En la coalición oficialista conviven distintas versiones de la derecha chilena. Donde el aglutinante parece ser mayormente cultural, cohabitan distintos proyectos de sociedad (ninguno de ellos realmente liberal, aunque digan lo contrario). Una versión la representa la Ministra Cubillos. Otra versión, el Alcalde Lavín.

Tanto la Ministra como el Alcalde defienden alguna idea más o menos ambigua de “mérito”. Ambos creen en meritocracias regidas por élites. Ambos saben que Chile es un país con una abismante segregación social. Pero el Alcalde también sabe que la segregación no se va a corregir espontáneamente por la acción del mercado, como cree –o quiere creer- la Ministra y muchos otros en su sector.  Lavín pareciera tener un ideal de meritocracia que sólo justifica la existencia de una jerarquía social cuando la élite está al servicio de los intereses y necesidades de los demás. Una élite preocupada de los ‘problemas de la gente’ y que, para ello, necesita conocer de cerca esos problemas e intereses.

Marcela Cubillos y Joaquín Lavín han encabezado el Ministerio de Educación y saben que la segregación social se produce y reproduce a través del sistema escolar. Y mientras la Ministra Cubillos busca que los colegios puedan volver a seleccionar a algunos tipos de familias y excluir a otras, Lavín busca que niñas y niños de distintos orígenes sociales convivan en los colegios de élite de su comuna. Donde la Ministra cree que la educación escolar es un premio, el Alcalde piensa que algunos tipos de diversidad son un valor en la formación de la élite (digo ‘algunos tipos’ porque no sé si él apoyaría, por ejemplo, que todos los colegios sean mixtos). Lavín, con su versión del proyecto Machuca, abre -un poco- el acceso a la élite.

Por supuesto, uno podría estar en desacuerdo con el ideal meritocrático mismo o cuestionar cómo el mercado laboral recompensa injustamente los distintos tipos de formación de las personas. Uno también podría cuestionar las distintas formas de implementación de los diversos ‘proyectos Machuca’ dando vueltas. Y por supuesto, uno puede desaprobar las muchas otras cosas que representa el Alcalde Lavín. Pero no se puede negar que el proyecto piloto que está impulsando en colegios de Las Condes puede ser un aporte para combatir la segregación social y el clasismo en Chile.  Y, -punto para él – lo hizo sin giras por Chile, sin show mediático, sin bots…