Para las mujeres chilenas siempre es 8M. Todos los días recordamos que nuestros derechos cívicos, laborales, reproductivos y económicos son aplastados por el patriarcado. Todos los días son de reivindicación. Este abuso es un reflejo de la esclavitud tácita a la que la mujer está sometida para encajar en una sociedad moldeada bajo los ejes del machismo.

El ámbito cultural pertenece también a este espejo que refracta en sus distintas disciplinas a la segregación tendenciosa, no solo de género sino también de clase. La radicalidad de una mujer, en estos espacios, es vista como un cortejo o una ofrenda a sus pares masculinos, no como una forma de creación, de libertad personal, autoafirmación y vindicación de sí misma. Si analizamos en porcentajes el número de académicas que tienen cátedras en universidades, a honorarios y de planta, nos daríamos inmediatamente cuenta de que la participación de hombres es siempre mayor, aunque la preparación intelectual, de formación y especialización no se condiga, en muchas ocasiones, con la de sus compañeras. Cuántas veces nos hemos preguntado ¿por qué?, ¿hasta cuándo?, ¿debo dejar de insistir?, ¿soy yo el problema?, ¿debo ser sumisa y adaptarme al statu quo?, ¿el silencio es mejor a la denuncia? La respuesta es no. Jamás hay que claudicar. Jamás hay que dejar de hacer frente a la injusticia y al abuso. Por eso el apoyo mutuo y la organización cooperativa es un elemento básico en estas diatribas cotidianas e históricas. En muchas ocasiones habrá que autoeducarse, el germen de todo cambio para el empoderamiento, educar con paciencia a otros, otras y otres, y poner en acción la pedagogía feminista en escuelas, liceos y en nuestro entorno, especialmente para mujeres y hombres que ocupan el feminismo como bandera de falsa moneda y acto de socialización esporádico o de moda para sus propios intereses.

El feminismo es una lucha, una lucha social y política de la cual somos herederas bajo un fuerte, antiguo y valiente linaje. Nosotros no somos las primeras, tampoco seremos las últimas. Educar y preocuparse de los demás bajo ese lema es honrar la memoria de quienes, antes que nosotras, pensaron en un futuro, en nosotras mismas libres. Ese es el legado y la huella que debemos seguir marcando y fortaleciendo ahora y hacia el futuro.    


Poeta, editora y gestora cultural