscar es, a partir de morbo y la diversión de molestar a un otro, convertir a una posible víctima en responsable de su propia tragedia. ¿Harán lo mismo los comentaristas de redes sociales cuando un desaparecido es de Las Condes, de colegio privado, con contactos en la tele y apellido de patrón? No, porque en Chile también la empatía y la solidaridad con el desastre humano depende de quien es el protagonista que tengo al frente, de qué poderoso lo conoce, de dónde se ubica su historia de crecimiento. Porque si se pierde un rico la presunción primera es problemas personales y conflicto sentimental-sicológico, pero si se pierde un no rico la primera sospecha es crimen, delito y droga. Clasismo puro.

Al Cangri lo conozco desde sus programas en Canal 13, dónde junto al Dash mostraban cómo era para unos cabros de población el camino a cumplir sus sueños escapando de los vicios que no dejaban surgir a tantos de sus amigos. Al Cangri lo conocí escuchando sus canciones, Cupido Remix, Andamos de Pana, desarrollando una carrera musical lejos de las revistas y los medios del establishment que validan a los artistas urbanos en el país, lo vi conquistar millones de reproducciones sin la ayuda de ningún padrino, y su desaparición me puso triste como a tantos seguidores enamorados de su gracia, de su humildad y buena onda; características que poco se encuentran en la discusión que guía el bullying del clasismo, ese bullying que reduce a un sujeto a los horizontes trazados por su color de piel, su origen poblacional y su forma de hablar: los horizontes de un flaite que se hace famoso, que llega lejos, que sale en la tele, pero que cuando desaparece es porque “en algo raro andaba”.

Hoy lo único que pide su familia, su madre y su polola, es que quienes se refieran a su caso lo hagan con responsabilidad, con cariño o con sencilla empatía. Que quienes no tiene en qué entretenerse en una tarde de verano no escriban imbecilidades en los foros de los medios, que no inventen teorías ni hagan suposiciones a partir de prejuicios y rumores ordinarios. Lo único que Araceli le pide al país del clasismo y el odio a la diferencia es que paren “los crueles mensajes sin bases que me envían o escriben en las redes sociales”, porque con lo que están viviendo, una batalla por sacar de la cabeza la palabra muerte, basta. Lo único que piden es que paren tuits de tal nivel de crueldad como el que este viernes dice “que te digan cangri y que tu amigo se llame maickol González….perdonenme pero ese cabro estaba predestinado”. Esta es la miseria a la que mucha gente debe enfrentarse cuando sufre una situación como la de la familia del Cangri, que de alguna manera tiene la ventaja de que Sebastián es conocido: una miseria social que pone tu angustia en la cola de las preocupaciones y respetos, por venir de un lugar simbólico, territorial, cultural, “inferior” en la escala de acreditaciones frente al los jueces de lo correcto.

Aparece Cangri. Un poco de respeto para Cangri. Y que mientras te busquen, haya un poco de respeto para Cangri, que las pistas sean las correctas y el trabajo de búsqueda el más profesional, porque más allá de las circunstancias -hasta acá desconocidas de su desaparición- hay una familia que quiere verdad, certeza, para no ser otra familia con la que la tele haga un espectáculo anual de síquicos y horas de pantalla para sólo obtener rating. Aparece Cangri, porque todos tenemos el mismo derecho a aparecer”.


Director Noesnalaferia